La curiosidad y la nostalgia me llevaron el otro día a entrar en aquellas Cuevas del Sésamo, cerca de la plaza de Santa Ana de Madrid, que en otros tiempos fueron lugar de reunión de poetas de vocación maldita, estudiantes de filósofo y toda clase de pensadores de la noche y, aún más atrás en el tiempo, habían sido lugar de copeteo de la burguesía madrileña y así lo había atestiguado el cine español de los setenta.

Un olor a producto de baño subía por las escaleras; el piano yacía como una bomba desactivada, polvoriento y por primera vez en décadas completamente fuera de lugar, y el camarero que recibía a los pies de la escalera llevaba en el cuello un collarín que era el mensaje definitivo de quien no podía permitirse cerrar, pero tampoco abrir. “Aún no podemos traer al pianista”, decía encogiendo los hombros. La pandemia, dijo.

Las Cuevas del Sésamo estaban en economía de guerra, bunquerizadas esperando a que su pasado luciera por ellas, cuando su mejor salida seguramente sería hacer un Escarlata O’Hara, perfumarse, enfundarse en terciopelo y abrir las puertas como si el esplendor de la noche madrileña hubiera permanecido allí encerrado durante estos dos últimos años.

En tiempos de guerra —hoy tristemente literal— guardar el dinero en la caja sólo nos hará más pobres. Los analistas recomiendan buscar las oportunidades, practicar una inversión activa, diversificar y, en general, mover el dinero.

También Warren Buffet, quien cuando Rusia se anexionó el territorio de Crimea en 2014, dio sus propias pautas de lo que debería hacer el buen inversor en una economía guerra y que hoy aplican. «Si las acciones están más baratas es más probable que las compre”, dice el magnate. Esto sin importar lo grave que se pusiera la situación.

Continuaba Buffet diciendo que lo último que hay que hacer durante un conflicto bélico es quedarse con el dinero. En momentos como estos, “las empresas estadounidenses van a valer más dinero. Los dólares van a valer menos, así que ese dinero no va a comprar tanto”. Su confianza en las empresas norteamericanas es bien conocida. “Estaba convencido de esto en la Segunda Guerra Mundial, durante la crisis de los misiles en Cuba, el 11 de septiembre y en la crisis financiera”. Para el magnate lo mejor es poseer activos productivos que trozos de papel o bitcoins. Son sus palabras. Recordemos que si por algo es admirado Buffet es por haber sabido invertir. Empezó cuando tenía sólo 11 años e invirtió los 115 dólares que tenía ahorrados en tres acciones de Cities Service. Entonces “no tenías que elegir acciones ganadoras. No tenías que elegir un momento ganador ni nada por el estilo. Básicamente, sólo tenías que tomar una decisión de inversión en tu vida”.