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Fabio Loparco, CEO de PixelModa: «La IA no sustituye al criterio humano, sustituye a las ineficiencias»

El directivo, al frente de una plataforma especializada en producción de contenido para moda y lujo, analiza cómo la creciente demanda de imágenes y vídeos está cambiando la forma en que las marcas producen, gestionan y utilizan ese contenido.

La moda lleva tiempo enfrentándose a una presión creciente: producir más contenido, para más canales y en menos tiempo. Es una realidad. Lo que antes se resolvía con campañas y sesiones cerradas hoy exige una producción prácticamente continua, capaz de alimentar el e-commerce, las redes o los distintos entornos de venta sin perder coherencia ni calidad. Ese cambio no solo ha tensionado los modelos tradicionales de producción, sino que ha obligado a replantear el papel del contenido dentro del negocio. Para Fabio Loparco, CEO de PixelModa, la cuestión ya no pasa por generar más, sino por construir sistemas capaces de sostener ese volumen sin comprometer la identidad de la marca ni la eficiencia operativa.

La industria de la moda vive una presión constante por generar contenido en volumen y a gran velocidad. ¿En qué punto el modelo tradicional deja de ser sostenible?

El modelo tradicional deja de ser sostenible cuando el crecimiento de la demanda de contenidos supera la capacidad del sistema para producirlos de forma eficiente. Durante años, la producción visual en moda se ha articulado en torno a campañas y sesiones planificadas con mucha antelación. Hoy, las marcas deben alimentar simultáneamente el comercio electrónico, los marketplaces, las redes sociales, el CRM, la publicidad, los medios minoristas y los canales locales, a menudo con recursos distintos en formato, mercado y público.

El reto ya no es producir más imágenes o más vídeos, sino hacerlo manteniendo calidad, coherencia, rapidez y control de costes. Cuando la única forma de responder es añadir más sesiones, equipos y días de producción, el modelo empieza a mostrar sus límites: los costes crecen de forma lineal, mientras que la demanda lo hace de forma exponencial. Por eso, la sostenibilidad hoy no es solo económica, sino operativa. Las marcas necesitan una infraestructura capaz de escalar la producción sin comprometer la identidad ni la calidad.

Durante años, la producción de contenido se ha entendido como un coste. ¿Qué cambia cuando pasa a convertirse en una palanca directa de crecimiento para el negocio?

Cambia por completo la forma en que se evalúa. Si el contenido se considera exclusivamente un gasto, el objetivo es reducir costes. Sin embargo, cuando se entiende como una palanca de negocio, la pregunta pasa a ser qué impacto tiene en los resultados. Hoy, el contenido influye directamente en la conversión, las ventas, las devoluciones, la interacción o la eficacia de las campañas. Una imagen más eficaz ayuda a comprender mejor el producto y a comprar con mayor confianza; un vídeo puede comunicar el ajuste, el movimiento o los materiales mucho mejor que una ficha técnica. Por eso, el contenido deja de ser un simple producto creativo para convertirse en un activo comercial. Y desde ahí, también cambia el papel de los socios: ya no se trata solo de producir imágenes, sino de ayudar a las marcas a convertir ese contenido en una ventaja competitiva medible.

Cuando una marca introduce inteligencia artificial en su producción de contenido, ¿qué deja de hacer como antes?

Deja de tratar cada contenido como un proceso totalmente manual. La inteligencia artificial permite automatizar o acelerar muchas tareas repetitivas: adaptaciones, gestión de versiones, posproducción, localizaciones o control de calidad. Pero el cambio más relevante es otro: la marca deja de pensar en la producción como una secuencia de proyectos aislados y empieza a considerarla como un flujo continuo. Esto no significa sustituir a las personas, sino liberar tiempo y recursos de tareas operativas de bajo valor para centrarse en lo que realmente marca la diferencia: dirección creativa, identidad de marca, elección de modelos, estilismo o calidad final. La IA no sustituye al criterio humano, sino a las ineficiencias.

En moda y lujo, donde la imagen define la marca, ¿hasta qué punto la automatización puede poner en riesgo el criterio creativo?

Solo supone un riesgo cuando se utiliza sin una dirección estratégica clara. En moda y lujo, la imagen no es un simple contenido visual, sino la forma en que la marca construye su identidad, su posicionamiento y su valor percibido. Un algoritmo puede generar miles de imágenes, pero no necesariamente sabe distinguir lo que es coherente con una marca de lo que no lo es. Por eso defendemos un modelo híbrido, en el que la tecnología permite ganar escala y velocidad, pero el criterio sigue estando en manos de las personas. En el sector del lujo, la mejor tecnología es la que no se ve: debe hacer el proceso más eficiente sin alterar la calidad, la sensibilidad ni la intención creativa que definen a la marca.

Trabajan con más de 900 marcas a nivel global. ¿Qué diferencia a las que realmente están sabiendo aprovechar este cambio de las que no?

Hemos observado una diferencia clara: las más avanzadas no ven la inteligencia artificial como una herramienta creativa aislada, sino como parte de su infraestructura operativa. No se limitan a generar imágenes más rápido, sino que replantean todo el proceso de producción: reducen tiempos de gestión, elevan la calidad y distribuyen mejor el contenido en más canales. La diferencia no es tanto tecnológica como organizativa. Las marcas que obtienen mejores resultados cuentan con procesos claros, datos estructurados, directrices consolidadas y una identidad visual bien definida. Las que tienen más dificultades suelen quedarse en un uso más limitado, orientado a reducir costes. En ese caso, el riesgo es producir más contenido, pero no necesariamente más valor de marca.

La demanda de contenido parece no tener límite. ¿Tiene sentido seguir produciendo más o estamos entrando en una dinámica de saturación que puede volverse en contra de las propias marcas?

La saturación aparece cuando el contenido pierde significado y se convierte en ruido: demasiadas imágenes similares, demasiadas variantes sin identidad, recursos creados para llenar canales más que para generar valor. El futuro pertenece a las marcas capaces de combinar escala y precisión: contenidos más personalizados, más pertinentes y distribuidos en el momento adecuado. La cantidad seguirá siendo importante, pero será la calidad de la distribución lo que marque la diferencia.

Hoy las marcas tienen datos sobre qué funciona casi en tiempo real. ¿Existe el riesgo de acabar produciendo solo lo que ya sabemos que funciona?

Por supuesto. Los datos son una herramienta muy potente para entender qué funciona, qué genera conversión y qué produce resultados. Pero existe el riesgo de utilizarlos de forma demasiado conservadora, replicando continuamente lo que ha funcionado en el pasado. En moda, este enfoque puede ser especialmente peligroso. Las grandes marcas no solo siguen los gustos existentes, también contribuyen a crearlos. Por eso, los datos deben guiar las decisiones, no sustituir la visión. El equilibrio estará en combinar medición y experimentación, rendimiento e imaginación.

Cuando una marca decide empezar a trabajar con Pixelmoda, ¿qué procedimientos de incorporación seguís para integrarla correctamente en vuestro proceso de producción?

El primer paso es demostrar de forma concreta el valor de nuestro modelo. Por eso, en la mayoría de los casos comenzamos con una prueba que permite evaluar la calidad, la rapidez, la coherencia con la identidad de la marca y la facilidad de integración en sus flujos de trabajo. A partir de ahí, el proceso se centra en entender cómo el contenido contribuye a los objetivos del negocio: analizamos el posicionamiento de la marca, sus directrices creativas, los canales en los que va a operar y los estándares visuales que ya maneja.

Con esa base, definimos un flujo de trabajo específico y adaptado a cada caso, que permite escalar la producción manteniendo la coherencia y el control de calidad, integrándose en la operativa de la marca. Cuando el proyecto lo requiere, este proceso puede incorporar inteligencia artificial, siempre ajustada a la identidad visual de la marca para evitar resultados genéricos.

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