La crisis del covid-19 ha hecho que cada vez existan muchas más personas conscientes sobre su propia mortalidad, lo que les lleva a un cambio de planteamiento vital: frente a la pandemia, repensamos nuestras prioridades, nuestra forma de vivir, así como la gestión de nuestro patrimonio.

Por ejemplo, vemos que cada vez hay más personas que venden sus viviendas en grandes urbes para mudarse a entornos rurales. Claramente, hay un enfoque renovado sobre la calidad de vida. La planificación de la jubilación ya no se basa principalmente en la edad, sino también en la asequibilidad: ¿cuánta liquidez necesito para mantener mi estilo de vida actual?

Pero no solo eso. Esa mayor consciencia sobre la propia mortalidad está llevando a más individuos a realizar más “controles de salud”. No solo médicos, sino también financieros, en aras de reajustar su patrimonio y poner su planificación en orden. De este modo, es probable que todos estos factores tengan un impacto positivo y duradero en la preservación de capital a largo plazo.

En este sentido, a nuestro modo de ver, hay una serie de pasos clave que se pueden seguir para lograr ese objetivo. En primer lugar, el fomento del diálogo abierto. Algunas etapas de la vida son difíciles de discutir, como la muerte, el divorcio o los segundos matrimonios. Sin embargo, son relevantes para la conservación del capital. Además, en los casos en que haya cesado la creación de riqueza a gran escala, es posible que las generaciones futuras necesiten ajustar su estilo de vida a medida que los fondos se diluyen a través de la herencia. Este tipo de dilución es casi imposible mediante estrategias de inversión, por lo que lograr un control realista del patrimonio al involucrar a todos los miembros de la familia es la única forma de avanzar.

En busca de un impacto social positivo

Por otra parte, es imprescindible estar abierto a diferentes puntos de vista y valores. Cada vez con mayor frecuencia vemos cómo los jóvenes están impulsados por diferentes principios: se interesan más ​​en generar un impacto social positivo, por ejemplo, a través de la filantropía o inversiones centradas en temas ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG). Por tanto, el mantenimiento de la riqueza se convierte entonces en una discusión sobre los valores y el legado familiar.

Aquí es donde entra el concepto de profesionalizar la gestión patrimonial. En mi opinión, un marco sólido de gobernanza familiar puede contribuir en gran medida a que el enfoque de una familia para gestionar su patrimonio sea más profesional. Por ejemplo, a través de cartas familiares, consejos o un programa de educación sobre el capital del que se dispone. Igualmente, es imperativa una estrategia de sucesión clara, teniendo en cuenta estructuras patrimoniales como fideicomisos y fundaciones, testamentos, cartas de voluntad y poderes, según la jurisdicción.

Una clave más es tener en cuenta los impuestos, ya que la gestión de la propia situación fiscal es una piedra angular de la protección de la liquidez. Comprender las complejidades de cómo están gravadas las sucesiones, si fuera el caso, sería un claro ejemplo.

En esta línea, como se muestra en el Barómetro familiar de Julius Baer de 2020, la complejidad está aumentando para las familias. Por lo tanto, ahora resulta esencial tener acceso a expertos. No resulta extraño ver que las family offices se forman orgánicamente alrededor de núcleos familiares, incluidos los especialistas en leyes, impuestos, planificación patrimonial e inversiones, sin mencionar los médicos y los servicios de conserjería.

Fallos en la gestión de las fortunas

No obstante, hay algunos errores comunes a la hora de gestionar el patrimonio. Incluso con tanto en juego, repetidamente vemos fallos habituales que conducen a oportunidades perdidas y a una frustración posterior.

Hay quienes simplemente comienzan a planificar demasiado tarde, esperando el momento perfecto para maximizar los beneficios. Por lo general, evitan los peligros a corto plazo, pero aumentan el riesgo a medio y largo plazo. A este respecto, la experiencia demuestra que la sincronización nunca es perfecta y el único remedio es empezar a planificar.  

También algunos intentan gestionar su dinero por sí mismos porque quieren un control total o no están dispuestos a invertir en asesoramiento, lo cual induce a errores desde el punto de vista de la administración patrimonial.

Al mismo tiempo, muchas personas subestiman el poder de la dinámica familiar. Por ejemplo, aquellos que no revelan el alcance de su riqueza a los miembros de la familia pueden erosionar la confianza y la unidad con el tiempo.

Combatir el desgaste del capital

Así, más allá de las estrategias de inversión diversificadas para combatir el desgaste del capital, hay una consideración importante en la planificación: la transferencia del patrimonio intergeneracional. Según la firma de investigación Wealth X, se espera que las personas con un patrimonio neto de 5 millones de dólares o más transfieran colectivamente 15 billones de dólares de riqueza para el 2030.

A modo de conclusión cabe destacar que conservar la riqueza durante una o más vidas requiere un pensamiento estratégico de largo plazo. Con la mayor transferencia del capital intergeneracional en el horizonte, cobra una importancia capital planificar cómo las generaciones futuras continuarán con el legado de sus familias, preservando no solo la riqueza, sino también los valores que tienen el poder de resistir el paso del tiempo y crear un impacto positivo.

Roger Stutz es director de planificación patrimonial en Julius Baer y ofrece asesoramiento integral, planificación financiera y de sucesiones a los clientes del banco en todo el mundo.