Baleares está convirtiendo un residuo industrial en una nueva fuente de materias primas. En 2025, las islas reaprovecharon la totalidad de las 3.308 toneladas de aceite industrial usado generadas durante el año, transformándolas en nuevos lubricantes regenerados y combustible industrial que volvieron a incorporarse al ciclo productivo. El proceso permitió, además, evitar la emisión de 2.093 toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera.
Los datos, facilitados por el Sistema de Gestión de Aceites Industriales Usados en España (Sigaus), reflejan el alcance de una cadena de recuperación que funciona sobre el terreno y que debe enfrentarse a una particularidad de este residuo: su generación está muy dispersa. En 2025, el aceite usado procedía de 1.864 establecimientos repartidos por las islas y las empresas gestoras colaboradoras de Sigaus realizaron cerca de 5.700 operaciones de recogida en 63 municipios.
El resultado final fue de 3.285 toneladas netas de aceite usado valorizadas en su totalidad. El 75% se destinó a procesos de regeneración, mientras que el resto se utilizó para producir fuel BIA, un combustible industrial de bajo contenido en azufre empleado en hornos y calderas. La regeneración permite recuperar los componentes del aceite y utilizarlos como materia prima para fabricar nuevos lubricantes. De las cantidades recuperadas en Baleares se obtuvieron alrededor de 1.500 toneladas de lubricante regenerado y 700 toneladas de aceite industrial. Producir esos recursos mediante métodos convencionales habría requerido aproximadamente 800.000 barriles de crudo, según Sigaus.
Detrás de estas cifras hay una red de recogida que debe llegar mucho más allá de los grandes centros industriales. Aunque los talleres mecánicos representan el 54% de los establecimientos que generan este residuo y las instalaciones industriales otro 13%, el aceite usado también procede de actividades tan diversas como el comercio, la hostelería, el transporte o la agricultura.
Los principales retos del sistema
Esa dispersión convierte la logística en uno de los principales retos del sistema. No basta con disponer de plantas capaces de tratar el residuo: hay que recogerlo allí donde se genera. En Baleares, esto implica cubrir también territorios rurales, zonas de montaña y áreas alejadas de los principales focos de actividad. Solo en 2025 se recogieron 336 toneladas en zonas rurales y otras 445 en zonas de montaña.
Una vez recogido, el aceite pasa por distintos tratamientos para eliminar impurezas y recuperar tanto sus componentes materiales como su contenido energético. El objetivo es que aquello que inicialmente llega como residuo vuelva al mercado convertido en una nueva materia prima o en energía. “Baleares lleva dos décadas demostrando que es posible garantizar que el aceite industrial usado se recoja allí donde se genera y reincorpore al ciclo productivo”, ha señalado Eduardo de Lecea, director general de Sigaus.
El balance de 2025 apunta así a una doble vertiente: reducir el impacto ambiental de un residuo potencialmente contaminante y, al mismo tiempo, evitar el consumo de recursos vírgenes. En un territorio insular, donde la logística y la disponibilidad de materias primas añaden complejidad a cualquier cadena industrial, la recuperación del aceite usado se convierte también en una forma de cerrar el círculo productivo.

