Banda sonora recomendada: El progreso. Roberto Carlos
5 de junio de 2026
Hoy se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, y este año se centra en el cambio climático y en las señales que nos envía el planeta. #PorElClimaYa. Un movimiento que se aceleró hace diez años coincidiendo con los Acuerdos de París logrando evitar en aquel momento los 4 °C que se proyectaban en 2015 y ayudando a consolidar la neutralidad de carbono como norma (política).
Aquellos brotes verdes no podemos afirmar que se hayan convertido en frondosos árboles. París nos desvió del abismo, pero no nos ha garantizado el futuro. El simbólico objetivo de mantener el calentamiento por debajo de 1.5 °C, la insuficiencia de unos planes nacionales contra el continuo crecimiento de las emisiones, o el hecho de que la financiación prometida no haya llegado en la forma ni en la escala necesarias son realidades objetivas que lo confirman.
No es menos cierto que, a medias, también abrió la puerta a una litigación climática que trató de empoderar a ciudadanos y tribunales. A medias porque, aunque los Acuerdos de París son jurídicamente vinculantes, no todo dentro del Tratado tiene la misma fuerza legal. El Tratado nació vinculante para los Estados firmantes (entonces, prácticamente todos), pero las obligaciones eran principalmente de procedimiento, no de resultado. Presentar planes, reportar sus emisiones, cooperar… obligaciones, pero sin metas numéricas obligatorias. No eran vinculantes los porcentajes concretos de reducción de emisiones, alcanzar 1,5 °C o 2 °C, aportar una cantidad fija de financiación, cumplir exactamente lo prometido en los Planes Climáticos Nacionales.
Diez años después, cuando el mundo parecía resignado a que la política no alcanzara la velocidad del clima, el pasado 26 de mayo, la Asamblea General de la ONU dió un golpe sobre la mesa respaldando la Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia de 2025 (sobre las obligaciones de los Estados en materia de cambio climático y las consecuencias jurídicas cuando un Estado, por acción u omisión). La Resolución contribuye de forma significativa a la mitigación del daño climático, convirtiendo por primera vez la acción climática en una verdadera obligación jurídica universal.
Se trata de un giro histórico —nacido no en las élites, sino en una pequeña comunidad del Pacífico, en Vanuatu— que inaugura una era post‑COP´s. Un giro trascendente en el que el clima se convierte en Derecho. En un planeta que se calienta más rápido que las instituciones que lo gobiernan, el Derecho vuelve a reclamar su sitio. La resolución de la Asamblea General convierte compromisos políticos en deberes legales exigibles, abriendo la puerta a reclamaciones y reparaciones por daños climáticos. Los nuevos horizontes, más aún si se consolidara la obligación jurídica y el renovado carácter vinculante de proteger el sistema climático, obliga a que las profesiones jurídicas maduren. El clima no espera a nadie, a los abogados tampoco.
No será una tarea fácil, pues la lucha entre ordenamientos liberales que colocan al hombre en el centro, y los ecocentristas apoyados por constituciones que conceden derecho a la naturaleza, necesita una solución armonizada. Tampoco ayuda el actual el vaivén geopolítico…mejor no abundar. Estados Unidos, el segundo mayor emisor del planeta, sigue siendo un actor errático que solo contribuye a debilitar la credibilidad del sistema multilateral y ha retrasado decisiones clave en momentos críticos.
En cualquier caso, y esta es la mejor noticia, la resolución de la ONU inaugura una nueva fase más jurídica, más exigente y menos dependiente del voluntarismo político. Un grito planetario en defensa del hombre y la necesidad de una rule of law, universal, capaz de proteger bienes comunes globales como lo son el clima, los océanos, la biodiversidad, frente a la fragmentación política y las miopías nacionales, cuando no autonómicas.
La Opinión Consultiva de la CIJ 2025 supuso un recordatorio de que la humanidad necesita instituciones que no solo describan el mundo, sino que lo defiendan. Y, sin embargo, para que esa arquitectura funcione, “por alusiones”, creo que hace falta algo más que tratados y resoluciones, hace falta también una profesión jurídica a la altura del desafío.
Los abogados, una inmensa mayoría, al menos la que conozco, seguimos muy “verdes”. Verdes para comprender la escala del problema, verdes para integrar ciencia y derecho, verdes en conocimientos, verdes para pensar en términos planetarios y no domésticos. Pero si queremos defender un estado de Derecho verdaderamente universal, uno que proteja a los vulnerables, que limite a los poderosos y que preserve aquello que no tiene voz, tendremos que madurar. Y hacerlo rápido. El clima no espera a nadie, tampoco a nosotros.
Película recomendada
“Baraka” dirigida por Ron Fricke (1992) https://www.youtube.com/watch?v=LKGpHu9IONc
Una obra que convierte al planeta en protagonista. Porque es cine sin palabras que dice más que muchos discursos. Porque es una reflexión visual sobre la fragilidad y la grandeza del mundo. Porque anticipa debates actuales sobre clima, espiritualidad y globalización.

