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Qué pueden ver en Lancaster, una de las capitales del tiempo, los aficionados a los relojes

La historia americana de la relojera Hamilton no se cuenta desde una postal suiza, sino desde una ciudad industrial de Pensilvania, Lancaster, un destino fundamental en Estados Unidos para los amantes de los relojes.

Lancaster, Pensylvania.

Los anales de la relojería reservan un capítulo a los tiempos en los que Estados Unidos se erigió como potencia relojera. Eso fue a partir de la década de 1850, cuando nombres como Waltham, Elgin, Illinois Watch Company y, más tarde, Hamilton, levantaron una industria nacional que no destacaba por el canon suizo del lujo y la complicación artesanal, sino por la producción seriada de relojes fiables. Un viaje por esa historia pasa, irremediablemente, por Lancaster (Pensilvania), una ciudad tranquila de menos de 60.000 habitantes a unas tres horas por carretera de Nueva York, enclavada en un condado que el turismo suele asociar antes con las comunidades amish que con los instrumentos para medir el tiempo.

Entrada del histórico centro de investigación y desarrollo de Hamilton en Pensilvania.

Hamilton, una de las relojeras estadounidenses más notables, sigue honrando sus orígenes americanos, aunque cambió de manos en 1974 y actualmente pertenece al todopoderoso grupo suizo Swatch. Nació en 1892 en Lancaster, y comenzó fabricando relojes de bolsillo en un edificio de ladrillo rojo ubicado en la Avenida Columbia, un imponente inmueble que antes había albergado a las firmas de relojes Adams & Perry, Lancaster Watch Company y Keystone. Aún permanece en pie, aunque no como fábrica relojera activa, sino como un complejo de coquetos apartamentos, bajo el nombre de Clock Towers (por las dos grandes torres de reloj en cada uno de sus extremos). El complejo, que llegó a emplear a un máximo de unos 3.000 trabajadores, según la marca, alojó las máquinas de Hamilton hasta 1969, año en el que las operaciones se trasladaron a Suiza ante “la competencia global y los cambios económicos, que comenzaron a ejercer presión sobre la producción industrial estadounidense”, según un portavoz de la compañía. Y conserva desde anuncios antiguos de Hamilton a mesas con su nombre en una de las zonas comunes del condominio.

Los primeros talleres de Hamilton en Lancaster fueron el escenario donde nació una de las grandes referencias de la relojería estadounidense.
La producción industrial y la precisión técnica fueron pilares del crecimiento de Hamilton durante el siglo XX.

“Muchas de las innovaciones de las que hablamos en Hamilton se originaron en Lancaster. Esa fuerte herencia todavía se refleja en las decisiones que tomamos, e influye en cómo concebimos los nuevos productos cada año”, dice la italiana Francesca Ginocchio, consejera delegada de la firma desde finales del año pasado. Las colecciones actuales de la marca (Khaki Field, Ventura, PSR, Murph, Intra-Matic…) siguen bebiendo de ese pasado, en el que destaca su papel en la sincronización de los primeros ferrocarriles (en 1920, el modelo 992 fue seleccionado por el Gobierno estadounidense para cronometrar los ferrocarriles construidos por americanos en Francia), su presencia en el primer servicio de correo aéreo estadounidense, y el suministro a los soldados de EEUU durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Hamilton detuvo la producción civil y fabricó más de un millón de piezas, entre relojes de pulsera y cronómetros marinos. También lanzó el Ventura, considerado el primer reloj eléctrico, en 1957, y en 1969 participó en el desarrollo del Calibre 11/Chrono-Matic, uno de los primeros movimientos de cronógrafo automático de la historia.

El control de calidad y la investigación técnica formaron parte esencial del legado industrial de Hamilton.

Un museo imprescindible

Lancaster ofrece una segunda dirección clave en la memoria de Hamilton. En 2023, la marca regresó simbólicamente a su ciudad natal con una tienda (la única monomarca del país) en el edificio de la antigua Bowman Technical School, una histórica escuela de relojería. Vende las colecciones actuales de la enseña y exhibe clásicos de archivo. Cuando la visitamos, hace una semana, sus vitrinas ahondaban en la presencia de relojes Hamilton en centenares de películas de Hollywood (la última, El día de la revelación, el nuevo thriller de Steven Spielberg), y mostraba el Ventura que lució Elvis Presley en el rodaje de Blue Hawaii, de 1961. También conserva un observatorio en la azotea que se utilizaba para comprobar la precisión de los relojes con ayuda de las estrellas.

“En la ciudad hay un enorme orgullo por la compañía y por las historias que la rodean, a pesar de que hace tiempo que no fabrica relojes aquí. Muchos tienen familiares que trabajaron en la fábrica y han escuchado sus historias a lo largo de los años. Así que la forma en que está integrada en la cultura local sigue siendo de primer nivel”, dice Ryan Miller, propietario del inmueble que acoge la tienda de Hamilton y presidente de la joyería Brent L. Miller. Muy vinculado a la preservación del legado de Hamilton en su ciudad natal, trabaja en proyectos relacionados con la crónica relojera y el patrimonio de Lancaster.

El Hamilton Khaki Field Mechanical mantiene vivo el espíritu utilitario y aventurero que define a la marca desde sus orígenes.

A unos veinte minutos en coche de la boutique se halla el National Watch & Clock Museum, en el municipio de Columbia. Es imprescindible para entender la historia de la relojería. “Nuestra colección es realmente envidiable en términos de la industria moderna, pues tenemos el mayor acopio de relojes de Norteamérica”, dice su máximo responsable, Rory McEvoy, también director de la National Association of Watch and Clock Collectors, dedicada al estudio, conservación, coleccionismo y divulgación de la relojería. “También tenemos una de las colecciones más completas del legado de una marca, pues entre el 25% y el 30% del patrimonio de la institución está directamente relacionada con Hamilton”. Hay mucho más, por supuesto. Tanto, que se necesitan varios días para admirar cada pieza: desde relojes de sol y dispositivos primitivos hasta relojes atómicos, relojes públicos, cronómetros marinos, relojes de bolsillo, de pulsera y maquinaria industrial. Y no solo alberga relojes de factura norteamericana, sino otros hechos en Asia y en Suiza, por lo que aporta una visión global de los anales de la relojería.

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