Health

Invertir en salud es liderar el futuro

En esta tribuna de opinión, Luis Nudelman, director médico de Abbvie en España, sostiene que la salud no debe contemplarse como un gasto, sino como una inversión estratégica con un triple retorno: sanitario, social y económico

Luis Nudelman. Director Médico AbbVie España

Durante décadas, hemos entendido la salud como una consecuencia del desarrollo económico. Sin embargo, la realidad está invirtiendo esa relación y, hoy en día, la salud es la que hace posible ese avance económico. Y tanto es así, que la salud no es únicamente un derecho o un componente del estado del bienestar que se ha ido conformando, es también uno de los principales motores de competitividad de un país en un momento de incertidumbre económica.

La ecuación es clara. No puede haber una economía fuerte y sostenible sin una población sana y con una buena calidad de vida asociada a su salud, ni un tejido productivo innovador sin un sistema sanitario capaz de incorporar innovación de manera rápida y eficaz. La salud no debe contemplarse como un gasto, sino como una inversión estratégica con un triple retorno: sanitario, social y económico.

La revolución científica que estamos viviendo confirma esta fotografía, porque la realidad es que la ciencia está viviendo un momento extraordinario. La medicina de precisión, la inteligencia artificial o la biología molecular están transformando a pasos agigantados la forma en que entendemos las enfermedades y desarrollamos nuevos tratamientos, más precisos, más eficaces.

Hoy podemos identificar con mayor rapidez nuevas dianas terapéuticas, diseñar tratamientos más precisos y acercarnos a una medicina cada vez más personalizada, segura y efectiva. Dicho esto, el reto ya no es, únicamente, innovar más, sino trabajar para conseguir que esa innovación llegue antes a quienes la necesitan.

Precisamente, la respuesta para preservar la calidad de vida de las personas pasa por entender que el sistema sanitario se sostiene en tres pilares básicos que conforman a lo que podríamos llamar el «triángulo de la salud»: profesionales sanitarios, infraestructuras y tratamientos innovadores que cubren necesidades terapéuticas aún no cubiertas. Es un triángulo equilátero porque todos sus vértices y lados son igual de relevantes. Los mejores profesionales sanitarios necesitan tecnología y recursos para ejercer su labor. Las mejores infraestructuras hospitalarias requieren profesionales altamente cualificados. Y los medicamentos innovadores solo generan valor cuando pueden incorporarse con rapidez al sistema y llegar a los pacientes.

El verdadero impacto se produce cuando los tres elementos del sistema trabajan juntos. Los tres son críticos e interdependientes y debemos asegurar su calidad e impulsar su colaboración.

Cuando ese equilibrio existe, la innovación deja de ser una promesa para convertirse en mejores diagnósticos, tratamientos más eficaces, menos discapacidad y mayor calidad de vida. Pero también en una mayor productividad, una reducción de la presión asistencial y una utilización más eficiente de los recursos públicos.

España reúne muchas de las condiciones necesarias para liderar esta transformación. Cuenta con profesionales de enorme prestigio, hospitales altamente cualificados y una sólida capacidad investigadora. No es casualidad que nuestro país sea uno de los referentes en el mundo y el primero en Europa en la realización de ensayos clínicos y que la colaboración entre el sistema sanitario y la industria biomédica permita desarrollar cientos de ensayos clínicos cada año.

Ahora bien, mantener ese liderazgo exige seguir apostando por un entorno que favorezca la investigación, acelere el acceso a la innovación y refuerce la colaboración entre todos los actores del sistema sanitario.

Porque el verdadero liderazgo no consiste únicamente en descubrir nuevos tratamientos. Consiste en construir un sistema capaz de convertir cada avance científico en una mejora real para la vida de las personas.

Porque, al final, la pregunta no es si podemos innovar más. La verdadera pregunta es si somos capaces de construir un sistema donde la innovación, el talento profesional y las infraestructuras avancen al mismo ritmo. Solo así podremos asegurar el verdadero progreso de nuestro país y nuestra sociedad.

De hecho, en muchos casos, nos cuesta seguir el ritmo. Y, un ejemplo claro de ello, es que, aunque es cierto que España ha dado pasos importantes en el tiempo medio de acceso a nuevos medicamentos, que se ha reducido de 616 a 537 días en el último año, según los últimos datos del informe WAIT, dicha cifra continúa muy por encima de los 180 días previstos en la normativa europea. Reducir estos plazos no es solo una cuestión de eficiencia administrativa, significa que los pacientes puedan beneficiarse antes de tratamientos que pueden cambiar el curso de su enfermedad.

El mejor medicamento es el seguro, eficaz y accesible a los pacientes que lo necesitan. Todos tenemos que debemos seguir trabajando juntos para alcanzar el objetivo compartido de mejorar la vida de las personas.

Por Luis Nudelman, director médico AbbVie España

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