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Estas diminutas escamas fósiles desvelan cómo eran los tiburones hace 7.000 años

Tiburón de Port Jackson (Heterodontus portusjacksoni), dentículos dérmicos. Nueva Gales del Sur, Australia. FOTO: Auscape/Universal Images Group vía Getty Images

Es fácil preguntarse cuántos tiburones habría antes de que los humanos empezáramos a pescar de forma intensiva en nuestros océanos. ¿Unas decenas más? ¿Cientos? Pero, ¿cómo podríamos saberlo? En la mayoría de los ecosistemas marinos no existe un registro histórico que nos diga cómo era realmente una población de tiburones intacta. Y si no sabemos cómo era la «salud» del ecosistema antes de los grandes impactos humanos, ¿cómo podemos saber cuánto han caído las poblaciones o cómo debería ser su recuperación? Un nuevo estudio realizado en Panamá ofrece una forma poco habitual de responder a esta pregunta: mirar hacia abajo.

Un archivo biológico en el lecho marino

En lugar de basarse únicamente en estudios modernos, los investigadores examinaron los diminutos dentículos dérmicos fósiles que cubren el cuerpo de los tiburones; como huellas dactilares, estas microscópicas escamas pueden contener información sobre las especies que habitaban un ecosistema. Cuando los tiburones pierden estas escamas, estas pueden acumularse en los sedimentos del fondo marino. Algunas permanecen preservadas durante miles de años, creando una especie de archivo biológico.

Así, en este estudio los investigadores analizaron 3.497 dentículos procedentes de 157 muestras de sedimento recogidas a ambos lados del istmo de Panamá, regiones geográficamente próximas pero ambientalmente muy distintas (Bocas del Toro, en la costa caribeña de Panamá, y el golfo de Panamá, en el lado pacífico). Estudiaron sedimentos del Holoceno medio (hace aproximadamente entre 7.000 y 3.000 años, antes de la explotación humana intensiva) y los compararon con sedimentos representativos del último siglo aproximadamente. Esto les permitió establecer una línea de base que va más allá de los primeros registros pesqueros o los primeros estudios científicos, remontándose miles de años atrás.

Lo que descubrieron resultó llamativo: a lo largo de esos milenios, ambas regiones evolucionaron en direcciones muy distintas. En el Caribe, la acumulación de dentículos de tiburón descendió alrededor de un 75% respecto a la línea de base del Holoceno medio, lo que significa que se estima que los tiburones eran unas cuatro veces más abundantes antes de que comenzara la pesca intensiva. El declive fue especialmente pronunciado entre los tiburones pelágicos, incluidos grupos de especies como los tiburones réquiem y los martillo, habitualmente objetivo de las pesquerías. Los tiburones demersales también pasaron a representar una mayor proporción de la comunidad restante, pero eso no significa que sus poblaciones prosperaran: su abundancia absoluta también disminuyó de forma sustancial.

Un panorama muy distinto en el Pacífico

El Pacífico panameño, en cambio, cuenta una historia muy diferente. Antes del impacto humano significativo, los arrecifes del Pacífico panameño albergaban aproximadamente 20 veces más tiburones que los del Caribe, y la acumulación de dentículos se mantuvo comparable a los niveles del Holoceno medio. Los tiburones pelágicos siguieron representando más de dos tercios del conjunto de dentículos, y la estructura general de la comunidad de tiburones no cambió de forma significativa a lo largo de los milenios reflejados en el registro sedimentario; un dato especialmente llamativo si se tiene en cuenta que el Pacífico panameño ha soportado históricamente más del 95% de la presión pesquera del país.

Microscopic Detailed View of Dogfish Placoid Scales and Shark Skin Anat
Vista microscópica detallada de las escamas placoideas de una mielga y anatomía de la piel de tiburón. FOTO: Getty Images

¿Cómo pudieron los tiburones mostrarse relativamente resilientes en el lugar sometido a mayor presión pesquera, mientras que los del Caribe declinaron pese a soportar niveles de pesca más bajos? Los investigadores apuntan a la oceanografía como parte de la respuesta. El Pacífico panameño experimenta un afloramiento estacional (upwelling), un fenómeno en el que aguas profundas, frías y ricas en nutrientes ascienden hacia la superficie. Esos nutrientes alimentan la base de la red trófica, favoreciendo un mayor fitoplancton, más peces y, en última instancia, más energía disponible para los grandes depredadores. El Caribe, en cambio, es más oligotrófico, es decir, sus aguas contienen menos nutrientes. Esta diferencia entre ambas regiones se amplifica a medida que la energía avanza por la red trófica, dando lugar a una biomasa de peces sustancialmente mayor en el Pacífico. Dicho de otro modo, el Pacífico podría haber contado simplemente con un «presupuesto» ecológico mucho mayor para sostener tiburones.

Repensar los objetivos de conservación

El equipo sostiene que estos nuevos hallazgos deberían cambiar la forma en que planteamos los objetivos de conservación. Asumir que dos regiones con especies de tiburones similares tienen la misma capacidad de carga podría llevarnos a subestimar lo que un ecosistema es realmente capaz de sostener, además de resultar biológicamente poco realista. Por ello, los investigadores defienden que el contexto ambiental debe considerarse junto con la historia de vida de los tiburones, la presión pesquera, la disponibilidad de hábitat y la conectividad.

Además, los autores insisten en que «resiliente» no significa, ni debería significar, «a salvo», y se cuidan de sugerir que las poblaciones de tiburones del Pacífico sean inmunes a los impactos humanos. El registro fósil ofrece una perspectiva a largo plazo, pero como las muestras más recientes abarcan aproximadamente desde el siglo XX hasta hoy, los declives ocurridos durante el periodo más intenso de la pesca moderna de tiburones podrían resultar difíciles de detectar. Las amplias categorías ecológicas utilizadas para clasificar los dentículos también pueden enmascarar cambios en especies concretas; de hecho, los datos pesqueros indican que algunas poblaciones de tiburones del Pacífico se han vuelto cada vez más inestables desde principios de la década de 2000. El registro a largo plazo parece mostrar que el Pacífico panameño ha tenido históricamente una alta capacidad para sostener grandes poblaciones de tiburones, y que esa capacidad podría haberlos protegido de presiones pasadas, pero eso no garantiza que vayan a seguir resistiendo el aumento de la presión pesquera y otros cambios ambientales.

Conviene recordar que los ecosistemas actuales son instantáneas y, en ocasiones, instantáneas de ecosistemas que ya han sido profundamente alterados. Los registros fósiles nos ofrecen otra perspectiva sobre este momento capturado en la actualidad, revelando cambios ecológicos que se produjeron mucho antes de que los científicos empezaran a contar tiburones. Pero, ¿qué ocurre cuando las condiciones ambientales que antes protegían a una población empiezan también a cambiar? Se prevé que el cambio climático reduzca la productividad oceánica en algunas zonas del Pacífico Tropical Oriental, lo que podría debilitar precisamente las condiciones ecológicas que han sostenido a sus tiburones durante milenios. Si la productividad cae mientras la presión pesquera se mantiene alta, ¿podría una población que hasta ahora parecía resiliente cruzar un umbral hacia un declive rápido?

Son preguntas difíciles, pero son precisamente el tipo de preguntas que los registros ecológicos a largo plazo nos permiten formular. Una diminuta escama de tiburón enterrada en un sedimento de arrecife antiguo puede parecer insignificante, pero miles de esas escamas, superpuestas a lo largo del tiempo, pueden decirnos no solo cuántos tiburones hemos perdido, sino qué era capaz de sostener el océano antes de que lo transformáramos. Quizá esa sea la línea de base que necesitamos para construir un futuro más inteligente para los tiburones. Este nuevo estudio es un gran argumento a favor de ello.

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