Elon Musk lidera el ranking Forbes 2026 con una fortuna récord de 839.000 millones de dólares, duplicando la del año pasado. Logra esta hazaña materializando sus visiones en empresas y convenciendo al mundo de su viabilidad. La conquista del espacio (SpaceX), el internet universal desde satélites (Starlink) o el cambio de motor de explosión a motor eléctrico en los automóviles (Tesla) son claros ejemplos. Aunque parezca poco activo en el boom de la IA, fue inversor inicial de OpenAI en 2015 (con quien hoy litiga) y posee Grok, la IA de X (antes Twitter) alineada con su ideología cercana a Trump.
Musk es un visionario reincidente, aunque acumula fracasos por osado: el fiasco del tren subterráneo Hyperloop, la falta de electrolineras o el retraso del coche autónomo. Prometió la conducción autónoma para 2016 y recientemente ha pospuesto al 2036 el éxito de los vehículos que se conduzcan solos. Su última aventura apunta al sector salud. Mientras avanza con Neuralink (implantes cerebrales para tratar patologías y aumentar el rendimiento cognitivo de quien pueda costearlo), ahora apuesta por la IA médica desde otro ángulo más cercano.
En su última entrevista en el show de Joe Rogan ha ido a un tema mucho más cercano: quiere convertir tu teléfono móvil en una de las segundas opiniones médicas más rápidas que existen, utilizando Inteligencia Artificial (en su caso, Grok, la suya). Elon Musk afirma que la IA podría transformar la medicina convirtiendo el móvil en una herramienta capaz de ofrecer segundas opiniones médicas casi instantáneas. Según explica, sistemas como Grok pueden analizar análisis de sangre, radiografías o resonancias magnéticas en segundos y detectar posibles anomalías con gran precisión. Musk sostiene que la IA está especialmente preparada para este campo porque puede revisar enormes cantidades de estudios y datos médicos, algo imposible para un solo médico.
Un gran ingeniero como Elon Musk debería saber que la medicina no se domina con cuatro libros. Otros cayeron por esa misma arrogancia. Es el efecto halo. El propio Steve Jobs rechazó la cirugía para su cáncer de páncreas optando por dietas y remedios naturales hasta que la metástasis fue irreversible. Creer que uno -o su criatura electrónica- sabe más que los médicos del siglo XXI es de una osadía tremenda. Tampoco se reconoce como una persona con escasa formación en salud, asumiendo erróneamente que sus habilidades técnicas bastan para comprender la complejidad clínica. Es el efecto Dunning-Krueger.
Otro aspecto crucial en tecnología para la salud es la validación clínica. Grok, al igual que otros modelos de lenguaje, no comprende la realidad, sino que predice estadísticamente la siguiente palabra. Ante la falta de datos reales, «rellena los vacíos» inventando respuestas coherentes pero falsas. Estas alucinaciones, donde la IA presenta por ejemplo información errónea de X como hechos, destacan por desinformar sobre la actualidad, fallar al analizar imágenes y contradecirse. A mayor complejidad, su precisión se desploma e inventa fuentes. Confiar en él para saber qué tienes es como consultar a un médico esquizofrénico: nunca sabrás si acierta o alucina.
Por ello, las inteligencias artificiales médicas deben validarse rigurosamente antes de lanzarse al público. De lo contrario, corremos el riesgo de promover pseudociencias sin base científica alguna como un Txumari Alfaro (q.e.p.d) cualquiera recomendando beber orina “porque a mi me va de perlas”.
Pero, aunque las declaraciones de Musk nos generan un debate sobre fiabilidad y regulación, también reflejan la necesidad de una medicina más rápida, accesible y personalizada en la sociedad actual, que para él solo es la americana. En EE. UU., las tecnológicas ya cubren esta demanda; Amazon lanzó Amazon Health AI, un asistente digital integrado con historiales médicos y One Medical para evaluar síntomas, explicar análisis y gestionar citas menores. Otros operadores de IA se han esforzado en poner el “Health” en diferentes lanzamientos recientes. La salud está de moda entre los operadores de IA.
En Europa, estas herramientas se consideran dispositivos médicos, lo que exige estrictos estudios de confiabilidad, el marcaje CE Medical Device, con diferentes clases según el riesgo para el paciente, y encima trabajar dentro del límite de la AI Act. Aun así, hay que admitir que representarían un alivio para la maltrecha sanidad pública y un ahorro para la privada. Contar con escribas médicos, evaluadores de síntomas, Clinical Disease Managers para no desviarse de las últimas guías clínicas sobre cada patología y codificadores automáticos permitirá que la médica que nos atenderá nos mire a los ojos durante la consulta, sea presencial o a distancia. Pero para eso no hará falta esperar a Elon Musk: esto lo podemos hacer en Europa.
Por Frederic Llordachs i Marquès, Cofounder & CEO de Llamalitica

