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Ángel Lucio (Tetraneuron):  «El alzhéimer es un campo lleno de fracasos, pero hemos explorado una hipótesis distinta»

Llega a fase clínica una terapia génica nacida en España que revierte la patología del Alzheimer y sus consecuencias. Según desvela su CEO en esta entrevista, Tetraneuron espera disponer en 2028 de datos más relevantes sobre el potencial clínico del tratamiento

Ángel Lucio Pereira, CEO de Tetraneuron
Ángel Lucio Pereira, CEO de Tetraneuron

El alzhéimer acumula décadas de investigación, miles de millones invertidos y una larga lista de candidatos que, aunque parecían prometedores en el laboratorio, nunca consiguieron convertirse en tratamientos eficaces. Sin embargo, los avances de los últimos años han empezado a modificar ese escenario. Y buena parte de las nuevas terapias se han concentrado en las fases iniciales de la enfermedad. Así, el reto sigue siendo enorme cuando el deterioro ha avanzado.

Es precisamente ahí donde Tetraneuron, una biotech nacida de una investigación iniciada hace más de 14 años en el Instituto Cajal del CSIC, quiere explorar una vía diferente. Su principal candidato, TET-101, es una terapia génica dirigida inicialmente a pacientes con demencia moderada causada por alzhéimer que acaba de recibir autorización para iniciar en Australia su primera evaluación en humanos.

Después de movilizar más de 14 millones de euros entre inversión y financiación y ante el desafío de demostrar ahora que los resultados observados en modelos animales pueden trasladarse a pacientes, Ángel Lucio Pereira, CEO de Tetraneuron, ha hablado con Forbes Health sobre la ciencia detrás de TET-101, el capital necesario para llevar una terapia génica hasta el mercado y las dificultades de convertir una investigación nacida en España en una biotech con ambición global.

El alzhéimer es una de las enfermedades en las que más proyectos han fracasado. ¿Por qué decidisteis investigar en alzhéimer?

En realidad, no elegimos el alzhéimer por una oportunidad de mercado; llegamos a él desde la ciencia. Tetraneuron nace de más de una década de investigación en el Instituto Cajal sobre mecanismos de neurodegeneración y, en particular, sobre el papel de E2F4 en la pérdida de la función neuronal. A partir de ahí, vimos que podíamos estar actuando sobre procesos que ocurren muy arriba en la cascada de la enfermedad, antes de muchos de los cambios que normalmente asociamos al alzhéimer. Es verdad que ha sido un campo lleno de fracasos; pero, precisamente, eso también indica que, probablemente, había que explorar hipótesis distintas. Y, además, existe una necesidad enorme en pacientes con enfermedad moderada que hoy prácticamente no tienen acceso a terapias modificadoras de la enfermedad.

¿En qué consiste la aproximación de Tetraneuron y que la diferencia de otras investigaciones?

La diferencia principal es que no intentamos eliminar una única consecuencia de la enfermedad, como el amiloide o tau. Nuestro objetivo es actuar más arriba. TET-101 utiliza terapia génica para introducir en las neuronas una variante de E2F4 diseñada para mantener la función de este factor de transcripción cuando la célula está sometida al estrés asociado a la neurodegeneración. La hipótesis es que, al restaurar esa homeostasis neuronal, podemos influir simultáneamente sobre varios procesos alterados en el alzhéimer. Hablo de la función sináptica, neuroinflamación, supervivencia neuronal o metabolismo de proteínas. En modelos animales, hemos observado recuperación de memoria y de función sináptica, además de cambios en distintos marcadores patológicos. Ahora, la pregunta realmente importante es si una parte de ese efecto puede trasladarse al ser humano.

Habéis necesitado más de 14 millones de euros de inversión para llegar hasta aquí. ¿De dónde procede ese capital y cuánto calculan que necesitarán para llevar TET-101 a los siguientes hitos clínicos?

Hasta ahora hemos combinado inversión privada con financiación pública y no dilutiva. Ha sido una mezcla de inversores que nos acompañan desde etapas muy tempranas y programas públicos de apoyo a la I+D aunque en la última ronda si entró capital profesional a través de un Venture Capital. Esa combinación ha sido esencial para llegar desde una hipótesis científica hasta un programa autorizado para entrar en clínica.

Ahora, estamos preparando una Serie A estructurada en varias etapas. El primer tramo, de alrededor de 12 millones de euros, está pensado, fundamentalmente, para ejecutar el primer estudio en humanos y continuar desarrollando la plataforma. A partir de ahí, el volumen de capital necesario aumenta de forma significativa si queremos avanzar hacia estudios confirmatorios. Nuestro objetivo es financiar hasta obtener datos clínicos que permitan decidir cuál es la mejor estructura para la siguiente etapa: continuar de forma independiente o incorporar un socio estratégico.

¿Qué hitos concretos esperáis alcanzar y en qué plazos?

El gran hito inmediato es tratar al primer paciente. Nuestro objetivo actual es hacerlo en el primer trimestre de 2027. Antes, tenemos que completar la disponibilidad del material terapeútico y toda la preparación operativa del estudio. El ensayo será una fase Ib/IIa en pacientes con alzhéimer moderado y, al tratarse de una primera administración en humanos, el primer objetivo será evidentemente seguridad y tolerabilidad. Pero también vamos a seguir biomarcadores, neuroimagen y medidas de función cognitiva que nos permitan empezar a entender si existe actividad biológica y clínica.

Si el calendario se mantiene, durante 2027 tendremos los primeros datos de seguridad y biomarcadores, y en 2028 deberíamos disponer de una lectura mucho más relevante sobre el potencial clínico del tratamiento. Ese será probablemente el punto de inflexión más importante para la compañía.

¿Cuáles dirías (de qué índole) que han sido los dos obstáculos que más han interferido en vuestros avances en investigación en España?

El primero ha sido el acceso a capital especializado y paciente. En biotecnología, puedes invertir durante muchos años antes de generar ingresos, y necesitas inversores que entiendan la ciencia, el riesgo clínico y los tiempos de desarrollo. España ha mejorado mucho, pero ese tipo de capital sigue siendo más abundante en Estados Unidos, Reino Unido o algunos países del norte de Europa.

El segundo ha sido la fabricación, que es uno de los grandes cuellos de botella de la terapia génica a nivel mundial. Diseñar un vector que funcione bien en el laboratorio es solo una parte del camino; después hay que conseguir que pueda fabricarse de forma reproducible, escalable, con la calidad y consistencia que exige una agencia regulatoria. Eso implica optimizar el propio diseño del vector, el proceso productivo, los métodos analíticos y la caracterización del producto. Es una parte muy compleja del desarrollo y, probablemente, una de las menos visibles desde fuera.

¿Por qué una terapia nacida en España comienza su evaluación en humanos en Australia? ¿Qué ventajas regulatorias, clínicas o financieras ofrece ese país?

Australia se ha convertido en uno de los países más atractivos para iniciar estudios clínicos tempranos porque combina hospitales de gran nivel, investigadores con experiencia y un marco regulatorio ágil, sin rebajar los estándares de seguridad. Para una biotech, esa velocidad importa muchísimo. Cada año de retraso supone más coste, más necesidad de capital y, sobre todo, más tiempo sin opciones para los pacientes.

Dicho esto, a nosotros nos encantaría poder iniciar también este tipo de estudios en España. Tenemos ciencia, hospitales y capacidad clínica para hacerlo. Creo que ahora hace falta también cierta valentía regulatoria, siempre dentro del máximo rigor, especialmente cuando hablamos de pacientes con alzhéimer moderado que hoy no disponen de terapias modificadoras de la enfermedad. En situaciones así, el balance entre riesgo, necesidad médica y posibilidad de beneficio debe permitir tomar decisiones ambiciosas.

Australia es nuestro punto de entrada, no nuestro destino final. Queremos desarrollar TET-101 también en Europa y Estados Unidos.

Si TET-101 llegara a ofrecer datos positivos en humanos, ¿Tetraneuron tiene capacidad para llevar el desarrollo hasta fases avanzadas o necesitará un socio?

Tenemos capacidad para liderar el desarrollo clínico inicial y queremos conservar esa capacidad porque es donde creemos que podemos generar mucho valor. Pero sería poco realista pensar que una compañía de nuestro tamaño puede llevar sola una terapia para alzhéimer hasta su lanzamiento global.

Si TET-101 demuestra una señal clínica convincente, el desarrollo posterior requerirá estudios mucho mayores, fabricación a gran escala, regulación en numerosos países y finalmente acceso al mercado. Ahí, un gran grupo farmacéutico puede aportar capacidades muy difíciles de replicar. Por eso, no vemos al socio como una salida, sino como una parte posible de la estrategia. Nuestra prioridad es llegar a una prueba clínica suficientemente sólida para poder elegir desde una posición de fortaleza cuándo incorporar ese socio y qué estructura tiene más sentido para Tetraneuron.

¿Cómo se garantiza que, si la terapia tiene éxito, el retorno de la inversión y del conocimiento generado (CSIC y financiación pública) también revierta en el sistema público y no únicamente en vuestros accionistas?

Tetraneuron no existiría sin el CSIC y eso forma parte de la propia estructura de la compañía. Parte de la propiedad intelectual fundacional se desarrolló allí y la relación entre ambas partes está regulada mediante acuerdos de licencia y copropiedad que preservan los derechos de la institución pública. Pero el retorno no es únicamente contractual. Si una compañía nacida de ciencia pública consigue crecer, contratar investigadores, realizar ensayos clínicos, fabricar en España, pagar impuestos y atraer capital internacional, una parte importante del valor vuelve al ecosistema.

Creo que ése es, precisamente, uno de los objetivos de la transferencia tecnológica: que una investigación financiada inicialmente con recursos públicos pueda transformarse en un medicamento y, al mismo tiempo, generar actividad económica, empleo cualificado y nuevo conocimiento en el país.

¿Qué busca ahora la compañía en el mercado internacional?

Estamos buscando dos cosas. La primera es capital especializado para financiar la entrada en clínica y llegar a los primeros datos en pacientes. Queremos inversores que entiendan neurociencia y biotecnología y que puedan acompañarnos durante varios años, no únicamente financiar un hito puntual. La segunda es construir relaciones con compañías farmacéuticas que puedan convertirse en socios estratégicos si los datos clínicos confirman el potencial de TET-101. Ya estamos manteniendo conversaciones de este tipo, pero no tenemos urgencia por cerrar una transacción antes de generar más valor clínico.

Nuestro objetivo es bastante sencillo. Queremos convertir una tecnología nacida en el CSIC en una compañía de neurociencia competitiva internacionalmente. Para conseguirlo, Tetraneuron tiene que seguir teniendo raíces españolas, pero operar desde el primer día como una biotech global.

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