Tras años de pilotos y pruebas de concepto, la inteligencia artificial entra ahora en una fase marcada por su despliegue real en las organizaciones. El debate ya no gira solo en torno a lo que se puede llegar a hacer con ella, sino a la capacidad de las empresas para integrarla en su operativa diaria con infraestructuras preparadas para sostenerla. Para Andreu Vilamitjana, director general de Cisco para España y Portugal, el momento actual marca precisamente ese cambio de fase.
Se está señalando 2026 como el año en el que la inteligencia artificial pasa definitivamente de la fase de experimentación a la producción real. ¿Estamos ante un punto de inflexión o existe cierto riesgo de sobredimensionar su impacto en el corto plazo?
En Cisco llevamos más de cuarenta años en el sector tecnológico y hemos vivido muchos momentos de disrupción. Con la IA sí estamos en un punto de inflexión real, pero a varias velocidades. El 47% de las empresas españolas ya destinan entre el 10% y el 30% de su presupuesto de TI a la IA. Sin embargo, solo el 9% cuentan con una infraestructura plenamente preparada para escalarla. Las organizaciones que han cruzado esa línea tienen nueve veces más probabilidades de llevar sus pilotos a producción. En Cisco consideramos que 2026 es el año de la ejecución, no sólo del entusiasmo por la IA.
España parece avanzar entre la ambición inversora y ciertos retos estructurales. ¿Cómo valora el nivel de preparación real de las empresas para adoptar IA a escala?
La voluntad inversora existe, pero la base tecnológica presenta serias grietas. Según datos de Cisco, el 48% de los activos de red empresarial —la base de la digitalización— están obsoletos o al final de su ciclo de vida, generando grandes vulnerabilidades. Es decir, el modelo de IA más avanzado del mundo pierde valor si la infraestructura que lo sustenta no puede soportarlo de forma eficiente y estable. Por eso ofrecemos, junto a otros líderes tecnológicos como NVIDIA, una plataforma segura para que la IA funcione no solo en grandes centros de datos, sino también en ubicaciones locales donde las decisiones en tiempo real no pueden esperar: desde hospitales y almacenes hasta vehículos en movimiento.
Para que esa transición sea viable, la infraestructura se está convirtiendo en un factor crítico. Desde la experiencia de Cisco, ¿qué está cambiando en la base tecnológica —con desarrollos como Silicon One— para responder a esta nueva demanda?
Las cargas de trabajo de IA agéntica exigen hasta cien veces más capacidad de cómputo que las aplicaciones tradicionales. Y la red tradicional ha dejado de ser un soporte para convertirse en un cuello de botella. Silicon One G300 ofrece hasta 102,4 Tbps y mejora un 33% la utilización de red y un 28% el tiempo de finalización de trabajos de IA. En entornos donde cada GPU representa una inversión crítica, esos porcentajes se traducen directamente en rentabilidad. Como se anunció en 2022, una parte de los innovadores chips Silicon One se diseña en España, dando así soporte a la autonomía estratégica nacional y europea.
Uno de los grandes saltos es la evolución hacia operaciones autónomas, con sistemas capaces de tomar decisiones sobre la red. ¿Qué impacto real puede tener este modelo en la gestión y eficiencia de las organizaciones?
AgenticOps es, probablemente, el concepto que más va a transformar la manera en que los equipos de TI trabajan en los próximos años. Hablamos de agentes de IA que no sólo monitorizan, sino que observan, razonan y actúan sobre la red de forma autónoma: diagnosticando problemas, proponiendo remediaciones y ejecutándolas bajo políticas gobernadas por la propia organización. Y ya no es una promesa, está disponible hoy.
A medida que la IA gana capacidad de acción, también aumentan los riesgos. ¿Cómo están abordando este nuevo escenario en materia de seguridad y qué papel juegan soluciones como AI Defense o iniciativas conjuntas con partners como NVIDIA?
El riesgo ha cambiado de naturaleza: los agentes de IA ya no sólo responden, ejecutan acciones sobre sistemas reales (bases de datos, aplicaciones, correo corporativo…). Y si son manipulados esto tiene consecuencias inmediatas. Cisco AI Defense cubre el ciclo completo de la IA agéntica: inventario de modelos y herramientas, pruebas de seguridad previas al despliegue y controles en tiempo real frente a ataques. La integración con NVIDIA NeMo Guardrails aporta protección modular dentro de la arquitectura Cisco Secure AI Factory.
En paralelo, conceptos como la criptografía post-cuántica empiezan a ganar peso. ¿Estamos ante un desafío a medio plazo o una urgencia que las compañías ya deberían estar abordando?
Es una urgencia. Los atacantes ya capturan datos cifrados hoy para descifrarlos cuando los ordenadores cuánticos sean suficientemente potentes. Por eso en Cisco llevamos tiempo actuando, también desde España. Nuestro Laboratorio de Innovación en Barcelona, donde se ubica nuestro Quantum Lab, trabaja activamente en investigación aplicada de redes y criptografía post-cuántica para adelantarnos a esa futura amenaza.
La soberanía del dato se ha consolidado como una prioridad estratégica, más allá del cumplimiento normativo. ¿Cómo está impactando esto en las decisiones tecnológicas de las empresas y qué rol puede jugar Cisco en este ámbito?
La soberanía ha pasado de los departamentos jurídicos a los consejos de administración. Por eso hemos lanzado Cisco Sovereign Critical Infrastructure, un porfolio tecnológico completamente on-premise y aislado para los datos de las empresas, alineado con las certificaciones y estándares fundamentales de la UE y de cada país. La soberanía no puede ser sinónimo de aislamiento. Lo que los clientes demandan es mayor libertad y control sobre qué cargas de trabajo se ejecutan y cuáles no dentro de esta infraestructura crítica soberana.
Muchas organizaciones siguen retrasando decisiones clave por la complejidad o la inversión que implican. ¿Cuál es hoy el verdadero coste de esperar frente al de actuar?
Esperar no es la opción más segura, sino la más cara. La deuda tecnológica genera ya pérdidas de 160.000 millones anuales y convierte la infraestructura obsoleta en la puerta de entrada preferida de los atacantes, sin necesidad de exploits sofisticados. Y existe además un coste de oportunidad real: las organizaciones preparadas para la IA obtienen un 70% más de valor medible de sus inversiones. Es decir, la inversión para reducir la complejidad es significativamente menor que el coste de llegar tarde a esta enorme transformación tecnológica, social y de negocio.

