El primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson, quiere costear una carísima reforma en su vivienda oficial, en Downing Street, con donativos.

En medio de una pandemia que está dejando la economía de su país en números rojos, Johnson ha decidido pedir dinero al pueblo para cambiar la decoración de su residencia. Según recoge The Daily Mail, la idea es poner en marcha una charity (organización benéfica) para recaudar fondos.

Las críticas no se han hecho esperar. Los tabloides han cargado contra el primer ministro y su novia, Carrie Symonds, a la que se refieren como Lady Macbeth Ana Bolena o incluso Evita Perón.

Según la revista Tatler, Symonds ha decido imponer su estilo para acabar con “la pesadilla de muebles de John Lewis que dejó Theresa May (la anterior primera ministra)”. Al parecer ya habría finalizado los primeros cambios: pintar el salón principal de la residencia de un tono verde intenso o no colgar cuadros de la colección de arte del gobierno que la pareja tiene a su disposición.

Unos gastos “absolutamente fuera de control”

Boris Johnson se habría echado las manos a la cabeza al comprobar que los gastos del lavado de cara de la vivienda estarían “absolutamente fuera de control”. Como media para poder sufragarlos, el ministro ha pedido a su amigo David Brownlow que ponga en marcha una entidad pública, similar a la que tiene la Casa Blanca, para invertir en la remodelación de Downing Street.

En Estados Unidos hay una tradición por la que, los presidentes entrantes y sus familias, pueden gastar hasta 100.000 dólares en reformas para la residencia oficial. La estrategia de Johnson es establecer un mecanismo similar con donaciones privadas, pero ampliándolo a todo el complejo de Downing Street (en el 10 viven los chancellor y en el 11 los primeros ministros).

La Oficina del Gabinete ya ha informado a Johnson del riesgo que supone esta charity por el supuesto conflicto de interés que podría suponer cada donación, que la ley limita a 35.000 euros por contribuyente en Reino Unido.

Por su parte, el portavoz del Gobierno ha declarado que Downing Street es “un complejo de oficinas que contiene, además, dos residencias oficiales. Como ya ha ocurrido con anteriores gobiernos, necesita periódicamente de mantenimiento y remodelación”. El portavoz ha finalizado con un tajante: “Todo lo referente a las obras del edificio, residencias incluidas, aparece en el informe anual de cuentas y gastos”. De esta forma, no ha desmentido ni confirmado la polémica.