La enseña alemana A. Lange & Söhne (propiedad del grupo suizo Richemont) quiere convencer a los parisinos de las bondades (que son muchas) de sus relojes de lujo. Sus directores reconocen que no es fácil para una marca germana establecerse en una ciudad francesa, y menos en la capital, una plaza muy relevante para el negocio de la alta relojería. “Hemos intentado hacerles partícipes de la historia de Lange & Söhne, porque París tuvo mucha importancia en la vida de su fundador, Ferdinand Adolph Lange. Estuvo formándose allí a principios del siglo XIX [cuando Francia era el centro de la relojería de precisión], en Suiza y en otras capitales europeas”, dice la bilbaína Lucía Toro, directora de la marca para Europa Occidental.

¿Y cómo lo están haciendo? Contándoles dicha trayectoria vital a los clientes de la nueva tienda que la firma acaba de abrir en la lujosa rue Saint Honoré (a dos pasos de la Plaza Vendôme), propiedad de su socio, el distribuidor francés de joyería y relojería Dubail. Antes, su boutique se ubicaba en la rue de la Paix, que generaba un tráfico de clientes mucho menor. En su nueva localización han estrenado un concepto renovado de tienda que replica al de su flagship de Dresde (Alemania), la ciudad natal de Ferdinand A. Lange.

Donde antes primaban los muebles grises ahora lo hacen los relojes, en un espacio de venta reducido pero del que han conseguido sacar una sala pequeña para recibir a sus clientes vip. “Ahora hay muchas cosas que contarle al cliente antes de pasar a la venta”, señala Lucía Toro. Pueden transmitirle, por ejemplo, que Lange patrocina el Concorso d’Eleganza Villa d’Este, uno de los eventos de coches clásicos más relevantes, porque en la tienda se expone algún que otro automóvil en miniatura. O cómo se trabajaba antiguamente en la casa, a través del álbum de fotografías en blanco y negro que se expone en uno de los estantes.

En nuestra visita, aprovechamos para sentarnos en esa diminuta sala para contemplar el reloj que ha abierto un nuevo capítulo en la historia de A. Lange & Söhne: el Odysseus. Ha comenzado a producirse en serie y lo ha hecho en acero, un material muy demandado hoy por los seguidores de la alta relojería. Éste no es el primer reloj en acero que fabrica Lange, porque hizo alguno en el pasado (cuando un cliente llevaba su pieza a reparar, le proveían de uno de acero para sustituirlo mientras terminaban el trabajo), muy codiciado actualmente por los coleccionistas por su escasez.

Siguiendo la estrategia de otras marcas de la más alta gama como Patek Philippe (con sus Nautilus y Aquanaut) y Audemars Piguet (con su Royal Oak), Lange se adentra en el segmento de los relojes deportivos. Lo hace para responder a la demanda de sus clientes, que hasta ahora lucían sus Lange entre semana pero no los sábados y los domingos para salir al campo o al mar.

El Odysseus, cuyo nombre remite a la Odisea de Ulises porque han tardado 10 años en concebir el reloj, se presenta con una caja de 40,5 mm de diámetro, un brazalete integrado ajustable, una esfera azul que recuerda al mar, una corona atornillada y un precio de 28.700 euros. Para darle vida se ha ideado un nuevo movimiento de cuerda automática: el calibre L155.1 Datomatic, con una reserva de marcha máxima de 50 horas. Será más deportivo que el resto del catálogo de Lange & Söhne, pero cuando se tiene en la mano se puede comprobar que es un auténtico Lange y que la esencia de la marca permanece intacta en él.

“Mantenemos el legado espiritual de F. A Lange”

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