Una mano sostiene una planta. Foto: Akil Mazumder/Pexels
Foto: Akil Mazumder/Pexels

A lo largo de estos últimos años la inversión colectiva (las gestoras de fondos y sus comercializadores) se han convertido en uno de los mayores aceleradores de las estrategias de sostenibilidad de las empresas. Sus criterios de exigencia para seleccionar las compañías en las que invierten analizan y miden críticamente cómo las empresas, con independencia de su sector de actividad, hacen evolucionar sus procesos productivos para estrechar su aportación a la huella de carbono y reducir sus consumos energéticos. Este eslabón de la cadena de la industria financiera se ha convertido en un gran estimulador de los procesos de cambio que la economía mundial tiene que experimentar para no poner en riesgo el futuro del planeta. Nadie duda de lo que nos jugamos. La valoración de las empresas por parte de los analistas y de los gestores de fondos incluye no sólo su capacidad de generación de caja, de rentabilidad, sino su aportación a la carrera urgente por regenerar el planeta.

Las gestoras han encontrado en el ESG un paraguas con el que abrigar sus inversiones en empresas sostenibles, transparentes y responsables socialmente. Pero es evidente que en medio de esta travesía de cambio existen dudas razonables sobre lo que de verdad cabría entender como estrategias de ESG (tanto por parte de las empresas como de los gestores) de aquellas que no lo son (y que en ocasiones se le ha llamado el green washing). Por eso, junto con la transparencia de los indicadores que las gestoras utilizan para evaluar a las empresas en las que invierten (sus particulares algoritmos de medición), es necesario mejorar la manera en la que los comunican. ¿Se imaginan que los gestores confesaran explícitamente en qué empresas han decidido no invertir porque sus estrategias de ESG están por debajo de los estándares que manejan? A veces tan importante como decir lo que unos hacen bien es señalar a los que deciden quedarse atrás (a los que van por detrás de la norma).

Por eso, creo que la batalla de la inversión ESG exige nuevos códigos de comunicación que hagan posible un entendimiento más transparente e inclusivo por parte de los inversores (pero no sólo de los cualificados). Es necesario afrontar estos complejos retos con una manera nueva de hacer que la realidad del ESG sea alcanzada por la sociedad. Que no sea una quimera. Lo que creo que la comunidad inversora exige es entender de una manera menos matemática y algorítmica por qué en la cesta de un fondo de inversión ESG aparecen determinadas empresas y no otras. Los inversores necesitan certezas –relatos que generen convencimiento y les permitan entender que los fondos en los que invierten reconstruyen el mundo–. Hoy en día creo que sólo un entorno tan accesible como lo será en el futuro el metaverso puede contribuir a este cambio. En Evercom hemos creado algunos guiones prácticos –con simulaciones hipotéticas– para a través del metaverso (mucho más allá de la realidad aumentada) los inversores pueden empoderar sus decisiones entendiendo mucho mejor en qué han decidido invertir y por qué con ello pueden estar ayudando a mejorar la salud del planeta, el impacto social de las empresas y su responsabilidad ante el conjunto de sus stakeholders. El metaverso no va a esperar por nadie y está al alcance de quienes con ambición crean que la comunicación para generar convencimiento exige más bidireccionalidad y menos presencialidad.

El metaverso le está abriendo a la inversión colectiva, a las estrategias ESG de las gestoras, la oportunidad de tener inversores inmersivos e informados -con derecho a pregunta. Los avatares pueden ser nuestros aliados. Ningún inversor podrá viajar al interior de las compañías en las que invierten sus fondos de manera presencial. Sin embargo, las realidades inmersivas que se pueden construir a través del metaverso, la opción de que un inversor obtenga certezas en su viaje a las tripas de una compañía, solo se la pueden dar la honestidad y transparencia de sus órganos de gestión y la posibilidad de ver y preguntar virtualmente todo aquello que quiera saber. Decía Albert Einstein en “Mi visión del mundo” que “sin personalidades creadoras que piensen por sí mismas es tan impensable el desarrollo de la comunidad como lo sería el desarrollo del individuo fuera del ámbito comunitario”. Quizá eso es exactamente lo que necesitamos en la industria de los fondos y los planes de pensiones: Gestores que estimulen la creatividad y la inmersión comunicativa para lograr que los inversores visualicemos y nos convenzamos de que nuestros ahorros son también la clave para cambiar el mundo y sus peores amenazas.

*Alberte Santos Ledo, CEO de la agencia Evercom