Hay marcas que venden productos. Y luego están las que terminan formando parte de la identidad de un lugar. Damm pertenece a esta segunda categoría. Y sus 150 años no son solo una cifra: son la historia líquida de Barcelona.
La cervecera ha celebrado su siglo y medio de vida con una doble puesta en escena que dice mucho de lo que es hoy la compañía: una gala en el Gran Teatre del Liceu y un cierre gastronómico en el Mercado de la Boqueria. Cultura y calle. Tradición y presente. Barcelona, en esencia.
Del Liceu al mundo: una empresa que creció sin perder su origen
Más de 1.500 personas –entre autoridades, empresarios, referentes culturales y deportivos– se reunieron en el Liceu para conmemorar una trayectoria que arranca en 1876 y que hoy se traduce en una compañía global.
Porque si algo define a Damm es esa evolución constante sin renunciar a su ADN. En apenas 25 años, el grupo ha pasado de facturar 200 millones a superar los 2.000 millones de euros. Un salto que la sitúa como uno de los grandes actores internacionales del sector cervecero. Pero el mensaje central de la noche no fue económico. Fue humano.
El presidente ejecutivo, Demetrio Carceller Arce, puso el foco en las personas que han construido la compañía generación tras generación. Una forma de recordar que, detrás de cada marca consolidada, hay cultura empresarial, continuidad y visión.
Una narrativa emocional: música, memoria y Mediterráneo
La gala, conducida por Sílvia Abril y David Verdaguer, evitó el tono corporativo clásico para convertirse en una experiencia sensorial. Música, relato y memoria se entrelazaron en un recorrido por los pilares de la marca: producto, industria, internacionalización y cliente.

La banda sonora –dirigida por el compositor Lucas Vidal– recuperó el imaginario Mediterráneamente, ese concepto que Damm ha convertido en una de las estrategias de branding más reconocibles de España.

Sobre el escenario, artistas como Santi Balmes o Rigoberta Bandini pusieron voz a una narrativa que trasciende la cerveza: la idea de un estilo de vida.
De la ópera al mercado: el verdadero ADN
Pero si el Liceu representó la historia, la Boqueria simbolizó la esencia. Allí, entre producto fresco, chefs de referencia y cocina de raíz, Damm cerró la celebración con un homenaje directo a su ecosistema natural: bares, restaurantes y gastronomía.
Desde platos tradicionales como el fricandó o el bacalao a la llauna hasta propuestas más contemporáneas, la cena fue un recordatorio claro: la cerveza no se entiende sin mesa. Y Damm, tampoco sin Barcelona.

La presencia de nombres como Joan Roca, Albert Adrià o los chefs de Disfrutar reforzó esa conexión con la alta gastronomía, uno de los territorios donde la marca ha sabido posicionarse con inteligencia en los últimos años.
Mucho más que cerveza
El acto dejó una idea clara: Damm no celebra solo su pasado, sino su capacidad de seguir siendo relevante.
En un momento en el que las marcas compiten por atención, pocas pueden presumir de algo más valioso: pertenecer al imaginario colectivo de una ciudad. Y ahí está la clave. Porque Damm no solo ha acompañado a Barcelona durante 150 años. Ha ayudado, en parte, a definir cómo sabe, cómo se vive y cómo se celebra. Y eso, en términos de marca, es mucho más difícil que vender cerveza.

