Tras pasar 1.700 años bajo el agua, han bastado cuatro meses para devolver a la superficie al pecio romano de Ses Fontanelles, el barco mercante romano del siglo IV que acaba de ser rescatado con éxito en Palma de Mallorca, a solo 65 metros de la playa de Can Pastilla. Cuatro meses, eso sí, de un esfuerzo ininterrumpido tan titánico como meticuloso a cargo del equipo Arqueomallornauta, en el que han unido fuerzas el Consell de Mallorca y las universidades de Cádiz, de Barcelona y de las Islas Baleares.
La compleja operación de extracción que acaba de finalizar marca un hito para la arqueología subacuática del Mediterráneo y sitúa a nuestro país en un destacadísimo lugar en la arqueología internacional. La última porción del casco, de unos 12 metros de longitud por dos de anchura, fue elevada mediante globos de flotación y trasladada al Club Marítimo San Antonio de la Playa. Desde allí, los restos han sido llevados a las instalaciones del Castillo de San Carlos, donde permanecerán sumergidos un año y medio en piscinas de desalación. Posteriormente, las maderas viajarán al laboratorio ARQVAtec en Cartagena para un tratamiento de conservación con impregnación en PEG y liofilización, garantizando así la preservación de este tesoro para las futuras generaciones. Para acercar este hallazgo a la sociedad, a partir de noviembre se celebrará una exposición en el Centro Cultural la Misericordia en Palma de Mallorca.
El descubrimiento de una «cápsula del tiempo»
Este increíble viaje comenzó de manera fortuita en el verano de 2019, cuando una fuerte tormenta removió los sedimentos del fondo marino y un buceador descubrió los restos de la embarcación. Para sorpresa de los investigadores de Arqueomallornauta, el barco yacía a apenas 65 metros de la turística playa de Can Pastilla y a tan solo dos metros y medio de profundidad. Se trata de un pequeño mercante de unos 12 metros de eslora y seis de manga que naufragó en el siglo IV de nuestra era.
Nuestro protagonista zarpó desde el entorno de Carthago Spartaria (actual Cartagena) y transportaba más de 300 ánforas comerciales cargadas de aceite, vino, y salsa de pescado fermentado (garum). Lo verdaderamente revolucionario de este hallazgo es la conservación de la mercancía. Se han documentado casi 100 tituli picti (inscripciones pintadas originales en las ánforas), convirtiéndolo en el corpus de epigrafía anfórica pintada más importante hallado en nuestro país. Estos rótulos han permitido a los arqueólogos identificar nombres de comerciantes, fiscalidad e incluso los distintos escribas, abriendo una ventana inédita a la economía y comercio romano en el Mediterráneo Occidental.
El excelente estado de conservación del yacimiento ha dejado sin aliento a la comunidad científica, que lo califica como un «compendio de la evolución económica, social y religiosa». En el plano temporal, el hallazgo de una moneda acuñada en la ciudad de Siscia en la carlinga de la nave ha permitido fechar de forma exacta que el hundimiento fue posterior al año 320 dC. El barco también es un reflejo de la profunda transformación ideológica del Imperio Romano en el siglo IV, mostrando la coexistencia de símbolos paganos y cristianos: entre los objetos recuperados se encontró una lucerna de la diosa Diana junto a ánforas tapadas con el símbolo cristiano del Crismón.
A la vez, la excavación perimetral ha sacado a la luz la vida cotidiana a bordo. Se han recuperado vajillas de cocina norteafricana, restos de las velas de lino, 90 metros de cabos, dos zapatos (uno de esparto y otro de cuero) y un taladro de arco empleado para reparaciones, el primero de su género hallado en España.

