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Amaia Salamanca: «Es más importante cómo te ves y cómo te hablas que lo que opinen los demás»

Amaia Salamanca, nueva voz de L’Oréal Paris, reflexiona sobre la madurez, la autenticidad y el lugar que ocupan hoy las mujeres en una industria que aún aprende a mirarlas de verdad.

Amaia lleva maquillaje de L'Oréal Paris en toda la sesión de fotos: barra de labios Color Riche Labial Mate Difuminado 601 Worth It, máscara de pestañas Extentionist y Lumi Le Glow 635 Glowy Golden Couture; y viste top, americana y falda de Dior. Fotografía Valero Rioja.

Amaia Salamanca (Madrid, 40 años) no entra en escena: aparece sin ruido y lo transforma todo. Hay en ella una timidez elegante frente a lo desconocido, una forma de estar que no reclama atención y, sin embargo, la atrae inevitablemente. Su belleza, serena, luminosa, sin artificio, no se impone, se revela poco a poco, como esas presencias que se descubren con el tiempo. Amaia no interpreta un papel, simplemente, es. Y quizá por eso, porque no necesita demostrar, porque no compite, porque no fuerza, resulta tan profundamente magnética.

Hoy, esa autenticidad la lleva a unirse al universo de L’Oréal Paris: un lugar donde la belleza no se exhibe, se sostiene, como reza el claim de la marca.

Como figura pública amiga de una marca como L’Oréal Paris, ¿siente una responsabilidad añadida para visibilizar la igualdad de género?

Lo cierto es que no siento esa responsabilidad porque de ser así, me pesaría y no me pesa en absoluto, ya que es algo en lo que creo fervientemente. Me reafirmo constantemente en el feminismo, recordando a algunos despistados, que significa la búsqueda de la igualdad de derechos y oportunidades entre hombre y mujeres.

La actriz posa con camisa y gorra de Balenciaga. Fotografía Valero Rioja.

¿Qué ha entendido tarde, pero le ha cambiado todo?

Que es más importante como te ves tú y cómo te hablas a ti misma que lo que opinen o piensen los demás. Me refiero, por supuesto, a lo que opine la gente que no sea cercana o familia. Es importante que nos miremos por dentro y que cultivemos nuestro amor por nosotros mismos sin estar tan influenciados de lo externo

¿Cuándo se da cuenta de que algo en usted ha cambiado: cuando se mira… o cuando dejan de mirarla igual?

Todos crecemos y maduramos a nuestra manera sin darnos cuentas de lo que va cambiando y poco a poco las cosas van adquiriendo sentido según el camino recorrido. Estoy intentando priorizar cómo me miro yo a mí misma más que cómo me miran los demás.

¿Qué parte de usted ya no reconoce y qué parte le gusta más ahora que antes?

Soy una persona muy nostálgica, muy anclada a momentos y personas de mi adolescencia, así que en realidad creo que nunca he perdido mi esencia. Me gusta pensar que sigo teniendo ese espíritu aventurero y valiente de antes pero cierto es que la vida familiar no te permite improvisar de la misma manera.

¿Recuerda el momento exacto en el que dejó de pedir permiso para dejarse ser quién es?

No lo recuerdo porque creo que todavía no me he dejado ir del todo. Reconozco que siento que voy con el freno echado y que quizá había algo más real y verdadero cuando era más joven. Sin miedo a perder nada. Supongo que mi parte más auténtica la dejo para los más cercanos.

¿Y en qué momento el talento deja de ser suficiente en esta profesión?

En el momento en el que entraron las redes sociales y es casi más relevante la promoción que el papel que interpretas dentro de un proyecto. Ahora todo se publicita por las redes y se le da más relevancia a lo que tienes que hacer para exhibirte, que sea viral y que llegue a más gente, en vez de la importancia del proyecto en sí o el personaje que has interpretado.

¿Cuál ha sido el mayor reto al que se ha enfrentado como mujer en el mundo audiovisual?

Supongo que tomar la decisión de ser madre. No me lo pensé demasiado pues realmente creo que ser madre es algo de lo que nunca te arrepientes y nunca vas a encontrar el momento idóneo. La vuelta no fue sencilla, no sé si porque ya se me veía de otra manera como mujer, si pensaban que ya no me iba a involucrar en un proyecto de la misma forma al necesitar conciliar o simplemente, como me mal hablaba mi voz interior, porque ya se habían olvidado de mí.

Con top, jersey, vestido y zapatos de Prada, Amaia Salamanca posa para la cámara. Fotografía Valero Rioja.

¿En qué momento una mujer empieza a volverse invisible y quién se beneficia de que lo sea?

Según vamos cumpliendo años vamos siendo menos interesantes para la industria, pero la experiencia y conocimiento que tiene una mujer madura no se puede comparar con nada. En realidad, es una pena que no se le saque más partido a las vivencias e historias de mujeres que no pasan de ser madres a ser abuelas, sino que hay todo un mundo muy intenso detrás, de dudas, inseguridades, miedos, pérdidas. Precisamente me estoy leyendo ahora A cuatro patas de Miranda July que trata de una mujer que a sus 46 años comienza a sentir un cambio en su vida (el deseo, las hormonas, la perimenopausia…) y me encanta la manera en la que trata su forma de sentir y vivir la mediana edad.

Mirando al futuro, ¿qué tipo de historias le gustaría contar o protagonizar para contribuir a una visión más igualitaria en el cine?

Ahora que entro en una edad más madura y me doy cuenta de que se juntan las crisis personales de la edad, con las distintas etapas de las relaciones de pareja, la adolescencia de los hijos, el cuidado a los padres, cambios hormonales, me parece importante dar una visión más realista de las mujeres en la mediana edad porque siento que quizá no se ha tratado de una manera más profunda.

¿Cree que el cuerpo, la cabeza y el alma envejecen al mismo ritmo?

El cuerpo va envejeciendo, aunque tenemos una gran cultura del deporte que hace que nos cuidemos más para llegar lo mejor posible a la vejez. La cabeza, por mucho que también la tengamos activa, acaba perdiendo sus facultades y además las mujeres son quienes tienen mayor índice de demencia. Pero el alma es la esencia de lo que somos, nuestros valores, nuestra forma de ser y de sentir, y en eso yo reconozco que me siento muy joven y que hasta el momento voy viendo cambios en el espejo, pero no reflejan como me siento por dentro. ¡Espero seguir manteniendo un alma joven mucho tiempo!

¿Cómo ve el papel de las nuevas generaciones de actrices en la lucha por una mayor equidad en el cine?

Siento que han crecido en un contexto de una cultura de mayor igualdad comparada con la que había en generaciones anteriores. Pero que, sin duda, todavía queda mucho por hacer y es necesario seguir impulsando las historias escritas y lideradas por mujeres para seguir evolucionando hacia una equidad real.

¿Qué diferencia hay entre cómo mira un director hombre y cómo mira una directora mujer?

Cada profesional puede aportar cosas distintas a según qué proyecto, pero si es verdad que, por lo general, las mujeres tienen una sensibilidad diferente a la hora de contar historias que reflejen, sobre todo, la vida y experiencias de una mujer. Me alegro de que cada vez haya más mujeres liderando proyectos y ofreciendo su mirada.

La actriz luce un vestido Sportmax y pendientes y zapatos de Roger Vivier. Fotografía Valero Rioja.

¿Ser referente pesa o libera?

Nunca me he considerado un referente, me pesaría tremendamente. Desde joven quería mi independencia, buscaba trabajos para poder ir haciendo mis ahorrillos y he sido constante y tenaz pensando en lo difícil que es mantenerme en esta profesión. Si esa manera de ser se puede interpretar como para que alguien me considere un referente, me da mucho orgullo, pero no soy una persona que intente ser abanderada de nada.

Esta entrevista ha sido publicada en el número de mayo de Forbes Women. Créditos de equipo: Estilismo Antonia Payeras Maquillaje y peluquería Beatriz Matallana Asistente de fotografía Pedro Melo y Andrés Barbosa Asistente de estilismo Sol Zoido 

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