Una tienda de ropa puede abrir todos los domingos en Madrid o Roma. En Londres, si supera los 280 metros cuadrados, debe limitarse a seis horas. En Colonia o Berlín, únicamente puede hacerlo en determinadas jornadas autorizadas. Y en Polonia solo existen ocho domingos comerciales en todo el año. El mercado único convive en realidad con regulaciones muy diferentes sobre el trabajo dominical.
El debate se ha reabierto en Alemania. Internet no cierra los domingos, pero la mayoría de tiendas sí. Esta diferencia, asumida durante décadas como parte del modelo social del país, se ha convertido ahora en un problema económico para parte del comercio, que asegura competir en desventaja con las plataformas digitales mientras los centros urbanos pierden establecimientos y consumidores.
En su programa de reformas, el Gobierno de Friedrich Merz ha introducido la primera modificación de esta tradición dominical, que además está protegida con rango constitucional. Desde enero de 2027 se podría trabajar los domingos en panaderías, pastelerías y bibliotecas.
Esta medida, que ha ofrecido a las organizaciones empresariales la oportunidad de reclamar una liberalización mucho más amplia, aún debe concretarse. La legislación vigente en Alemania prohibe, como regla general, trabajar los domingos y festivos, con excepciones para hospitales, emergencias, hostelería, transporte, medios de comunicación y otros servicios que no pueden interrumpirse.
Las panaderías y pastelerías ya constituyen una de esas excepciones, pero sus empleados solo pueden trabajar actualmente hasta tres horas los domingos y festivos para producir, transportar o entregar los productos vendidos ese mismo día. El proyecto gubernamental elevaría ese límite hasta ocho horas. Pero después de la reforma nacional, los parlamentos de los 16 estados federados deberán decidir si modifican sus propias leyes de apertura.
El descanso dominical tiene además protección constitucional. La Ley Fundamental alemana incorporó un artículo de la Constitución de Weimar según el cual los domingos y los festivos deben estar protegidos como días de descanso laboral y recogimiento. En 2009, el Tribunal Constitucional anuló una norma de Berlín que permitía abrir los cuatro domingos de Adviento y estableció que la apertura dominical debe continuar siendo una excepción.
Europa, un continente sin modelo común
La situación española es considerablemente más flexible. El Estatuto de los Trabajadores reconoce un descanso semanal mínimo de día y medio ininterrumpido, que debe comprender, como regla general, el domingo completo y la tarde del sábado o la mañana del lunes. Pero el domingo no constituye una prohibición absoluta de trabajar: puede sustituirse por otro descanso en sectores con turnos o actividad durante el fin de semana.
En materia comercial, la ley exige que cada comunidad autónoma autorice como mínimo 10 domingos o festivos de apertura al año, aunque el punto de partida fijado por la legislación estatal es de 16. Las comunidades seleccionan las fechas y pueden establecer excepciones adicionales. Madrid representa el modelo más liberal, ya que permite que cada establecimiento determine libremente sus días y horarios de apertura, incluidos domingos y festivos.
Europa no aplica un único modelo. La normativa comunitaria obliga a conceder al menos 24 horas consecutivas de descanso semanal, además del descanso diario, pero no exige que ese periodo coincida con el domingo. Italia es otro de los países más liberalizados. Desde la reforma aprobada en 2011, los establecimientos comerciales y de restauración pueden decidir sus horarios sin una obligación de cierre dominical.
Francia permite abrir en zonas turísticas y autoriza hasta 12 domingos comerciales por decisión municipal; en Inglaterra y Gales, las grandes tiendas pueden abrir un máximo de 6 horas los domingos, mientras que las pequeñas tienen libertad. Países como Austria y Polonia mantienen restricciones mucho más severas, y en Países Bajos son los municipios quienes deciden.
Alemania abre el debate para estimular su economía
El objetivo general del paquete planteado en Alemania es impulsar el crecimiento, proteger puestos de trabajo y mejorar la competitividad, aunque la reforma todavía debe completar su tramitación legislativa.
La discusión ha regresado en un momento económico delicado. El producto interior bruto (PIB) alemán cayó un 0,2% en 2024 y solo creció un 0,2% en 2025. Para 2026, el Gobierno espera una expansión cercana al 0,5%, todavía insuficiente para resolver los problemas estructurales de la industria, la inversión y el consumo.
La federación principal que representa a todo el sector del comercio minorista en Alemania, HDE, calcula que se perderán en el país alrededor de 4.900 establecimientos durante 2026. Entre 2019 y 2024, las ventas de ropa por internet aumentaron un 41%, mientras que las de las tiendas físicas descendieron un 17%, un periodo condicionado también por la pandemia.
Las organizaciones empresariales quieren aprovechar la reforma para ir más lejos. La Cámara Alemana de Industria y Comercio defiende que sean los comerciantes quienes decidan cuándo abrir y considera las restricciones una herencia del pasado. Su presidente, Peter Adrian, ha llegado a plantear una modificación constitucional.
También existen apoyos políticos. Christian von Stetten, presidente democristiano de la Comisión de Economía del Bundestag, se ha mostrado partidario de ampliar generosamente los horarios de trabajo y apertura. El liberal Wolfgang Kubicki sostiene que los cierres obligatorios contribuyen al deterioro de los centros urbanos. Sus defensores presentan la apertura dominical como una oportunidad para competir con internet, atraer turistas y devolver actividad a las calles comerciales.
La oposición, sin embargo, reúne a sindicatos e iglesias. Silke Zimmer, miembro de la dirección del sindicato Ver.di, advierte de que el domingo es el único día libre que muchos trabajadores pueden planificar con seguridad. La Iglesia Evangélica alemana sostiene que disponer de un día común para la familia, los amigos, el vecindario y el voluntariado tiene valor social incluso para quienes no son religiosos.
Dentro de la CDU también hay resistencia. Stefan Nacke, responsable del grupo de trabajadores democristianos, ha advertido contra una “abolición progresiva” del descanso dominical. En su opinión, modernizar la economía no puede convertirse en la obligación de estar disponible permanentemente.
La población también ha hablado. Una encuesta representativa de YouGov realizada recientemente entre 4.022 adultos desvela que el 43% apoyaba una mayor apertura dominical, frente al 50% que se oponía. El respaldo ha aumentado respecto al año anterior, pero los contrarios todavía son mayoría.
Hay retos. Una parte de las ventas podría limitarse a trasladarse desde otros días de la semana, y los pequeños establecimientos tendrían que asumir más costes de personal, energía y organización. Además, la iniciativa tiene que superar obstáculos legislativos y regionales. Pero su importancia está en haber abierto una grieta en una norma que parecía intocable ante la necesidad de reactivar el consumo y la economía.

