Nautik Magazine

Llega a Palma el Nero, réplica del legendario Corsair IV

tras una larga restauración en Barcelona, el superyate clásico Nero revive el espíritu del yate que J.P. Morgan encargó en 1930 a Bath Iron Works.

El Nero en Mallorca. FOTO: Club de Mar-Mallorca (@clubdemarmallorca)

Una silueta fantástica, con hechuras de otro tiempo, acapara todas las miradas de la bahía de Palma desde el pasado fin de semana. Se trata del impresionante Nero, una magnífica réplica de 90 metros de eslora del legendario Corsair IV, el yate que Bath Iron Works botó el 21 de mayo de 1930 para J.P. Morgan II.

Su clásica silueta, con casco de color negro, proa de clipper, popa de espejo, dos mástiles y chimenea tradicional, contrasta en el puerto mallorquín con el diseño vanguardista de los superyates contemporáneos, cuyas líneas modernas priorizan la tecnología y el entretenimiento a bordo sobre la estética de época. ¿La prueba? Las imágenes compartidas en las redes sociales del renovado Club de Mar – Mallorca.

Con capacidad para 12 huéspedes y 20 tripulantes, el Nero recrea con fidelidad el sueño náutico que J.P. Morgan hizo realidad hace casi un siglo: un cóctel-bar de estilo art déco idéntico al del yate original, una sala de cine, un comedor tradicional en toldilla al aire libre y otro más formal en el interior, además de jacuzzis y salón de belleza. Su estampa recuerda también a los antiguos vapores decimonónicos de la mallorquina Isleña Marítima, de elegante porte marinero.

El Corsair IV, en el que se inspira el Nero, no fue un capricho aislado, sino la culminación de una tradición que atravesó tres generaciones de la familia Morgan. El patriarca, J. Pierpont Morgan, ya había invertido millones de dólares en dos yates de lujo —el Corsair y el Corsair II— antes de que su hijo, J.P. Morgan Jr., encargara el Corsair III y, finalmente, el Corsair IV. Fue precisamente con motivo de la botadura del Corsair III, en 1898, cuando un periodista preguntó al patriarca cuánto costaría operar un barco de tal envergadura. Su respuesta fue: «Señor, si tiene que hacer esa pregunta, no puede permitírselo». La frase se convertiría con el tiempo en aforismo sobre el lujo y la discreción financiera, y volvería a citarse, ya como leyenda familiar, a propósito del Corsair IV.

Diseñado por Henry J. Gielow Inc. de Nueva York en estrecha colaboración con el propio J.P. Morgan II y el capitán W.B. Porter, quien había sido durante años el patrón del Corsair III, el nuevo yate se construyó en Bath Iron Works, Maine, por un coste de 2,5 millones de dólares, en torno a 60 millones de dólares actuales. Se trataba, en el momento de su entrega, del yate privado más grande jamás construido en Estados Unidos.

Oficialmente clasificado como goleta de dos hélices, el Corsair IV estaba registrado con 2.181 toneladas brutas (471 netas) y su casco de acero medía 343 pies y 6 pulgadas de eslora por 42,5 pies de manga, con un calado de 18 pies. Propulsado por dos motores turboeléctricos General Electric que desarrollaban 6.000 CV, alcanzaba los 17 nudos de crucero y destacaba por su extraordinaria maniobrabilidad. El escritor naval Erick Hofman lo describió como «la corona al final de la era de los yates de vapor». Morgan II lo apodó cariñosamente «Princess of the Sea» y lo disfrutó durante buena parte de la década de 1930, incluso cuando la Gran Depresión obligó a otros grandes armadores a amarrar sus embarcaciones; el propio Corsair IV tuvo que permanecer inactivo en 1935, aunque volvió a navegar al año siguiente.

De yate de recreo a buque de guerra

Como ya le había ocurrido al Corsair II en 1917, la Segunda Guerra Mundial cambió el destino del Corsair IV. En 1939 fue vendido a la Armada británica por la cifra simbólica de un dólar y entró en servicio, armado con un cañón de 6 libras, con el Fleet Air Arm en Bermudas a partir de agosto de 1940.

Liberado de sus obligaciones militares en diciembre de 1948, el yate fue completamente reacondicionado para una nueva vida como crucero de lujo, con una ruta prevista entre el sur de California y México en invierno, y hasta Alaska en los meses de verano. Sin embargo, el destino le deparó un final trágico: en su viaje inaugural bajo esta nueva bandera, el Corsair IV encalló frente a la costa de Acapulco el 12 de noviembre de 1949, quedando como pérdida total y siendo posteriormente desguazado. Afortunadamente, toda la tripulación y el pasaje pudieron ser evacuados sin heridos.

La obsesión de un empresario británico

Casi medio siglo después de su naufragio, el Corsair IV encontró una insólita segunda vida. El empresario británico Neil Taylor quedó fascinado por la historia, las características y el trágico final del yate, y a principios de la década de 2000 emprendió la búsqueda de un casco usado que pudiera restaurarse con un diseño similar. Al no dar fruto esa búsqueda, Taylor tomó una decisión radical: fundar su propia empresa, Corsair Yachts, y dirigir personalmente el diseño y la construcción de una réplica desde cero.

El encargo recayó en el astillero chino Yantai CIMC Raffles Shipyard, que en 2008 entregó el superyate de 90 metros de eslora bautizado como Nero. La imposibilidad de recuperar el barco original para su restauración impulsó así la idea de recrearlo íntegramente, un reto que le valió el premio al mejor superyate clásico en el momento de su botadura. Curiosamente, la creación de Taylor no permaneció en su poder: un año después de su entrega fue puesta a la venta y ha cambiado de propietario en varias ocasiones desde entonces.

En la actualidad, el Nero está gestionado por Yacht Charter Fleet, firma que lo ofrece en régimen de chárter y que destaca que el yate «encarna todo el glamour de la era dorada de la navegación». A diferencia del sistema turboeléctrico de su antecesor, el Nero cuenta con propulsión convencional mediante dos motores diésel MAK 9M20 Caterpillar, que le permiten alcanzar una velocidad máxima de 17 nudos y una velocidad de crucero de 13. Entre sus seis camarotes destaca la suite principal, con baño privado, estudio y salón propios, mientras que en cubierta ofrece una piscina de 5,7 metros, un jacuzzi en la terraza, un gimnasio completo y un tobogán inflable con salida directa al mar.

Artículos relacionados