Baleares

La vendimia de Binissalem recupera el pulso: cómo producir vino de calidad en un clima cada vez más extremo

Cada finca marca sus propios tiempos en función de la variedad, las condiciones del viñedo y del tipo de vino que la bodega quiere elaborar.

Uvas recogidas durante la vendimia. Foto: DO Binissalem/Europa Press

La vendimia vuelve a poner a prueba al sector vitivinícola de Mallorca. La Denominación de Origen Binissalem ha comenzado ya la campaña con las variedades Moscatel, Giró Ros y Chardonnay y lo hace con una noticia especialmente relevante para viticultores y bodegas: la producción recupera niveles más normalizados después de la caída registrada el año pasado.

El calendario, sin embargo, ya no es una cuestión tan sencilla como esperar a que llegue septiembre. Cada finca marca sus propios tiempos en función de la variedad, las condiciones del viñedo y, sobre todo, del tipo de vino que la bodega quiere elaborar. En los próximos días, las variedades más tempranas irán dando paso al resto de uvas, en una campaña que se prolongará previsiblemente hasta finales de septiembre o principios de octubre.

Para el negocio del vino, la recuperación de los volúmenes supone un cierto alivio después de una campaña 2025 marcada por una producción escasa. Pero el sector se enfrenta a un desafío de mayor recorrido: cómo mantener la productividad y la calidad de la uva en un escenario climático que está alterando las reglas tradicionales de la viticultura.

El clima ya es una variable empresarial

Las temperaturas ya no son únicamente una cuestión agronómica. Se han convertido en uno de los principales factores que condicionan los costes, los rendimientos y las decisiones de inversión de las bodegas. Este verano, según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología, la comarca ha registrado una anomalía térmica de alrededor de tres grados y una precipitación equivalente al 34% de lo habitual. Un escenario de calor y escasez de agua que obliga a los productores a buscar nuevas fórmulas para proteger el viñedo.

Uno de los elementos más delicados es la capacidad de recuperación de las plantas durante la noche. Las temperaturas elevadas pueden dificultar ese proceso y terminar afectando tanto al desarrollo de la uva como a su composición química. Y ahí está una de las claves económicas del sector: no basta con producir más; hay que conseguir que la uva conserve las características necesarias para elaborar vinos de calidad. El cambio climático puede alterar además el momento óptimo de la vendimia, obligando a adelantar la recogida y modificando el calendario de trabajo de las bodegas.

Ante este escenario, el Consejo Regulador de la DO Binissalem autorizó a comienzos de junio el riego de soporte de los viñedos. La medida busca reducir las pérdidas de agua provocadas por la evapotranspiración durante los episodios de altas temperaturas. No se trata tanto de transformar el modelo tradicional de cultivo como de proporcionar a las plantas una herramienta adicional para afrontar los periodos de mayor estrés hídrico. Para los viticultores, esta adaptación implica también nuevas decisiones sobre cómo y cuándo utilizar los recursos disponibles. El agua, cada vez más escasa, pasa así a convertirse en un factor estratégico de producción.

Y la respuesta del sector no se limita al riego. Los productores de la denominación están introduciendo diferentes medidas para adaptar sus explotaciones: sombreado de los viñedos, aclareos, adelanto de las vendimias y una mayor apuesta por variedades autóctonas capaces de soportar mejor las altas temperaturas.

Recuperar volumen sin perder calidad

De momento, las primeras impresiones de los profesionales son positivas. Los viticultores valoran favorablemente la composición del fruto, no han detectado problemas sanitarios relevantes y mantienen buenas expectativas respecto a la producción. El dato es especialmente importante después de una campaña 2025 de menor rendimiento. La normalización de la cosecha permite al sector afrontar esta vendimia con una mayor previsibilidad en términos de suministro para las bodegas y elaboración de vino.

Pero el verdadero balance de la campaña irá más allá de cuántos kilos de uva entren finalmente en las bodegas. La combinación entre rendimiento, calidad, costes de producción y capacidad de adaptación climática será cada vez más determinante para la rentabilidad de las explotaciones.

La vendimia de Binissalem refleja, en realidad, una transformación que afecta a buena parte del sector agroalimentario: el clima ha dejado de ser una variable relativamente estable para convertirse en un factor de negocio que obliga a anticiparse, invertir y tomar decisiones con mayor rapidez. Este año, al menos, el viñedo llega a la vendimia con mejores perspectivas que en 2025. La producción vuelve a la normalidad. El reto ahora es conseguir que esa normalidad pueda mantenerse en un entorno que, de normal, tiene cada vez menos.

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