Cuando te das cuenta de que no necesitas buscar fuera el amor, el reconocimiento, porque están ya en ti, proque ya somos seres completos, de despliega algo en ti que es tu esencia, tu autenticidad, tu naturaleza. El amor verdadero está en ti, no puedes vivir esperando siempre la validación ajena”.
Mercedes de la Rosa piensa que vivimos desde nuestra mente limitada, con ruido, proyecciones, miedos y muchas creencias limtantes, pero que tenemos otra forma de vivir que pasa por comprenderla, para poder convivir con ella, pero desde otro lugar. Sin ruido, con presencia, serenidad, espacio y mayor libertad. Conectados a la sabiduría, la conciencia y el amor que somos y son nuestra naturaleza. Explica Mercedes en su libro que, si no lo hacemos, nunca podremos ser libres. “Si estamos esperando a que otros nos reconozcan y/o quieran, damos esa libertad y poder a otros, y eso siempre nos va hacer sufrir”, sentencia.
Buscar el amor en el otro nos hace sufrir porque, primero, hemos de reconocer ese amor que somos, y de esa manera poder compartirlo y darlo de un modo pleno y fértil. “De niños nos meten en la cabeza que tenemos que buscar nuestra media naranja y no es verdad. No somos media naranja, somos la naranja completa. Y desde ahí podemos encontrar a alguien que nos acompañe, y esto es sano, y está bien, pero si buscamos alguien que nos rellene o nos complete viviremos siempre con dependencia e identificando ese “sentirnos completos” con una persona, algo que nos lleva a la tensión, a la dependencia y, seguramente, al sufrimiento.
“Hay una plenitud y muchas veces nos cuesta acceder a ella porque nadie nos cuenta ni que existe, ni cómo hacerlo.. El yoga y la meditación son herramientas que te invitan a parar, a escucharte, a sentirte. Y, desde allí, desde esa verdad y conexión, todo emana. Es como cuando un artista crea, es porque está conectado con algo mucho más grande que su mente, que es limitada.
Mercedes de la Rosa cree que somos Amor, Sabiduría y Naturaleza y que tres nubes negras –la Mente, el Ego y el Personaje- nos privan de vivir en la luz y así nos creamos angustia y nos hacemos daño. “Hay que comprender y dejar de identificarnos con nuestra mente. Como decían los yoguis hace más de dos mil años, yoga es parar las fluctuaciones de la mente”.
“En un momento de mucha ansiedad y de pensamientos malos”, relata la autora, “sufrí mucho y pensé ‘esto no puede ser la vida´. Entonces, me puse a buscar herramientas que me ayudaran a sailr de ese ruido mental con el que convivía. Y descrubrí que dentro de nosotros hay un espacio de claridad y de paz”. Por eso su libro es una propuesta, un viaje para salir dell ruido mental, que narra a través de su propia experiencia.
-Pero Mercedes, ¿qué significa “¿entre mis pensamientos y yo?”.
-Para meditar has de sentarte, cerrar los ojos, y ver pasar tus pensamientos sin sentirte protagonista de ellos. Verlos pasar como nubes en el cielo y sin dejarte arrastrar. Ellos pasan, tú te quedas. Meditar es abrazar todo lo que hay sin quererlo cambiar. Es sentir ese espacio, ese estado de conciencia en el que tú puedes permanecer y quedarte en tu sitio mientras los pensamientos pasan. Ese espacio entre mis pensamientos y yo, es desde yo puedo escoger, si irme con algún pensamiento, o no. Y únicamente desde allí puedo reconectar con mi naturaleza, con mi conciencia y con el amor que soy. Somos mucho más que nuestra mente. Nuestra mente nos limita, nos angustia, nos desestabiliza. La mente nos lleva a sufrir. Hay que confiar en la vida, en la naturaleza humana, que es mucho más bondadosa de lo que parece”.
En estos tiempos tan superficiales y tan movidos, un poco de introspección ordenada y silenciosa puede ayudarnos a mantener la calma por lo menos durante un rato. Ahí el libro de Mercedes de la Rosa, desde su experiencia, sus recomendaciones y sesiones de meditación pueden ser útiles como ejercicio. Pero más en general, si lo que hablamos es realmente de una filosofía de vida, es prudente no olvidar que el conflicto, la competencia y la angustia por ser mejores están en el corazón de nuestro destino y que siempre han resultado fallidos los intentos de hablar del hombre, y de su plenitud, sin hablar de su alma ni de su trascendencia.

