Camaleón. Ave Fénix. Cucaracha. A Juan carrasco (Logroño, 1967) se le ha comparado a menudo con varios animales conocidos por su capacidad para sobrevivir a cualquier cataclismo. Ante todo, se define como un político de pura raza. Pero el Juan de hoy también es un gran empresario que ha llegado al Ibex 35 por la puerta (giratoria) grande. Juan es ese tipo de persona que después de cada caída se vuelve a levantar para volverse a caer una y otra vez. Es odiado y es amado a partes iguales. Es humano, tal vez demasiado. Es alguien importante, por eso le dedicamos nuestra portada, pero también es un don nadie. Es padre y marido; qué tipo de padre y marido es otro tema. Amigo o enemigo, y las dos a la vez. Juan carrasco eres tú, soy yo. Juan carrasco somos todos.

Ah, y tiene muy buen pelo. Esto es algo que por contrato nos vemos obligados a recalcar para que accediera a ser entrevistado. Llega a nuestra portada para hablarnos del éxito y el fracaso, dos caras de la misma moneda en su vida. Y hablando de monedas, intentaremos ahondar en uno de los temas más escabrosos de su vida política y que ahora es de total actualidad: los Operación Calvo.

Empezamos enumerando su variopinta trayectoria, que pasa por ejercer como Ministro de Agricultura y Pesca, vicepresidente del Gobierno o profesor de Biología en un instituto. «Te voy a decir algo off the recording para que no lo escuchen tus jefes, pero te has dejado varios hitos de mi carrera», nos interrumpe Carrasco con una sonrisa. «Como cuando saqué mi primer libro, Demogracia, 101 chistes de políticos. No es por ponerme a presumir ahora, pero fue uno de los 50 libros más vendidos en la gasolinera del kilómetro 78 (Carretera Extremadura). No todos los días se escribe un best-seller. Esto no te lo digo off the recording, esto lo puedes publicar si quieres. Y preguntarme por mi pelo, son cosas que no me importan».

Pero el motivo de nuestro encuentro no tiene que ver con su muy comentado en redes (fue trending topic en Twitter) cambio de imagen capilar, sino con su giro profesional. Siguiendo los pasos de tantos otros importantes cargos, ha dejado atrás la política profesional para reconvertirse en uno de los empresarios mejor relacionados del sector energético, como parte del consejo de administración de EnterGas.

¿Cuáles son sus claves para llegar al éxito y lograr mantenerse?

Me alegra que me haga esa pregunta porque nadie me ha regalado nada. Lo he tenido que pagar yo con la caja B del partido. En cuanto a las «claves» (méteme las comillas ahí, por favor) la formación y los requisitos que se piden para dirigir una compañía privada, para estar entre los empresarios más influyentes de vuestra lista Forges, son básicamente los mismos que se piden para dirigir un partido político.

¿Que son?

Ninguno. No me han pedido ni los másteres falsos. Pero respondiendo a tu pregunta te diré que no, que no me dio ningún miedo reinventarme 380 grados de político top a empresario de alto standing. Y si no me lo has preguntado, te lo respondo igualmente. ¿Me has puesto las comillas donde te he dicho?

El paso de Carrasco por la política fue tan accidentado como lleno de sorpresas. Uno de los movimientos más inesperados fue su meteórico ascenso de ministro a vicepresidente. En aquel momento llegó a comentarse que albergaba ambiciones de alcanzar la Moncloa, y se barajó como futurible sucesor del presidente. Sin embargo, todo quedó en agua de borrajas cuando su nombre apareció vinculado a un escándalo de corrupción, y fue cesado. Él elude describir aquello como un fracaso. «Sólo eran rumore rumore, como decía la mítica canción de Rafaela Aparicio», comenta. «Yo, de hecho, he estado en Moncloa cuando he querido. Como vicepresidente, como ministro, como profesor del instituto público Batalla de Clavijo de Logroño (el viaje de fin de estudios fue a Madrid). Vivir en Moncloa, además, está sobrevalorado. ¿No se ha dado cuenta de que cada vez que alguien se muda allí cambia algo? Los colchones, los cuadros, la Ley de Educación… Eso es porque la gente no está cómoda. No quiere vivir allí. Así que no, no puedo considerarlo un fracaso. ¿Han vivido ahí gente como Cristiano Ronaldo, Brad Pitt o Bono? Que yo sepa no. Con Bono no me refiero al político, claro, sino al cantante de Coldplay. ¿Y les consideraría fracasados por eso? En absoluto, nadie lo haría. Y con esto no me estoy comparando con ellos, cuidado, cada uno de nosotros hemos logrado éxito en lo nuestro».

¿Cuál fue el detonante de que decidiese abandonar la política y pasarse a la empresa privada?

Pues mira, hay una frase que escuché un día y me cambió la vida. ‘El punto de partida de todo logro es el deseo’, no me acuerdo si lo dijo Albert Einstein o David Civera, pero esa frase yo la he llevado siempre muy dentro. Y un día, me di cuenta de que yo ya no tenía más deseos dentro de la política. No sabría decirte qué día fue ese. Pudo ser el día en el que hasta el Partido Humanista Solidario Andaluz tuvo más votos que el mío. En Galicia. Te lo podría contar de dos maneras. La buena, es que sólo me sacaron cuatro votos de diferencia. La mala, es que sacaron cuatro votos. Eso me hizo pensar. Pero el cuerpo me pedía cambiar de aires. Habrá quien diga que la nómina también pudo influir. Yo lo digo, por ejemplo. ¿Su cambio al sector eléctrico ha levantado ampollas en su anterior partido? Ni lo sé ni me importa, ¿y sabes por qué? Porque yo, a diferencia de ellos, no soy una persona rencorosa. Me da igual lo que piensen, de verdad, no hay rencillas con mis antiguos compañeros, puede pensar lo que quiera esa panda de mediocres, lo que quieran pueden pensar, aunque no creo que piensen mucho con esa cabeza de gilipollas que tienen. Y te digo una cosa, si algún día me entero de que dicen algo malo sobre mí, no pienso entrar al trapo. No pienso hacer nada. No pienso hablar con los técnicos de EnterGas para que localicen sus domicilios y les corten la luz y el gas el día más jodido de frío para ver cuántas ganas les quedan de seguir hablando de mí cuando se les empiecen a congelar hasta los pelos. Si es que tienen pelo, porque la mitad son calvos. Que asco los calvos, de verdad. ¿No me vas a preguntar por mi pelo?

En ocasiones se ha puesto en entredicho la validez de la formación de Carrasco, que un ministerio le quedaba grande. Las críticas volvieron con más fuerza cuando entró en EnterGas, una de las empresas energéticas líder. Ante estos comentarios, él se enorgullece y reivindica los conocimientos adquiridos en el pasado que puede aplicar hoy en la empresa: «La biología me ha enseñado lo importante que es tener la capacidad de adaptarse al entorno en cada momento», enumera. «Saber mudar la piel. La ecdisis; la vicepresidencia me ha enseñado a conocer las tripas del Estado desde dentro. Los resortes del poder; y la agricultura que la borraja y el cogollo son vegetales (pensaba que eran peces, no sé por qué), que en Villaconejos producen muy buen melón y que los pimientos de Padrón unos pican y otros no».

¿Hay más puñaladas en las reuniones de la alta política o en las del IBEX?

Más que puñaladas, en la alta política hay sablazos. A los fondos públicos, a las tarjetas black… Por eso dejé la política también, porque uno tiene sus principios y para mí era muy incómodo ver cómo por el mero hecho de estar ahí te ponían delante bolsos de pitón, trajes de primeras marcas, mariscos. A mí, sin ir más lejos, se me puso el ácido úrico por las nubes. Carabineros, centollos, coquinas. Son una trampa. Te los comes como si fueran pistachos, pero no, no son. Y claro, a la larga, en un par de legislaturas, te destroza las analíticas. Para el Estado es una pérdida económica, vale, pero es que para el corrupto es tu salud, tu propia integridad física. Pero esa parte no se analiza porque no interesa, claro. Ese sacrificio físico por estar en política no conviene sacarlo. ¿Qué le dice la palabra chiringuito? Que todavía se hace televisión de calidad en este país. Tic tac. Lobo Carrasco. Josep

Pedrerol. Tomás Roncero. El café Gijón del siglo XXI.

Claro que hay políticos a los que admiro. De los que aún están en activo, me encanta por ejemplo Nelson Mandela. ‘YeS, we can’. ‘I have a dirnk’.

¿Y puerta giratoria?

Me dice mucho. Me dice ‘puerta que gira’, ‘puerta que da vueltas’, ‘puerta para entrar a un hotel’… Lo que no me dice, fíjese, es ‘puerta que permite a un ex político acceder a un puesto importante en la empresa privada aprovechándose de su cargo público’.

En su momento, el regreso a la política de Carrasco fue sorpresivo; tras ser cesado, creó su propio partido con el que acabó presentándose a las elecciones como número dos en las listas (en otro giro sin aparente explicación). Esta breve resurrección política vino después de lo que muchos consideraban su retirada definitiva de la esfera pública.

¿Logroño se le quedaba pequeño?

No es que se quede pequeño. ‘Es’ pequeño. Ni te cuento lo que es un martes de febrero por la noche. Pero, cuidado, que cuando fui alcalde hice todo lo posible por hacerlo grande. Llevé a fiestas de San Mateo a Serafín Zubiri, Greta y los Garbo y Danza Invisible; inauguré las jornadas internacionales de pincho de oreja; creé la mascota del Logroñés, que se llama Señor Gol porque si se fija Señor Gol es Logroñés al revés… También aposté, por cierto, por el mundo ‘luces de Navidad’, pero alguien se fue de la lengua y se nos adelantó Vigo. En su día me dolió mucho, pero te digo una cosa, ahora que trabajo en una energética ha llegado mi hora de vengarme. Sólo con los dividendos que me voy a llevar gracias a la factura que les vamos a cascar al Ayuntamiento de Vigo estas Navidades me voy a comprar las islas Cíes y voy a abrir un Leroy Merlin. En fin, que hice todo lo que pude. Está claro que no somos un Valladolid, un Zaragoza, pero, oye, tampoco somos un Badajoz. O un Zamora.

Su partido tuvo un recorrido corto y sin excesiva brillantez. Sin embargo, no se olvida del todo de su pasada vocación ni descarta reaparecer. De hecho, en ocasiones habla de su partido como si aún estuviese vigente y hubiese obtenido un número considerable de votos. Es tentador hacer un ejercicio de política-ficción e invitarle a que deje volar su imaginación.

¿Si hubiera podido fichar a tres españoles de cualquier campo para su partido, a quiénes hubiera elegido?

Pues mira, creo que la política actual se está olvidando de las nuevas voces. Por eso, creo que ahora la clave para la renovación política consiste en contar con gente joven como Jimmy Giménez-Arnau, el rubio de Cruz y Raya o Frank de la Jungla. Y como soy sensible a los nuevos movimientos como el TwoMee, me gustaría incorporar en mi gabinete a alguna mujer porque ya está bien de que siempre seamos los hombres los que decidimos todo. Por eso, me gustaría contar con alguien como Carmen Mola.

¿Se considera desencantado de la política o todavía admira a algún político?

Claro que los hay. Te voy a decir dos, uno vivo y otro muerto. De los que aún están en activo me encanta por ejemplo Nelson Mandela. Yes, we can. I have a drink.

¿Y de los que ya no están?

Me gustaba mucho Ángel Gabilondo.

En sus cargos públicos o privados se ha caracterizado por una entrega casi obsesiva al trabajo. Pero, ¿qué le gusta hacer a Juan Carrasco en su tiempo libre?

Bueno, teniendo en cuenta lo que hago en EnterGas, ir de lunes a viernes a mi despacho, lo considero tiempo libre. Pero si te referías al tiempo libre que no se desarrolla en la oficina, te diría que con el paso de los años he aprendido que lo más importante es dedicar el tiempo a estar con la gente que más quieres. Y, fuera de eso, también intento estar con mi familia.

¿Cuál es su reacción a su supuesta aparición en los ‘Operación Calvo’?

Mira, yo tengo máximo respeto por los periodistas de raza y, por eso, no puede molestarme que me hagas una pregunta así. El periodismo ha cambiado la historia de la política, no hace falta que te recuerde lo que pasó en EE UU con el ‘caso Waterworld’. Pero yo no soy Ronald Reagan. No tengo nada que esconder. Por eso te respondo que voy a esperar a ver qué dicen los jueces y acataré lo que dictaminen. Sobre todo, si dictaminan que soy inocente. Por cierto, la entrevista se está acabando y no me has preguntado por mi pelo. ¿Cuántas preguntas quedan? ¿Por qué miras el reloj, no tendrás prisa, no?