Health

El sueño, una cuestión clave en gobernanza y calidad de las decisiones de líderes y directivos

Juan Carlos Rueda
Juan Carlos Rueda Garrido, presidente de la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo

Cuando leo una noticia sobre decisiones importantes que se han tomado tras largas horas de deliberación o sobre acuerdos que se han firmado a las tantas de la madrugada, siempre he pensado que son un error. ¿Cómo han debido estar esas personas, privadas de sueño, para procesar adecuadamente las ideas de la negociación, poder asimilar los riesgos y llegar a un acuerdo? Y es que, nadie se atrevería a firmar un contrato con dos copas de más, pero relativizamos los efectos de hacerlo habiendo estado diecinueve horas despierto cuando, siento mucho decirte, ambas situaciones provocan el mismo efecto.

Lo que ocurre es que el sueño ha estado denostado a algo superfluo y accesorio, con elogio para aquellos que podían controlarlo y relegarlo a unas pocas horas al día para ser más productivos. Hoy sabemos que el hecho de acumular dos semanas con restricción de sueño a solo seis horas por día provoca un deterioro cognitivo comparable a estar dos días enteros sin dormir (Van Dongen, Sleep 2003).

Lo más interesante es que relativizamos los efectos de esta falta de sueño. Asumimos que estamos bien y que podemos con nuestro día a día, que ya recuperaremos las horas de sueño durante el fin de semana o durante las vacaciones. ¿Te suena, verdad?

Sin embargo, la merma en la capacidad de la memoria y el aprendizaje es manifiesta y objetiva. Cuando estamos bajo los efectos de la privación de sueño y permanecemos entre diecisiete y diecinueve horas despiertos, nuestro rendimiento psicomotor es compatible con una tasa de alcoholemia de 0,05 %, y tras veinticuatro horas se acerca al 0,10 % (Dawson, Nature 1997). Tras este tiempo despiertos, el riesgo de sufrir un accidente de tráfico se multiplica por tres, y el sufrir un accidente de trabajo por 1,62.

Este daño silencioso y progresivo va haciendo mella en nuestro organismo, degrada casi todas las facultades cognitivas que necesita cualquier trabajo. Y los puestos de responsabilidad no son una excepción.

La privación de sueño desconecta, en cierto modo, el lóbulo frontal reduciendo transitoriamente la función y conectividad de redes prefrontales y disminuye la inhibición y regulación emocional, lo que propicia la toma de decisiones más impulsivas cargadas de cortisol. Como resultado, tendremos personas más volátiles emocionalmente y más propensas a la irritabilidad. El cerebro que no duerme no solo tiende al mal humor, sino que oscila entre extremos emocionales, y esos cambios tan bruscos en alguien que tiene responsabilidad en su trabajo pueden ser peligrosos para la estabilidad de los resultados y del bienestar de los equipos.

De hecho, hay un efecto en cadena llamativo. Cuando un jefe duerme mal, al día siguiente sus empleados se implican menos en su trabajo, aunque ellos sí hayan descansado. De modo que, el mal sueño de arriba se contagia hacia abajo y arrastra la productividad de toda la estructura. Si a eso sumamos que quienes duermen poco son, en general, menos productivos y menos creativos, se entiende que crear las condiciones para que la plantilla duerma lo suficiente debería considerarse una forma de inversión, y no un gasto.

Promover una gestión del tiempo de descanso saludable debería estar en la lista de prioridades de cualquier organización que figure entre las abanderadas de la promoción de la salud y cuidado de sus empleados. No implica necesaria y únicamente una app para medir el sueño o una sesión de coaching al año. Estamos hablando de revisar los valores y la cultura de la organización, en cómo se habla de la desconexión real y cómo se premia la gestión de los horarios.

Así, señales de alarma como leer un email escrito de madrugada, o el envío de informes finalizados muy tarde o durante el fin de semana nos están indicando que no se están dedicando horas al descanso y las acciones que conllevan deben mirarse con mucha cautela.

Por eso, sostengo que dentro de las preocupaciones de una organización debería estar el cuidado y protección de la salud de sus integrantes, su valor más preciado. Y, dentro de este cuidado, el sueño y el descanso cobra gran protagonismo. Es más, se debería fomentar esta prioridad en las empresas, públicas y privadas, y en los comités de dirección como una estrategia de primer orden. Porque si el descanso y el sueño pasan a ser una prioridad, tengo la certeza de que conseguiremos mejorar la salud de las organizaciones y de la sociedad en general. Mejoraremos la salud mental de nuestros equipos. Y por supuesto, en el mismo camino, también crecerá la productividad.

Porque ahí está el dato: RAND Europe estimó (Rand Health Q, 2017) en 2016 que el coste del sueño insuficiente fue del 2,28% del PIB en Estados Unidos. Para España en breve dispondremos de estudios económicos. Si se ampliara el sueño entre seis a siete horas diarias, se añadirían 226.400 millones a la economía estadounidense, un crecimiento por explorar hoy día.

Por Juan Carlos Rueda, presidente de la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo

Artículos relacionados