León XIV ha demostrado un tono muy interesante para visitar España. Tiene su compromiso incuestionable con las cosas en las que cree, pero a diferencia del Pontífice anterior no desea hurgar en las heridas de nadie. Si el estilo de Francisco era remover conciencias y crear incomodidades, supongo que buscando una reacción determinada, positiva para su visión de lo que tenía que ser la iglesia, el actual Santo Padre tiene el estilo opuesto, contrario. No renuncia a nada, pero tampoco a llevarse bien con todo el mundo. Es un Papa amable, suave, que no busca la confrontación sino el acuerdo a través de la sonrisa, e interpela a todos en su discurso pastoral. Es un Papa que dice las mismas cosas que los anteriores pero lo hace con el expreso deseo de que nadie se sienta ofendido o molesto, o que no forma parte de su rebaño.
Me gusta León XIV, me gusta que tenga esta modestia y esta textura tan simpática con el mundo. Me gusta que estar bien lo considere un patrimonio y que lo proteja con su manera de conducirse y de hablarnos. Su visita a España está sirviendo para comprender mejor su carácter, y el pueblo español está respondiendo de un modo mayoritario, y más que mayoritario. La explosión de júbilo que su visita ha ocasionado, ha creado momentos insólitos como el vivido en el Congreso. Por fin en España se pusieron de acuerdo derecha izquierda en algo que les permitiera aplaudir durante 10 minutos. Es la ocasión más sonada y unánime que se recuerdan mucho tiempo.
En un mundo de liderazgos demasiado fuertes, demasiado pendientes de sí mismos, y poco empáticos con el dolor y con la angustia de los demás, León XIV se ha erigido como el espejo de todos. Si ya el Papa es siempre un líder mundial difícil de catalogar y con una influencia muy por encima de las fronteras cantonales, hoy Prevost lo es especialmente, porque sólo él es capaz de acoger a todos en lo que dice hace: a todos sin excepción, aunque vengan de distintas realidades.
Otros pontífices han probado la distancia o la cercanía extrema, y aunque también han sido queridos, no han tenido a su alrededor la práctica unanimidad que concita León. Esto es importante porque para liderar hay que tener autoridad, que es algo que te conceden siempre los demás. Hay que saber medirse muy bien para generar en el otro confianza y seguridad. La amabilidad es siempre nuestra mejor embajada, aunque a veces creamos que hay atajos. La piel suave es siempre más permeable y eficaz que la dureza con que nos creemos inexpugnables.

