Las historias de juguetes rotos empresariales venden. En los últimos meses, se han publicado libros, grabado podcast y realizado documentales y series que indagan en las trayectorias exitosas de jóvenes emprendedores que prometen revolucionar el mundo pero terminan protagonizando sonados fracasos. Un ejemplo es Adam Neumann, el excéntrico cofundador del unicornio WeWork, a quien ha dado vida Jared Leto en la serie de Apple TV We Crashed. Más recientemente, Disney+ ha prestado atención a otro caso mediático, el de Elizabeth Holmes y Theranos. La serie le ha valido a su protagonista Amanda Seyfried su primer premio Emmy en la categoría de mejor actriz protagonista de miniserie.

En The Dropout, una miniserie de ocho episodios, se aborda cómo con solo 19 años y después de abandonar la universidad de Stanford, Holmes fundó una compañía que prometía desequilibrar la industria médica gracias a un innovador sistema de análisis de sangre. Elizabeth Holmes fue comparada con Steve Jobs y definida como la nueva visionaria de Silicon Valley. Sin embargo, su revolucionario proyecto resultó ser una farsa.

Una estudiante brillante en Stanford

El árbol genealógico de la familia Holmes influyó desde joven en Elizabeth. Su tatarabuelo, de origen danés, fue cirujano e inventor y una inspiración para Elizabeth desde que ella era niña. De adolescente, idolatraba a Steve Jobs, y como el fundador de Apple, ambicionaba crear algo tan innovador que resultara revolucionario. Su esfuerzo en los años de instituto fue recompensado cuando fue aceptada por la universidad de Stanford, donde formó parte de las “Becarias del presidente”, un reducido grupo integrado por los alumnos con mejores notas. La miniserie de Disney+ se inicia en este punto, con la llegada de Elizabeth Holmes a Stanford y viaja del pasado al presente, cuando Holmes afronta su proceso judicial, iniciado en 2018.

Durante el único curso de química que estudió en Stanford, demostró ser una alumna brillante. En la universidad conoció al profesor de ingeniería química Channing Roberson, a quien mostró la idea primigenia de lo que más tarde sería Theranos. Con solo 19 años, su miedo a las agujas le dio la idea que llevaba años buscando. Holmes diseñó un dispositivo que realizaba análisis de sangre extrayendo una sola gota, con un pinchazo similar al que se efectúa al medir el azúcar. Con una inigualable confianza en sí misma, dejó la universidad y convenció a sus padres para invertir el dinero reservado para su educación en Theranos. Siguió así los pasos de su ídolo Steve Jobs, que también abandonó la universidad al poco de empezar.

Elizabeth Holmes se convirtió en CEO de su compañía en el año 2003. Logró hacer trizas el techo de cristal que parecía irrompible para las mujeres en Silicon Valley a comienzos del nuevo siglo.  Dar con un prototipo válido de su dispositivo de análisis de sangre era la carta de presentación imprescindible para atraer inversores para Theranos. Los ingenieros y químicos afrontaban jornadas maratonianas en el laboratorio pero las demostraciones nunca salían bien. En 2006, Elizabeth Holmes se reunió con la farmacéutica Novartis para mostrarles el prototipo. Si la presentación era exitosa lograría una inversión millonaria. Horas antes de hacer la demostración el sistema falló y Holmes falseó durante la reunión el buen funcionamiento del prototipo, se aseguró la financiación y dio comienzo a la farsa de la compañía.

En 2009, pasó a formar parte de Theranos Ramesh Balwani, conocido como Sunny. Elizabeth y él se conocían desde hacía años y mantenían una relación sentimental. Ejerció como director de operaciones hasta el cese de la compañía en 2018.

La visión de Elizabeth Holmes atrajo a destacadas personalidades. El consejo de administración de Theranos estuvo formada por algunos de los hombres más poderosos de las últimas décadas. Entre ellos, George P. Schultz, exsecretario de Estado de Estados Unidos. Fichó a los mejores ingenieros y contrató a Ana Arriola, involucrada en el diseño del iPhone, para lograr que las máquinas de Theranos también resultaran estéticas.

Durante un tiempo, Holmes se convirtió en toda una inspiración para los más jóvenes y en especial para las mujeres, poco acostumbradas a trabajar para una CEO. Sin embargo, las dudas acerca de Theranos no tardaron en crecer entre los empleados. Los trabajadores se hacían preguntas sobre la viabilidad del proyecto. Esta conducta se atajó con férreas medidas de seguridad e impidiendo que los trabajadores de diferentes departamentos hablaran entre sí. La opacidad era absoluta. Para evitar que nadie externo visitara los laboratorios se aludía al espionaje industrial que podría recibir la alta tecnología del dispositivo  desarrollado por Theranos, bautizado con el nombre de Edison. Nadie conocía esa sofisticada tecnología, pero en septiembre de 2013 lograron incluso firmar un acuerdo con la cadena de farmacias Walgreens sin que vieran el funcionamiento de los laboratorios ni comprobaran la eficacia de las máquinas Edison. Así, los imprecisos análisis de sangre de Theranos llegaron a más de 40 localizaciones. La empresa se convirtió en un unicornio valorado en 9.000 millones de dólares y Holmes llegó a ser la  mujer más joven en formar parte de la lista Forbes de las 400 personas más ricas de Estados Unidos (ocupó el puesto 110 con una fortuna estimada de 3.500 millones de dólares).

La universitaria que vestía camisetas de manga corta y recogía su melena en moños informales se convirtió en una sobria empresaria siempre ataviada con jersey negro de cuello alto, el mismo que Steve Jobs llevaba en sus apariciones públicas. Tal y como se refleja en la serie, cambiaba su forma de hablar según la situación, y en los anuncios y portadas que protagonizaba siempre hacía alusión a la visión transgresora de Theranos.

Mentiras en el laboratorio

Tyler, el nieto de George Schultz (miembro del consejo de administración y uno de los políticos más influyentes de Estados Unidos), se unió a Theranos en 2013, inspirado por el proyecto de Elizabeth Holmes. Al atravesar las puertas del laboratorio de la compañía encontró una realidad muy distinta a lo que esperaba. Tyler y su compañera Erika Cheung no tardaron en comprobar cómo funcionaban las cosas. Los análisis de sangre ofrecían resultados falsos, desvirtuados o incompletos que podían llegar a poner en peligro la vida de los pacientes. Las máquinas Edison no solo no eran fiables, sino que en muchos casos ni siquiera se utilizaban.

En su lugar, empleaban dispositivos ya existentes de Siemens. La alta tecnología que debía permanecer en secreto no existía. El testimonio de Tyler Schultz fue clave en la investigación que el periodista John Carreyrou publicó en octubre de 2015 en The Wall Street Journal, un reportaje que inició la debacle de la empresa. En 2016, tras una visita a los laboratorios de Theranos de la CMS, la agencia federal del Departamento de Salud y Servicios Sociales de Estados Unidos, se obligó al cese inminente de su actividad.

La empresa cerró en 2018. Elizabeth Holmes y Sunny afrontaron 11 cargos penales, entre ellos fraude y conspiración. En enero de 2022, Holmes fue declarada culpable de defraudar a los inversores y no culpable de engañar a los pacientes. En la actualidad tiene 38 años, está en libertad bajo fianza y en septiembre se inicia el proceso donde se conocerá su sentencia. Afronta hasta 20 años de prisión.

En la miniserie de Disney+ se alude también a las consecuencias que la conducta de Holmes podría acarrear a otras compañeras de profesión a la hora de desempeñar puestos de responsabilidad. En el capítulo final se hace un guiño a la historia real de una joven emprendedora de Silicon Valley con rasgos similares a los de la fundadora de Theranos que tuvo que teñirse de morena para evitar comparaciones con Eliza