Health

Emprender por deber

En esta tribuna de opinión, Blanca Fernández-Lasquetty Blanc, fundadora y directora de EnferConsulltty, defiende que el emprendimiento en salud no solo es una oportunidad profesional, sino una responsabilidad ligada al cuidado y a la transformación del sistema sanitario

Blanca Fernández-Lasquetty
Blanca Fernández-Lasquetty Blanc, directora de EnferConsultty | Cedida

Al hablar de emprendimiento, la asociación habitual suele llevarnos al terreno de las empresas, los beneficios y la competitividad, además de otras muchas ideas no siempre ligadas a lo económico. En el sector salud, en muchas ocasiones, se percibe como amenaza mercantilista y hostil al Sistema Sanitario. Pero esa carga peyorativa no debería conducirnos a renunciar al emprendimiento ni a ignorar su capacidad para transformar la asistencia. No podemos abandonar algo tan genuino de las profesiones sanitarias como es el deber. Y de aquí parte la idea de esta reflexión: el emprender por deber.

Esta forma de emprendimiento nace de un sentido mucho más profundo, de la responsabilidad, de la obligación ética y profesional o en línea con el concepto de calidad, hacer correctamente lo que hay que hacer. Y es que, como enfermeras, nuestro deber y responsabilidad con la sociedad es dar respuesta a las necesidades de salud y cuidados de los ciudadanos sin esperar que el Sistema Sanitario los resuelva al 100%. Las enfermeras tenemos el deber de poner en marcha iniciativas emprendedoras allí donde el sistema ni puede ni debe llegar. Tenemos la obligación de hacer correctamente lo que hay que hacer.

Hay un libro que me emociona cada vez que lo leo como amante de la mágica India que soy. Se titula Un perfecto equilibrio. Ojalá fuera también el título que pudiera ponerle ahora mismo a nuestro Sistema Sanitario, pero me temo que no es posible. Y es que, nuestra sanidad más bien tiende a un equilibrio inestable y, además, no termina de identificar las fuerzas de sostén, de reequilibrio. Y aquí encaja con virtuosa exactitud la idea de emprender por deber, pues el emprendimiento es una de las fuerzas capaces de reequilibrar.

Emprender por deber significa entender que el sistema sanitario no puede ni debe resolverlo absolutamente todo. Sería ingenuo pedirle que cubra cada vacío, cada necesidad y cada nueva demanda al ritmo que cambia la sociedad y la salud, desde la amplitud del concepto salud. Es una realidad que existen espacios donde el sistema llega tarde, llega poco o no llega y es ahí donde las enfermeras ya estamos para complementar al sistema y ampliar sus límites.

Y me preguntaréis: ¿Qué tenemos las enfermeras que nos hace más proclives al emprendimiento? Y yo os contesto.

La mirada enfermera detecta muchas cosas que otros no ven. Vemos la respuesta de la persona, la familia y su entorno ante problemas de salud, procesos vitales o situaciones de riesgo. No nos centramos en la enfermedad, la prueba diagnóstica o el tratamiento farmacológico, las enfermeras damos respuesta al afrontamiento de ese problema de salud, a tomar conciencia y entenderlo para saber gestionarlo, a cómo integra su situación de salud en su vida habitual o a tomar decisiones compartidas.

Y me explico. Un debut diabético en un niño, una mujer mastectomizada, una persona que va a vivir con una ostomía, un adolescente enganchado a las redes o un anciano de 103 años, como el jabato de mi padre, no son un diagnóstico, no son una enfermedad, son un compendio de necesidades en cada momento de su día a día y este día a día va mucho más allá del contacto puntual con el sistema. Aquí se necesitan muchas iniciativas emprendedoras que den respuesta a sus verdaderas necesidades y, seguramente, bastante alejadas de las grandes soluciones tecnológicas. Necesitan soluciones de cuidado.

Se trata de pensar de forma diferente y de actuar de forma responsable, como un equipo de alto rendimiento, con un objetivo claro y compartido, con valores como el esfuerzo, el trabajo y características muy definitorias de nuestra profesión como el respeto, la admiración y el reconocimiento genuino a los logros de cada miembro del equipo. Ese equipo de alto rendimiento es la fuerza para el cambio. Es la fuerza de las enfermeras.

Porque nosotras nos manejamos muy bien ante la incertidumbre, otra de las características de los emprendedores y que las enfermeras dominamos. Además, somos flexibles, tenemos mente creativa y capacidad de resolución. La pandemia lo demostró todo. Somos ese equipo de alto rendimiento que cada día se esfuerza por alcanzar el máximo nivel, que entrena sin descanso, que asume retos y, además, somos tremendamente disciplinadas. Contamos con esa disciplina de los equipos de élite y que genera tanta admiración.

Por deber, también tenemos que formar a las nuevas generaciones en emprendimiento. Sembrar esa mentalidad abierta de enfermeras más allá del hospital, de oportunidades, de responsabilidades. Es enseñar y trabajar en necesidades reales bien fundamentadas para las que se buscan ideas emprendedoras factibles y se logra transformar la necesidad en solución. Y es recordar que la innovación no empieza solo en un gran laboratorio, que lo más habitual es que empiece en una conversación con un paciente, en una carencia detectada en una unidad de hospitalización o en un domicilio, en una dificultad repetida mil veces y que nadie había decidido mirar de frente.

Si el sistema sanitario aspira a ser verdaderamente sostenible, tiene que apoyarse cada vez más en profesionales capaces de pensar diferente y de defender el cuidado como derecho de todo ciudadano. Y pocas profesiones reúnen mejor esas dos condiciones que la enfermería. Así, tal vez el sentido más profundo de emprender por deber esté en poner la ciencia del cuidado, el conocimiento enfermero y los valores profesionales al servicio de los ciudadanos y del sistema, con auténtico espíritu emprendedor.

Por Blanca Fernández-Lasquetty Blanc, fundadora y directora de EnferConsulltty.

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