Su relación con los olores comenzó en la infancia. Oler todo e interpretar los aromas definió esos primeros años y también su adolescencia, cuando empezó a coleccionar perfumes y ya a los 17 años supo que quería dedicarse profesionalmente a la perfumería.

Más tarde entró en IFF (International Flavors & Fragances) y ahora sustituye a Emilio Valeros, hasta hace poco responsable de la perfumería de Loewe, cogiendo el testigo de la división y convirtiéndose en la primera nariz mujer de la casa española. “De Loewe me atrajo que es una marca histórica que está experimentando un cambio visible, apostando por la innovación sin dejar de lado su herencia”, nos dice Nuria.

La firma está experimentando un cambio de rumbo en sus perfumes: aumento de la familia SOLO, renovación de imagen, nuevo packaging, creación de velas aromáticas para el hogar… hitos que demuestran los nuevos comienzos que irán encaminados a poner en valor el arte y la naturaleza, a la vez que acercan la marca a los consumidores. Algo que hacen a través de una amplia variedad de perfumes de olores muy diferentes, aunque si hubiera un olor a artesanía sería, sin duda, el que mejor definiría a Loewe.

En cuanto a sus preferencias, intenta utilizar componentes de la perfumería clásica mientras propone nuevos enfoques. “Parto de un concepto claro que tiene que reflejarse tanto en el jugo como en la campaña y packaging, luego investigo sobre el concepto y trato de imaginarme cómo podría ser esa fragancia. Cojo esa memoria olfativa propia de los perfumistas e incorporo mi experiencia personal en cada creación y los años de profesión son los que me dicen qué ingredientes funcionan mejor. Jonathan Anderson, director creativo de la firma, es de quien parte la inspiración y yo soy sus manos en la creación olfativa”, como ha ocurrido con SOLO Ella, el nuevo perfume de la familia SOLO que se diferencia de sus fragancias antecesoras en la inclusión de frutas exóticas en lugar de los clásicos frutos rojos, y se apoya en un equilibrio de aromas para un resultado suave, dulce y amaderado, y con estela fresca, esto es, la luz del atardecer sobre la piel.