El tenista Carlos Alcaraz gana el Master 1.000 de Miami. (Foto: Getty Image)

En España tenemos una extraña costumbre: compararnos constantemente con nuestro predecesor. Seguro que lo sabe Carlos Alcaraz, que casi sin haber tenido tiempo material para sacarse el carnet de conducir ya ha ganado su primer gran torneo, el Masters 1000 de Miami, convirtiéndose además en el primer español en vencer en la ciudad que se pronuncia con acento cubano (maiami). Raro sería que no fuera consciente de ello, porque uno revisa la prensa o Twitter tras su victoria y se encuentra una constante comparación y una recurrente manera de definirlo: el nuevo Nadal. Otra vez el mismo error que tantas veces cometemos, ya sea con los iconos deportivos, en nuestro día a día o en nuestros trabajos.

Seguro que alguna vez os ha pasado. Llegáis a un trabajo nuevo o promocionáis y hay alguien que ha tenido una impronta personal característica, una forma de hacer las cosas que ha dejado huella, o quizá simplemente hábito. Probablemente, en algún momento os hayan llegado a definir como “El nuevo Juanma” (por poner un nombre al azar). Uno ya no es uno mismo, como en “Cara a cara”, sino el reemplazo de la otra persona. Al menos, durante unos días o semanas. Ese es el momento clave para rebelarse y clamar que no eres la otra persona, sino tú mismo, con otra forma de proceder distinta, con nuevos defectos y otras formas de alcanzar el éxito.

A lo largo de los años, uno de los errores más frecuentes que me he encontrado en el entorno profesional es el de ver a gente tratando de parecerse a la persona que sustituyó, usando sus mismas fórmulas, lenguaje y hasta vestimenta. De repente, dejan de ser ellos mismos para convertirse en la versión que observaron, pero no se dan cuenta de que sólo unos pocos tienen la capacidad de ser Carlos Latre. La mayoría, cuando imitamos, acabamos haciendo algo extraño; muchas veces, terminamos haciendo el ridículo. Algo similar pasa en el trabajo. Cuando uno no es quien de verdad es, acaba quedando impostado, incurre en contradicciones o, sencillamente, parece la versión de Hacendado de su predecesor.

Por eso es tan importante que Carlos Alcaraz sea Carlos Alcaraz y no el nuevo Rafa Nadal. Porque logrará cosas excelentes, pero serán muy distintas a las del tenista de Manacor, porque recorrerá su propio camino y no el que otro hizo, porque no será capaz de ganar en algunos terrenos, pero lo hará en otros. Y porque, sencillamente, sea para jugar en Miami o trabajar en Alcobendas, uno vive mucho más cómodo cuando sólo tiene que portar su propio peso. Si alguna vez te llaman “el nuevo cualquiera”, haz un break y recupera el saque.

Feliz lunes y que tengáis una gran semana.