Los mercados han dado una tregua a los inversores en los primeros meses del año. Ninguno de los peores augurios que se esperaban a finales de 2018 se ha cumplido, al menos por el momento, y eso ha animado a que los inversores vuelvan al mercado. La guerra comercial entre Estados Unidos y China no solo no se ha globalizado, sino que parece que está en vías de solución, el ‘brexit’ se ha convertido en una enfermedad endémica con la que parece que la Unión Europea tendrá que aprender a convivir durante mucho tiempo y la temida recesión aún no ha llegado, aunque sí es cierto que el ímpetu con el que crecían las economías de todo el mundo parece que está perdiendo fuerza. No es el mejor de los escenarios para los mercados financieros, aunque parece una situación en la que se puede seguir ganando dinero.

Pero los ahorradores no se fían. Según los últimos datos de la Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones, INVERCO, las suscripciones (el nuevo dinero captado) siguen llegando en pequeñas cantidades a los fondos españoles. Es más, el inicio del ejercicio se ha convertido en uno de los peores de la historia, con reembolsos que superan los 800 millones de euros. Y eso pese al buen comportamiento de las bolsas.

Algo que es consecuencia de lo que en el sector se llama aversión al riesgo, es decir, la poca apetencia por los productos de riesgo, entre los que destaca la renta variable. Por eso la categoría de fondos que más ha captado en estos meses ha sido la renta fija, seguida de los productos garantizados, aunque no hayan sido las que han aportado más rentabilidad a las carteras.

Falta alegría entre unos inversores que observan cómo los datos económicos van languideciendo, pese a que no parece que la próxima recesión esté a la vuelta de la esquina; aunque vendrá. La definición académica es bastante sencilla; se produce una recesión cuando una economía se contrae durante dos trimestres consecutivos. Y aunque parece que el consenso de los analistas no apuesta porque esta situación se produzca este año, el miedo sigue muy presente.

El recuerdo de las últimas recesiones no debe empañar un hecho; según datos de la gestora estadounidense Capital Group, estos periodos generalmente no duran mucho tiempo. Sus análisis con datos de Estados Unidos muestran que de diez ciclos desde 1950 las recesiones han oscilado entre 8 y 18 meses, y han tenido una duración media de unos 11 meses. Es más, afirman que durante los últimos 65 años, Estados Unidos ha estado en una recesión oficial menos del 15% del tiempo.

Auge de la gestión pasiva

Con todo, resulta llamativo el aumento de los productos de gestión pasiva entre los inversores en un momento como éste. Este tipo de estrategias, más barata en comisiones, simplemente replica el comportamiento de un índice, con lo que no requiere de gestores que tomen decisiones a la hora de asignar los activos de su fondo. Según datos recientes de la firma de análisis de fondos estadounidense Morningstar, en Europa la tendencia es clara y está marcada por un fuerte aumento del dinero destinado a este tipo de productos. Sólo en el último trimestre del año pasado, los fondos indexados de renta fija y renta variable recibieron un total de 13.800 millones de euros.

Se trata de un comportamiento que sigue los pasos de los inversores del resto del mundo. Los datos de esta firma indican que en 2008 había 1,35 billones de dólares en este tipo de productos a nivel global, una cifra que se habría multiplicado por casi diez veces hasta superar los 9,1 billones de dólares. Sin embargo, gran parte de ese dinero está en Estados Unidos, donde esta forma de ahorrar concentra ya un 37% de los activos, frente a un 14% en Europa y mucho menos en España, donde todo indica que el patrimonio destinado a este tipo de fondos es de apenas un 1%.

Marta Campello, directiva en Abante Asesores Gestión SGIIC, indica a Forbes que el bajo nivel en el que nos encontramos en España es, básicamente, la razón que explica ese reciente interés por los vehículos indexados. “Partimos de una posición más baja. Puede decirse que en Europa la gestión activa sigue siendo la protagonista de las carteras, con un 80% de los activos gestionados. Por eso el ritmo de crecimiento sigue siendo muy alto entre los productos de gestión pasiva”, explica la experta, que también destaca que el bajo nivel de comisiones de estos productos resultan muy atractivos para los inversores.

Algo en lo que coincide con Ana Fernández, fundadora de AFS Finance Advisors, que explica que la gestión pasiva está incrementándose en los inversores europeos y españoles por varias razones, “por una parte, los costes son más baratos y, además, el universo de alternativas de gestión pasiva se ha incrementando de forma significativa, lo cual permite hacer comparativos de rentabilidad, volatilidad y costes entre fondos de la misma categoría y ETFs”.

También hay que tener en cuenta que hay un tipo de ahorrador en el que encaja perfectamente la gestión pasiva. En opinión de Francisco Blanco, responsable de renta variable y fondos de fondos de Imantia, ”se trata de aquel que no quiere arriesgarse a conseguir un plus de rentabilidad y que busca la beta pura de mercado, es decir, obtener exactamente la misma rentabilidad que un índice determinado, eliminando los riesgos de sesgo de gestión que tenga un fondo concreto. En ese caso, la aportación de valor que hace el gestor es muy baja por lo que pagar el coste adicional que suele aplicarse en la gestión activa no tiene sentido”.

José María Luna, Asesor Financiero miembro de EFPA, cree que una parte de las nuevas entradas de dinero en gestión pasiva también está ligada a la decepción por la rentabilidad lograda en los últimos años por muchos fondos de gestión activa. El experto apunta a Forbes que “en muchos casos, o bien no llevaban a cabo una gestión activa real o, de hacerla, no lograban batir a sus índices de referencia e, incluso, lo han hecho peor que muchos fondos de gestión pasiva o indexada”.

Unos malos resultados que Marta Diaz-Bajo, directora de análisis de fondos de ATL Capital, cree que se explican porque “no teníamos muchos gestores con amplia experiencia y, sobre todo, porque las gestoras más grandes eran de bancos y las exigencias a los gestores eran pocas ya que su producto se colocaba a través de su red con independencia de su rentabilidad, pero eso está cambiando”.

Una opinión muy similar a la de Gema Martín Espinosa, directora de Negocio Institucional de Cobas AM que comenta a Forbes que “mayoritariamente, las gestoras en España pertenecen a grupos bancarios y su mayor comercializador es la red de banca minorista. Justificar resultados similares a los índices es más fácil que desmarcarse del rebaño y gestionar activamente a largo plazo”.

Sin embargo, los malos resultados de 2018 han sido comunes a nivel global ya que muy pocos activos financieros lo hicieron bien. “Si tuviéramos que juzgar a la gestión activa por su papel en 2018 tendría un suspenso porque en realidad lo que tenía que funcionar en una crisis el año pasado no funcionó”, explica Campello.

Más allá del pasado año, lo que se preguntan muchos inversores es si un fondo referenciado a un índice es la herramienta ideal para tener en cartera durante una recesión, ya que estos periodos suelen llevar aparejadas fuertes caídas de los activos financieros. Es decir, un vehículo de gestión pasiva caerá, como mínimo, lo mismo que ese índice al que está referenciado. ¿Es eso lo que quiere el inversor?

¿Caer lo mismo que el índice?

Ana Fernández lo tiene claro, “en periodos bajistas, la gestión pasiva cae en línea con el mercado. No es una herramienta eficaz para reducir pérdidas, y sí lo es para reducir costes de gestión. En periodos de recesión y caídas en los mercados, lo importante es tener una buena diversificación de activos y liquidez para aprovechar oportunidades”.

Recientemente, Martin Gilbert, CEO de la gestora Aberdeen Standard Investments, resaltaba que en momentos de caídas en los mercados, los gestores activos pueden moverse libremente sin tener que atarse a un índice, “son libres de buscar valores que tengan una baja capitalización bursátil pero un enorme potencial de crecimiento, o valores que se estén negociando muy por debajo de su valor real porque la atención del mercado está en otros lugares”. En su opinión, “los inversores activos también pueden buscar refugio de la tormenta de la recesión de los mercados, cambiando rápidamente a sectores y acciones defensivos. Además, la inversión pasiva supone que los mercados son eficientes y que reaccionan adecuadamente a la información tan pronto como está disponible. Pero esto no siempre es cierto”.

La mayor parte de las entidades que optan por la gestón activa indican que es en momentos de fuertes movimientos en los mercados cuando pueden encontrarse las mejores oportunidades. Como señala Roger Merz, gestor de la institución suiza, Vontobel, “la explotación de las ineficiencias de precios atractivos es el núcleo de la gestión activa. La valoración es la clave. Se trata de identificar la mayor ineficiencia al menor precio posible. Encontrar estas oportunidades es un reto, ya que a menudo no se presentan por razones obvias y analíticas. Más bien, son creadas por el pensamiento de mercado a corto plazo, la incomprensión de una situación y el desajuste entre la percepción del mercado y la realidad. Tales casos conducen a ventanas de oportunidad fugaces que un gerente activo y habilidoso puede aprovechar al máximo. Se trata de identificar la mayor ineficiencia al menor precio posible”, indica.

La pregunta que cabe hacerse es si el inversor español tiene la paciencia y la frialdad suficiente para aguantar un vehículo de gestión pasiva cuando arrecian los malos momentos. José María Luna considera que no parece muy probable. “Las caídas son lo más difícil de gestionar tanto por parte de un inversor como por parte de un asesor financiero. Una gestión puede ser pasiva, pero el ahorrador/inversor medio español no lo es; Es activo y le influye y afecta tanto el sentimiento de “codicia” como el del miedo en los mercados…y eso lo hemos podido ver recientemente en diciembre de 2018”, comenta.

Combinación activa y pasiva 

Ningún inversor es “pasivo”, apunta Álvaro Cabeza, Executive Director de UBS España. “Incluso tomar la decisión de invertir en un ETF para una parte de la cartera es una decisión activa. Teniendo en cuenta este aspecto, consideramos que, al igual que en otras fases del ciclo económico, las carteras de los clientes deben consistir en una combinación de gestión activa y pasiva. El éxito de las mismas dependerá de cómo el gestor sea capaz de adaptarlas a las condiciones cambiantes de mercado y los desafíos que este pueda plantear”.

No es el único experto que considera que estas dos fórmulas de gestión no son incompatibles. Luna indica que ambas están supeditadas a tener un buen asset allocation o distribución de cartera, que se ajuste tanto al perfil de riesgo del inversor, su horizonte temporal como al entorno de mercados. De ahí que la diversificación es clave evitando tener una “cocina de confusión” (un poco de todo) y si una buena de “fusión”.

Hay que tener en cuenta que no vale todo. Como explica Francisco Blanco, “en momentos de recesión y caídas de los mercados, el fondo de gestión pasiva va a caer al igual que el mercado. Lo que se espera de la gestión activa es que bata al mercado en un ciclo completo. En este sentido, la buena gestión activa cobra mucho sentido en momentos bajistas, en los que el gestor mitigará al partícipe las pérdidas”.

La clave es, por tanto, saber elegir cuáles son los buenos gestores activos. El experto de Imantia afirma que “a la hora de elegir un buen fondo de gestión activa es muy importante comprobar si el gestor ha solido batir consistentemente a su política de inversiones, analizar el estilo de gestión del producto, si ese estilo cuadra con lo que esperamos que haga el mercado y con nuestro estilo de inversión y, sobre todo, tener una horizonte temporal de medio/largo plazo, para que la estrategia implementada por el gestor pueda dar sus frutos. Por supuesto, dentro de cada grupo comparable de fondos, existirán fondos buenos, fondos excelentes y otros que no lo hayan hecho tan bien”. En esta línea, Álvaro Cabeza señala que es crucial “diferenciar la gestión activa real de aquello que sólo parece gestión activa. Ell coste adicional que supone la gestión activa debería verse traducido en carteras de alta convicción, que utilicen equipos amplios y experimentados para realizar la selección de los títulos, o bien herramientas innovadoras para tratar de aportar un valor añadido. Por tanto, un fondo de gestión activa –y con ‘precio’ de gestión activa– pero que apenas se separa de su índice de referencia tiene, desde nuestro punto de vista, los días contados”.

Para saber dónde posicionarse, Marta Díaz-Bajo cree que lo mejor es “que el inversor busque un asesoramiento profesional que responda a su perfil y horizonte temporal en el que quiera invertir su patrimonio”.

En momentos como el actual, Ana Fernández considera que “los inversores conservadores españoles tienen complicado encontrar activos con rentabilidad sin riesgo. Los tipos de interés están históricamente bajos y todo apunta a que van a continuar así durante un largo período de tiempo. Por tanto, recomendaría una combinación de fondos monetarios, fondos de renta fija corto plazo, fondos de renta fija emergente, fondo mixto defensivo y algún fondo de retorno absoluto, o con objetivo de preservación de capital.

Esta recomendación no está exenta de riesgo, por lo que el cliente muy conservador solo debería invertir en fondos monetarios, y mantener un elevado nivel de liquidez si no le cobran en su entidad”. Pero, sobre todo, como aconsejan desde Cobas, cuando lleguen las caídas no hay otro secreto que “mantener la calma y recordar las razones que nos llevaron a invertir antes de las caídas. Si se tiene ahorro disponible, incrementar la inversión, y si se dispone de tiempo, leer algún libro como “El inversor inteligente, de Benjamin Graham” para ir entendiendo los sesgos del comportamiento humano y trabajar la paciencia y la inversión consciente y racional”, concluye Gema Martín Espinosa.

Como dice Warren Buffett, uno de los gestores activos más afamados de esta era, “cuando baja la marea, se sabe quién nada vestido y quién nada desnudo”. Quizá haya que esperar a la próxima recesión para saber cómo nada el gestor de nuestro fondo.