Con la toma militar de Ucrania por Rusia, se abre paso ahora la batalla económica entre el bloque occidental y la Federación Rusa. Según IHS Markit, “se avecina la peor crisis energética en 50 años”.

El estallido de la guerra en Ucrania y su impacto económico, avivado por las sanciones, ha sacudido el mercado de materias primas, multiplicando sus precios, lo que está provocando una subida considerable de la inflación a nivel mundial, empujando a la Fed a subir los tipos de interés y generando caídas en las principales bolsas mundiales y en la renta fija, aunque los bonos estadounidenses, el dólar y el oro están funcionando como inversiones refugio en esta crisis.

Rusia es el tercer país productor de petróleo y su gas representa un 17% a nivel mundial. En cereales, Rusia y Ucrania suman el mayor bloque de producción de trigo del mundo, con el 28% del total. Además, es el segundo mayor productor de paladio, con el 37% de la producción mundial, una cuota de producción del 7% en aluminio y controla el 13% de la producción global de esponja de titanio.

Putin ha asegurado que las sanciones occidentales contra Rusia son equivalentes a una “declaración de guerra”. La severidad de las sanciones no tiene precedentes, destacando la prohibición de los bancos rusos a acceder al sistema SWIFT, imposibilitándoles llevar a cabo transacciones internacionales. Siendo la sanción más severa la imposibilidad de que su banco central pueda acceder a sus reservas en moneda internacional. Bloquear el acceso a tales reservas imposibilita la inyección de liquidez al sistema financiero ruso y así evitar corralitos o salidas abruptas de depósitos. Adicionalmente, al no tener estas reservas disponibles, no puede defender al rublo, cuya cotización ha caído un 50% al igual que la bolsa rusa, llevando a las agencias de calificación crediticia S&P, Moody’s y Fitch a rebajar la nota de solvencia de la deuda soberana de Rusia a la categoría de bono basura.

Ante este escenario, Rusia ha impuesto sus contrasanciones como son la prohibición a los ciudadanos rusos a llevar a cabo operaciones en moneda extranjera en cualquier país; la prohibición a las empresas rusas de recomprar sus acciones, ampliaciones de capital o transacciones de repago de deuda en moneda extranjera y, por último, el impedir poner en marcha un proceso de exportación sin que los ingresos generados vayan al banco central de Rusia. Estas medidas provocaron una subida importante de Bitcoin y otros criptoactivos. Recordemos que Ucrania y Rusia han dado pasos legislativos en favor de las criptomonedas.

Por último, lo que le ha quedado claro es que el sistema monetario internacional basado en moneda fíat se le ha caído la careta con esta guerra y con las sanciones impuestas a Rusia, ya que le ha quedado claro a todo el mundo que el dólar estadounidense y el euro no son divisas neutrales, están politizadas y se han empleado como arma de guerra, provocando pérdida de atractivo fuera de los bloques económicos que las emiten. Esta situación debería beneficiar al oro y a criptomonedas como bitcoin, cuyo control, en este último, está en sus claves criptográficas y su propiedad queda trasparentemente demostrada con la existencia de blockchain. Recordemos que bitcoin es un activo real (no tiene pasivo) digital atesorable (mejor que el oro en términos de coste), de oferta inelástica (deflacionaria) y difícilmente expropiable, demostrando ser un extraordinario vehículo para transportar valor a lo largo del tiempo. 

La verdad es que este escenario recuerda a los años setenta. Si nadie lo remedia, Occidente está condenada a tener una recesión y Rusia una depresión. Los riesgos de estanflación son cada vez más evidentes, siendo la oportunidad que andaban buscando las criptomonedas.

**Ismael Santiago Moreno es Doctor en Economía de la Universidad de Sevilla.