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Mar Malagón, referente internacional en obesidad: «La ciencia debe formar parte de la estrategia de cualquier país»

La catedrática de la Universidad de Córdoba recibe el Wertheimer Award 2026 y reivindica más inversión sostenida, menos burocracia y una carrera investigadora capaz de retener talento y acelerar la llegada de los avances a los pacientes

Mar Malagón
María del Mar Malagón, catedrática de Biología Celular de la Universidad de Córdoba y subdirectora científica del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC)

La obesidad atraviesa uno de los momentos de mayor transformación de las últimas décadas. La llegada de nuevos tratamientos farmacológicos ha cambiado las posibilidades terapéuticas frente a lo que, por fin, se considera una enfermedad crónica y que, durante años, se abordó, fundamentalmente, mediante cambios en el estilo de vida o cirugía. Pero esta revolución clínica tiene detrás décadas de investigación dedicada a comprender cómo funciona el metabolismo, qué papel desempeña el tejido adiposo y qué mecanismos biológicos intervienen en el desarrollo de la enfermedad.

Parte de ese trabajo lleva sello español. María del Mar Malagón, catedrática de Biología Celular de la Universidad de Córdoba y subdirectora científica del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC), lleva más de tres décadas investigando los mecanismos que regulan el tejido adiposo y el metabolismo energético. Esta trayectoria que acaba de recibir uno de los reconocimientos internacionales más relevantes de su especialidad: el Wertheimer Award 2026, concedido por la World Obesity Federation (WOF). El galardón distingue aportaciones sobresalientes a la investigación básica que han contribuido a comprender los mecanismos biológicos de la obesidad y a abrir nuevas posibilidades para su prevención, diagnóstico y tratamiento.

En esta entrevista con Forbes Health, Malagón reflexiona sobre el camino que ya hemos recorrido en la actual revolución terapéutica de la obesidad, pero también señala los grandes interrogantes que permanecen abiertos.

¿Qué hemos aprendido sobre la obesidad en las últimas décadas?

En las últimas décadas, hemos aprendido que la obesidad es mucho más que un exceso de peso. La evidencia científica demuestra que es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, en la que intervienen factores biológicos y genéticos, determinantes ambientales, psicológicos y socioeconómicos, algunos medicamentos, la falta de sueño, el estrés y, por supuesto, los hábitos de vida no saludables. Todos ellos, con diferente importancia en cada persona, confluyen en una acumulación excesiva o anómala de tejido adiposo.

Cuando este tejido se vuelve disfuncional, se establece un estado de inflamación crónica de bajo grado y los lípidos, que deberían almacenarse en él, se depositan en otros órganos, alterando su funcionamiento, lo que explica la asociación de la obesidad con otras enfermedades, desde enfermedad cardiovascular a hipertensión, diabetes tipo 2, enfermedad hepática y renal o ciertos tipos de cáncer.

Comprender esta complejidad es esencial para combatir el estigma y entender que hay que ofrecer a las personas que viven con obesidad una atención integral, personalizada y mantenida en el tiempo.

Sociedades como SEEDO y asociaciones de pacientes tienen, entre otros objetivos, conseguir este abordaje personalizado. ¿Se está consiguiendo? ¿Cómo están contribuyendo los nuevos tratamientos a mejorar este abordaje?

Efectivamente, los últimos años han supuesto un punto de inflexión en el abordaje de la obesidad. Afortunadamente, hemos asistido al desarrollo de fármacos con una eficacia sin precedentes para la pérdida de peso, ofreciendo por primera vez una alternativa terapéutica muy efectiva más allá de la cirugía bariátrica o metabólica.

Detrás de esta revolución hay décadas de investigación básica. Un ejemplo paradigmático es el descubrimiento del GLP-1, una incretina intestinal que regula la saciedad y el metabolismo, sobre el que se basan los fármacos actualmente disponibles. El trabajo de cinco científicos permitió establecer su biología y sentó las bases para el desarrollo de los agonistas del receptor de GLP-1, hoy fundamentales en el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad. En reconocimiento a esta contribución excepcional, recibieron el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2024. Este ejemplo demuestra que la investigación básica es la base de los grandes avances clínicos.

¿Cree que la investigación básica sigue siendo la gran desconocida?

La investigación básica sigue siendo, en muchos casos, una gran desconocida para la sociedad porque sus resultados no siempre tienen una aplicación inmediata. Sin embargo, constituye el primer paso imprescindible para comprender los mecanismos de las enfermedades y desarrollar nuevas estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento. En obesidad, por ejemplo, los avances clínicos de los últimos años han sido posibles gracias a décadas de investigación sobre la biología del tejido adiposo, las hormonas que produce o la regulación del metabolismo.

En nuestro caso, trabajamos en estrecha colaboración con investigadores clínicos, que nos trasladan los principales retos que encuentran en la práctica asistencial y nos proporcionan muestras de pacientes cuidadosamente caracterizados. A partir de ahí, intentamos identificar los procesos celulares y moleculares responsables de la enfermedad. Esa interacción continua entre laboratorio y clínica permite orientar la investigación hacia preguntas relevantes y acelerar la transferencia del conocimiento en beneficio de los pacientes.

Dado su valor, ¿cree que se debería mejorar la inversión en ciencia básica? ¿Qué permitiría el hecho de que esta dotación económica fuera mayor?

La investigación básica requiere una visión a largo plazo. Sus resultados no siempre son inmediatos y existe un componente inevitable de incertidumbre. Pero, precisamente, esa capacidad de explorar preguntas nuevas es la que hace posible los grandes avances científicos.

Por ello, es fundamental incrementar la inversión tanto en proyectos competitivos como en su continuidad, evitando que líneas de investigación prometedoras se interrumpan por falta de financiación. Igualmente, es importante invertir en las personas. Necesitamos una carrera investigadora estable y atractiva que permita retener el talento y ofrecer oportunidades a las nuevas generaciones de científicos.

La financiación debe sustentarse en procesos de evaluación rigurosos que apoyen las mejores ideas y a los grupos con mayor capacidad de desarrollarlas. Todo ello requiere un compromiso firme de las administraciones públicas, ya que la ciencia debe formar parte de la estrategia de cualquier país. Al mismo tiempo, sería deseable impulsar una mayor participación de la financiación privada y del mecenazgo, siguiendo el ejemplo de otros países con una larga tradición de apoyo a la investigación.

España cuenta con grupos de investigación muy competitivos en biomedicina. ¿Qué fortalezas nos han permitido situarnos entre los referentes internacionales en este campo?

España se ha situado entre los referentes internacionales en investigación biomédica gracias a una combinación de fortalezas: investigadores altamente cualificados, una red consolidada de universidades, hospitales e institutos de investigación sanitaria, y una cultura creciente de colaboración nacional e internacional. La participación en consorcios europeos y el refuerzo de la investigación básica y clínica, junto con su estrecha interacción, han sido claves para trasladar el conocimiento hacia los pacientes.

Este modelo lo vivimos cada día en Córdoba, donde la colaboración entre la Universidad de Córdoba, el Hospital Universitario Reina Sofía y el IMIBIC nos permite abordar los grandes retos biomédicos, incluyendo la obesidad, desde una perspectiva multidisciplinar. En este ámbito, contamos además con centros y redes de excelencia como el CIBEROBN, así como con sociedades científicas como la SEEDO, que desempeñan un papel fundamental en la formación, la colaboración entre profesionales y la difusión de los avances científicos, contribuyendo a fortalecer el liderazgo de la investigación española en obesidad.

¿Qué necesita la investigación española para seguir siendo competitiva y atraer talento?

Para mantener y reforzar la competitividad de la investigación española necesitamos, ante todo, una inversión sostenida y planificada que nos acerque a los niveles de los países líderes en I+D. También debemos ofrecer una carrera investigadora estable y atractiva, capaz de retener el talento y atraer a jóvenes investigadores con perspectivas de futuro.

Es importante, igualmente, consolidar programas que favorezcan la colaboración público-privada y promover una investigación orientada a los grandes retos de la sociedad, como comentaba antes, siempre con criterios de excelencia en la selección de proyectos y personal investigador. Además, junto a la investigación básica, tenemos que fomentar e impulsar la innovación y la transferencia del conocimiento para que los descubrimientos lleguen antes a los pacientes y generen impacto económico y social. Y, por último, un deseo: ojalá se pudiera simplificar la burocracia asociada a la gestión de los proyectos. Los investigadores necesitamos más apoyo administrativo para dedicar nuestro tiempo a lo que realmente sabemos hacer: investigar.

A día de hoy, ¿cuáles diría que son los retos pendientes en la investigación sobre obesidad? ¿Qué preguntas debería responder la próxima generación de investigadores?

A pesar de los enormes avances de los últimos años, todavía quedan muchas preguntas por responder. Necesitamos comprender mejor por qué la obesidad se desarrolla de forma tan distinta en cada persona y qué peso tienen, en cada caso, los factores genéticos, biológicos, ambientales, psicológicos y socioeconómicos. También debemos avanzar hacia una clasificación de la obesidad que vaya más allá del índice de masa corporal y que tenga en cuenta la cantidad y distribución de la grasa, pero también la función del tejido adiposo y la presencia de complicaciones.

Será fundamental identificar biomarcadores que permitan predecir quién desarrollará enfermedad y quién responderá mejor a cada tratamiento. También será importante conocer los mecanismos de acción de los fármacos, no solo de los disponibles actualmente, sino también de la amplia batería de tratamientos en desarrollo, como base para avanzar hacia una medicina personalizada y de precisión. Y no nos podemos olvidar de cómo mantener la pérdida de peso, preservar la masa muscular y garantizar tratamientos eficaces, seguros, accesibles y libres de estigma.

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