“Game over”… ¿o no? Todo dependerá de cómo actuemos las personas, las industrias, las empresas y las autoridades ante el gran reto que afronta la humanidad: ganar la partida al cambio climático y revertir todo lo que hemos estropeado. Nos lo han advertido incansablemente los científicos y las señales están ahí: el 25 de mayo, en España alcanzamos el Overshoot Day o “día de la sobrecapacidad”. En esa fecha ya habíamos consumido todos los recursos que somos capaces de producir en un año, según los cálculos que realiza la red Global Footprint Network para todo el mundo.

Los hitos y las fechas conmemorativas como el 5 de junio, Día Mundial del Medioambiente que celebra la ONU bajo el lema “Reimagina, recrea, restaura”, nos invitan a recordar que el planeta no puede esperar, que debemos revisar periódicamente nuestra ambición, apuntando más alto. Precisamente este año, 2021, ha sido elegido como año de la Tierra y del 1 al 12 de noviembre se celebrará en la ciudad escocesa de Glasgow la COP 26, donde se analizarán los avances y retos del Acuerdo de París, un hito en esta materia.

Algo se está moviendo a nivel global, hay más conciencia, más compromiso, más actuaciones por parte de algunos sectores y de algunas empresas.

¿Cero emisiones en 2050?

El punto de inflexión para el cambio climático se sitúa en 2015. Con la firma del histórico Acuerdo de París, alcanzado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2015 (conocida como COP 21), los países se dieron dos metas concretas: evitar que a finales de siglo la temperatura media mundial aumentara más de 2 grados centígrados desde los niveles de 1990, con la aspiración de limitarlo únicamente a 1,5 grados; y alcanzar la neutralidad carbónica en la segunda mitad de siglo XXI.

La ambición es indispensable si se quiere alcanzar el objetivo de cero emisiones en todo el mundo para 2050. ¿Qué significa esto? Supone un cambio radical en toda la economía. La UE espera que el 15% de la energía generada sea cero emisiones y que cada tonelada de CO2 que se emita a la atmósfera sea compensada con una tonelada que eliminamos de la misma.

(Marek Piwnicki. Unsplash)

Según el último World Energy Outlook (WEO) 2020 de la Agencia Internacional de la Energía, para conseguir una reducción del 40% de las emisiones para 2030 se requiere, por ejemplo, que las fuentes de bajas emisiones proporcionen casi el 75% de la generación mundial de electricidad en 2030 (frente a menos del 40% en 2019), y que más del 50% de los vehículos turismos vendidos en todo el mundo en 2030 sean eléctricos (frente al 2,5% en 2019).

Nueva Ley de Cambio Climático en España

En España, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima establece un objetivo de reducción de emisiones del 23% vs 1990, con 2050 como horizonte para alcanzar la neutralidad del carbono. Además, el objetivo de generación renovable es del 42% y el de la eficiencia energética del 39,5%. Pero este compromiso también se ha plasmado en la aprobación de la Ley 7/2021, de 20 de mayo, de cambio climático y transición energética.

Desde el bufete Garrigues, destacan que esta norma facilitará la descarbonización de la economía española y su transición a un modelo circular.

“La Ley, además de contener el marco programático y los principios que deben guiar la actuación de las Administraciones públicas para alcanzar sus objetivos, establece medidas concretas e impone obligaciones de gran relevancia a actores del sector privado y al resto de la sociedad”, explica Alfredo Fernández Rancaño, socio responsable del departamento de Derecho Administrativo, Urbanístico y Medio Ambiente del despacho. Con ella, se dispone de un marco jurídico estable y a largo plazo, que facilitará la toma de decisiones en las empresas para combatir el cambio climático.

La reciente aprobación de esta ley contó con un elevado consenso, pero no ha estado exenta de algunas críticas por la falta de ambición de determinados objetivos de recorte de emisiones, especialmente en el transporte, aunque obliga a revisarlos en 2023. Sin embargo, apunta más alto en los objetivos en sectores difusos (movilidad, usos térmicos en edificios, residuos o agricultura) y también en la introducción de energías renovables.

“La ley, a nuestro juicio, no puede ser calificada de poco ambiciosa, pues aborda la prohibición de nuevas explotaciones y proyectos de explotación de hidrocarburos y prohíbe el fracking y la minería radiactiva, con el evidente impacto que ello supone para las compañías que desarrollan estas actividades”, comenta Antonio Baena, socio de G-Advisory, filial de consultoría técnica de Garrigues.

Pasar a la acción con ambición

¿Y en el ámbito empresarial? La electrificación, la mejora de la eficiencia y los cambios de comportamiento son fundamentales. El sector energético es uno de los que más tiene que decir al respecto y empresas como Endesa, que en 2015, con un 10% de las emisiones totales, era el mayor emisor de gases de efecto invernadero (GEI) de España, ha mostrado una interesante evolución.

“Yo estaba en París, y salí preocupado sobre cómo los objetivos del acuerdo afectarían a mi empresa porque eran de una dificultad tremenda. Pero precisamente esa experiencia propia y todo lo que hemos evolucionado en estos cinco años es lo que me lleva a ser optimista”, recuerda Jorge Pina, director de Medio Ambiente de Endesa, que recuerda que en ese momento generaban más de 30 millones de toneladas de CO2 y ahora son 10 millones, con una reducción de más del 70%.

Reducir a cero sus emisiones a mitad de siglo suponía asumir un reto sin precedentes. ¿Cómo lograrlo? Interpretándolo en términos de oportunidad de liderazgo en un escenario de transición sostenible.

Desde 2016, se plantean objetivos graduales de generación eléctrica libre de emisiones, referenciadas a partir de 2005. Como la idea es no “dormirse en los laureles”, la compañía actualiza sus objetivos cada ejercicio. Por ejemplo, el año pasado el plan estratégico puso la vara más alta, con una reducción de 80% de emisiones específicas para 2030.

A ello se suman otras iniciativas paralelas, como el Plan de conservación de Biodiversidad, que de forma voluntaria desarrolla 26 iniciativas para la conservación. Una de ellas es el “Bosque Endesa”: dado que cada año en España se calcinan centenares de hectáreas de bosque, recuperan espacios degradados por los incendios. En 2019 repoblaron Doñana, y en 2020, actuaron en Teruel.

La aceleración de su trayectoria de descarbonización ha sido posible gracias a la mezcla de generaciones de energía, pilar fundamental en su estrategia, y también al cierre de las plantas de carbón. Para 2027 esperan haber cesado completamente todas sus operaciones de generación con carbón, dentro y fuera de la Península, con un cierre ordenado de las instalaciones y aplicando planes de transición.

Y otra pieza clave de este puzle es el incremento de la generación de energía renovable y de las tecnologías de respaldo, que suponen un reto también de transformación digital como principal operador de redes.

Claves del éxito para el reto climático

Para cualquier camino hacia el cero neto, las empresas necesitarán estrategias claras a largo plazo respaldadas por compromisos de inversión y un impacto medible. Por su parte, el sector financiero tendrá que facilitar un aumento drástico de las tecnologías limpias, ayudar a la transición de las empresas de combustibles fósiles y de las que hacen un uso intensivo de la energía, y aportar capital de bajo coste a los países y comunidades que más lo necesitan.

Ningún agente implicado puede ir por libre en el avance hacia las emisiones netas cero, debe haber un trabajo conjunto y coordinado de los gobiernos, las empresas energéticas, los inversores y los ciudadanos, que tendrán que contribuir con un cambio radical de hábitos.

Trabajar con una perspectiva multilateral sólida a nivel internacional es crucial. En 2019 China se propuso el objetivo de alcanzar el balance neto de emisiones de carbono en 2060. Y Estados Unidos, la economía más grande del mundo, se ha reincorporado al Acuerdo de París. Así lo anunció la Casa Blanca el 22 de abril, Día Mundial de la Tierra, cuando se cumplían cinco años del acuerdo.

A ello se suma el «Green Deal» europeo, o Acuerdo Verde marca el camino hacia la neutralidad del carbono en 2050, con un objetivo de reducción de emisiones más ambicioso en 2030 vs 1990, pasando del actual 40% al entorno del 55% al 60%. Todo apunta a que cada vez hay más consenso en la necesidad de sumarse a estos objetivos cuanto antes.

¿Es posible que no lo logremos? “No contemplo la posibilidad de fracaso, es inasumible”, dice Pina, contundente. Y aunque reconoce que hay sectores con más dificultades, como la industria o la aviación, destaca que la posibilidad de colaboración en el desarrollo del hidrógeno.

“Cero emisiones debe ser la meta. Y no podemos conformarnos con lo que cumplamos nosotros, sino ser capaces de aportar a la descarbonización y a la biodiversidad en un sentido amplio. Por ejemplo, mediante la electrificación del transporte, que ha sido el mayor emisor de gases de efecto invernadero”, explica el Director de Medio Ambiente de Endesa.

«No podemos conformarnos con lo que cumplamos nosotros, sino ser capaces de aportar a la descarbonización y a la biodiversidad en un sentido amplio»

El Gobierno y el sector privado deben ir de la mano. Desde Garrigues destacan que los fondos europeos Next Generation, a través del Plan Nacional de Recuperación, Transformación y Resiliencia, serán una oportunidad para acelerar los procesos de transformación del sistema productivo, apoyando el camino a la neutralidad climática en 2050.

¿Será posible una salida “verde” a la crisis que apoye la lucha contra el cambio climático? Dependerá de que empresas, autoridades y ciudadanos actuemos con más ambición y visión.