Justo cuando estábamos discutiendo las lecciones derivadas de la caída del niño prodigio de las criptomonedas (Sam Bankman-Fried), que nos deslumbró con fantásticas sumas dinero; y una empresaria inventora que nos impresionó con sus avances tecnológicos (Elizabeth Holmes), otra figura grande en donde se centró la atención esta semana es el CEO de Disney, Bob Iger.

Sin duda, Iger, ahora de 71 años, forjó su reputación de otra manera, con la cual, obtuvo resultados muy diferentes. A la edad en que Elizabeth Holmes, que abandonó Stanford, había recaudado cerca de 200 millones de dólares para su startup de análisis de sangre Theranos, Iger estaba rastreando ventiscas como meteorólogo en una estación de Ithaca (Nueva York). A los 27 años, impresionó a los ejecutivos de la cadena de televisión ABC cuando cambió la cobertura de los Juegos Olímpicos al torneo del equipo de trineo de Jamaica en medio de retrasos de transmisión por el clima; Sam Bankman-Fried (SBF) estaba en camino al estatus de multimillonario como fundador de FTX.

Ahora, Holmes está en la cárcel y SBF probablemente esté en las Bahamas, en un estado mental que es difícil de deducir, ya que redujo la publicación de tuits, en donde mostraba sus estados de ánimo. Ambos fundadores, esencialmente no valen nada, mientras que Iger, la última vez que verificamos, tenía un patrimonio neto de 690 millones dólares por brindar 15 años de crecimiento real en Disney a través de la innovación y adquisiciones inteligentes como Pixar, Marvel Studios y Lucasfilm. Como una película de Disney Princess, el héroe y los villanos aquí son bastante claros.

Pero echemos un vistazo más de cerca a sus carreras. SBF esencialmente no tenía una junta administrativa, lo que sin duda facilitó que él, como jefe del exchange de criptomonedas mostrara buena vibra y confianza mientras supuestamente se sumergía y estudiaba los depósitos de los clientes. El misterio es por qué esta evidente falta de supervisión no preocupó a su grupo de inversionistas repleto de estrellas, especialmente aquellos con un fuerte deber fiduciario como la organización Ontario Teachers’ Pension Plan. Los capitalistas de riesgo tal vez puedan espolvorear dinero como polvo de hadas con un simple ‘caveat emptor!’ (‘el comprador asume el riesgo’), pero se supone que los que actúan como guardianes de las pensiones de las personas deben demostrar más integridad personal.

Si bien Ontario Teachers’ emitió un comunicado en el que decía que había llevado a cabo una «diligencia debida sólida» sobre la inversión de 95 millones de dólares de FTX, que ahora está reduciendo a cero, el nuevo director ejecutivo de FTX, John Ray, dice que nunca «había visto una falla tan completa de los controles corporativos yuna ausencia total de información financiera confiable«. ¡Eso ahora viene con el hombre contratado para limpiar todo el desastre, Enron! 

Cuando suceden tales cosas, la primera pregunta que hacen muchos inversores es: «¿Dónde estaba el equipo directivo?» En este caso, ¿qué es lo que lo desconcierta de que tales inversionistas no dijeran: ‘oye, ¿cómo es que no hay una junta administrativa?’ 

Todos sabemos que tener una equipo/junta no siempre ayuda. Elizabeth Holmes, de Theranos, quien recientemente fue sentenciada a 11 años de prisión, tenía un equipo de estrellas lleno de estadistas mayores, como Henry Kissinger, Jim Mattis y George Shultz. Aunque ese grupo de diplomáticos, héroes de guerra y exsecretarios de Estado finalmente se inclinó más hacia los expertos médicos y los inversores, incluso ellos en un principio no cuestionaron la eficacia de la tecnología revolucionaria de Theranos, que resultó ser falsa.

En contraste, la Junta Directiva de Disney parece ser un modelo de gobierno corporativo, con directores ejecutivos como Mary Barra de GM y Safra Catz de Oracle velando por los intereses de los accionistas. Pero el nombramiento de Iger, y cómo manejó la destitución de su sucesor elegido a dedo, Bob Chapek, fue tan repentino que dejó boquiabiertos a la gente dentro y fuera de la empresa.

El problema no es que los directores discreparan con Chapek, quien fue despedido oficialmente «sin causa». Desde que asumió el cargo de Iger en febrero de 2020, el CEO novato había estado al mando mientras la división de transmisión de Disney registraba pérdidas crecientes. Además, según los informes, carecía del encanto y la trayectoria de su conocido predecesor, y ahora sucesor.

¿Iger habría metido a Disney en problemas con los empleados y el gobernador de Florida, Ron DeSantis, por el proyecto de ley estatal ‘Don’t Say Gay’ (‘No digas gay’)? ¿Iger, visto durante mucho tiempo como un extraordinario amigo de las celebridades, habría dejado que Scarlett Johansson llegara al punto de demandar a la producción Black Widow? ¿Habría despedido a algún querido jefe de TV?

Tal vez no. Pero los debates y los desafíos en torno a Chapek no fueron una sorpresa. La junta directiva tuvo tanto tiempo como la agencia para instalar un nuevo líder dentro o fuera de las filas de Disney. Podrían haber mirado a su alrededor. En cambio, extendieron el contrato de Chapek a fines de junio y luego lo despidieron abruptamente la semana pasada para traer de vuelta a un héroe icónico que volvería a hacer felices a los empleados y accionistas.

Aun así, para citar a Gordon Lightfoot, los héroes a menudo fracasan. Y en el historial de los ‘CEO boomerang’, como Iger, hay de todo. Por cada icónico CEO que regresa y que tiene éxito la segunda vez, o la tercera, como el caso de Howard Schultz de Starbucks; hay muchos como AG Lafley de P&G, que nunca lo lograron.

Iger renunció justo antes del comienzo de una pandemia global, más o menos, ya que luego permaneció otros dos años como presidente ejecutivo. Ahora regresa para enfrentar los mismos vientos en contra que derribaron a Chapek: desde la competencia en la transmisión hasta una economía desafiante y un clima político polarizado. 

Por otra parte, Iger podría tener suerte, ya que Chapek dijo que las pérdidas de transmisión, ya habían alcanzado su punto máximo cuando informó un trimestre decepcionante, que luego superó las expectativas de crecimiento de suscriptores de Disney+ mientras acumulaba el mejor año de la historia para los parques temáticos. Si Disney cumple, los inversores tendrán que decidir si los resultados se deben a Iger o a las condiciones establecidas por el exCEO.

Lo que está claro es que el último plan de sucesión de la junta fracasó claramente. Los inversores habían estado debatiendo durante mucho tiempo, a veces temiendo, cuándo renunciaría Iger. Hace menos de un año, Iger le dijo a un reportero de CNBC que sentía que era hora de renunciar cuando comenzó a desdeñar las ideas de los demás, como si lo hubiera escuchado todo antes. «Con el tiempo, comencé a escuchar menos», dijo, y señaló que era probable que Chapek tomara decisiones diferentes y que el cambio, en general, sería bueno.

Eso fue entonces. Ahora Iger está de vuelta. Cuando se trata de liderazgo, Disney parece inspirarse en la serie de fantasía Highlander (que se transmite en su canal rival Peacock): solo puede haber una. Si los miembros de la junta buscaron en cualquier lugar menos hacia atrás en busca de un nuevo líder, ciertamente no lo dijeron.

Chapek supuestamente fue tomado por sorpresa, aunque un pago informado de 23 millones de dólares puede ayudar a aliviar el dolor. Iger podría recibir 27 millones de dólares el próximo año si cambia las cosas a mejor. ¿Deshará lo que hizo Chapek? ¿Seguirá adelante con cambios difíciles pero necesarios? ¿Empezará a escuchar más? Lo que sí sabemos es que se quedará dos años y sin duda encontrará un equipo conformado, al menos en parte, por el hombre que acaba de ser despedido.

Ninguna empresa debería estar en esa situación. Esta vez, Iger y la junta prometen que van a hacer bien la sucesión. Esperemos que sí porque traer de vuelta a una superestrella no es una forma sostenible de dirigir una empresa.