Aunque durante mucho tiempo en nuestro país pudo ser -injustamente- más conocido por ser el marido de Beyoncé, lo cierto es que Jay-Z (nacido en Brooklyn como Shawn Carter en 1969) no sólo es el rapero más conocido y respetado del mundo, sino uno de los hombres de negocios más lúcidos y estratégicos a todos los niveles.

Y es que la historia de Carter es la del hombre hecho a sí mismo, pero esta vez de verdad y no como slogan. Nacido en la zona más pobre de Brooklyn, de familia monoparental y en un contexto en el que lo normal era la delincuencia en cualquiera de sus extensiones, Jay-Z ha acabado como embajador de la ONU, codeándose con Warren Buffet, invirtiendo en todo tipo de empresas y con una fortuna de un billón de dólares.

Es por ello que reducir la historia de Jay-Z a la de rapero de éxito o a la de “marido de” no sólo es tremendamente injusto, sino también es no saber extraer las lecturas adecuadas para nuestra propia experiencia vital. Es por ello que hoy enumeramos las cuatro lecciones de negocios más importantes de un tipo que hizo el camino completo desde lo más bajo a lo más alto con genuina inteligencia y admirable capacidad de trabajo.

Do it yourself

En la primera mitad de los noventa, el sueño de Jay-Z era alejarse de las calles y dedicarse profesionalmente a la música, pero fue rechazado por todas las discográficas. La cuestión es que cuando acabó recibiendo una llamada para formar parte de una multinacional como artista, Jay-Z rechazó la oferta porque había ideado un plan mejor: ser su propio jefe y montar su propio sello. De ese modo fue el primer artista de su propia empresa (que luego acabó descubriendo a Kanye West y muchos otros) y haciéndose mucho más rico que el resto. Mientras los demás músicos exitosos se quedaban con una pequeña parte de sus propios royalties, los beneficios de Carter crecían a pasos agigantados.

El valor del saber estar

Ya desde su primer álbum de debut (el magnífico Reasonable Doubt), Carter hacía hincapié en lo importante que es vestirse y comportarse correctamente, en contraposición a alguno de los artistas de su mismo género musical, normalmente más conflictivos. De ese modo, el de Brooklyn ha acabado con amistades que van desde Barack Obama a Robert De Niro, Warren Buffet, Michael Jackson u Oprah Winfrey. Hacerse respetable y accesible es una cuestión que abre las mismas puertas que el dinero en sí, por eso Jay-Z se sienta a hacer negocios con algunos de los nombres propios más relevantes del mundo.

Persona y personaje

En el año 2000, los videoclips musicales de los raperos aun no eran lo suficientemente aspiracionales, quizás lo pretendían, pero no lo lograban. Fue en ese momento cuando Jay-Z grabó el videoclip de su canción Big Pimpin’ alquilando el mayor barco disponible y grabando las tomas en la isla de Trinidad durante el carnaval. El valor añadido que le dio a su persona por proyectarse como un auténtico hombre exitoso hizo que grandes personalidades del mundo de los negocios se fijaran en él. Carter supo ver que se podía beneficiar como persona de la imagen que podía transmitir como personaje.

Los pies en la calle y la mente en Wall Street

Carter siempre ha entendido con una maravillosa inteligencia nata que la mayoría de marcas comerciales necesitan personajes auténticos y que inspiren genuinidad para eliminar el halo superficial (especialmente en el mundo de la moda) y conectar emocionalmente con el cliente. Es por ello que Jay-Z siempre ha funcionado como la conexión perfecta entre la legitimidad del barrio y las marcas comerciales, creando ese nexo que el comprador final busca inconscientemente. No en vano, marcas como Armand de Brignac (champagne), Audemars Piguet (relojes), los Brooklyn Nets (equipo de la NBA), Reebok (ropa deportiva), Budweiser (cerveza) o las tecnológicas Hewlett-Packard y Samsung son algunas de las firmas que han puesto como imagen -o se han asociado- al icono neoyorkino. Por supuesto, todos ellos han contribuido a convertirlo en el billonario que es hoy.

JD Romero es experto en marketing y publicidad. Ha trabajado para algunas de las empresas más grandes del mundo en sectores como el cómic, la moda, la comida rápida o el sector editorial. Ha impartido conferencias en distintas universidades, es autor del libro ‘Pop Marketing’ y es columnista en diferentes medios de comunicación.