El pasado mes de mayo, Brian Lavio, director general para España y Portugal de Audemars Piguet, confirmaba en una entrevista a Forbes que estaba previsto “abrir una nueva AP House en Barcelona para final de año“. Hemos tenido que esperar unos meses, aunque ha merecido la pena, hasta que la firma suiza ha abierto las puertas de su nueva AP House en el Passeig de Gràcia de la Ciudad Condal.

La compañía suiza de alta relojería pone a disposición de sus clientes un espacio experiencial de 1.000 metros cuadrados que sirve de punto de encuentro para que éstos descubran el universo de la firma, a la vez que Audemars Piguet estrecha la relación con ellos.

Los relojes de Audemars Piguet, cuyos precios se sitúan entre los 12.000 euros y el millón, no se compran por impulso. Su clientela es fiel a la marca, conoce sus mecanismos, movimientos y complicaciones y está al día de sus novedades. La mayor parte de los relojes se fabrican por encargo y, en muchos casos, el usuario final visita la manufactura de Audemars Piguet, en Le Brassus (Suiza), donde uno de los relojeros artesanos de la compañía ensambla la pieza de principio a fin.

Nacidos de la pasión de sus relojeros del Vallée de Joux, en el Jura suizo, los relojes abandonan la cuna de la Manufactura Audemars Piguet para vivir en la muñeca de miles de personalidades diferentes por todo el mundo.

Hace un año, la manufactura abrió una AP House en la tercera planta del número 66 de la calle Serrano de Madrid, un espacio de 300 metros cuadrados que actualmente es el punto de encuentro oficial de la marca con sus clientes españoles. Además, también vende sus relojes a través de las joyerías Rabat y Chocrón, en Madrid, Barcelona, Marbella y Ceuta.

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