Años de experiencia, de historia, de evolución… Muchos años, 150 nada menos, siendo pioneros en desarrollo e innovación. Arraigada en la tradición vitícola del Penedès desde el siglo XVI, la Familia Torres fundó su bodega en Vilafranca del Penedès en 1870. Desde entonces, las cinco generaciones involucradas en el negocio han transmitido de padres a hijos la pasión por la cultura del vino desde el respeto por la tierra y la tradición y la apuesta continua por la innovación.

Un camino de constante dedicación y entrega durante el cual Familia Torres ha conseguido preservar su identidad como bodega familiar y dotar a sus vinos y brandis de enorme prestigio internacional.

Presente históricamente en el Penedès, Conca de Barberà, Priorat y Costers del Segre, Familia Torres cuenta también con viñedos y bodegas en las principales zonas vinícolas españolas –Rioja, Ribera del Duero, Rueda y Rías Baixas–, así como en Chile y California. Y además, es miembro de las Primum Familiae Vini, una asociación que integra doce de las familias centenarias elaboradoras de vino más prestigiosas de Europa.

Primera generación

Miguel Torres Carbó junto a una de sus remesas en el puerto de Barcelona.

Jaime Torres Vendrell (1843-1904) y Miguel Torres Vendrell (1832-1910), primera generación, fundaron la bodega con una auténtica vocación exportadora. Paradigma del comerciante novecentista, y nacido entre viñedos en el corazón del Penedès, Jaime Torres, aún sin haber cumplido los 16, decide emprender camino, metafórico y literal, hacia La Habana, Cuba. Tras muchos sacrificios y esfuerzos logró reunir la respetable suma de 500 pesos de la época, que el joven Torres no dudó en enviar a una compañía norteamericana a cambio del petróleo que con ese montante pudiera reunir, con la intención de distribuirlo en la isla, donde aún no era conocido. La honestidad y candidez de Torres confirió confianza a los gerentes de la petrolera, que le encargaron su distribución en la isla. Diversificó negocios en una nueva faceta como empresario que le hizo un hombre más observador, con un instinto natural para ver las cosas desde una perspectiva objetiva. Cuando vio venir el estallido de la burbuja petrolífera, cogió toda su fortuna y se embarcó de vuelta a España.

Era el año 1870 y con la ayuda de su hermano mayor, Miguel, heredero y experto conocedor de la viña y los trabajos del vino, podrían exportar y distribuir vinos del Penedès, primero en Cuba y después en Puerto Rico, Argentina y finalmente, por todo el continente. Era la hora del reencuentro. Jaime Torres volvía a casa y tenía un plan: hacer envíos de vino de calidad, en envases seguros, bajo el respaldo de una nueva red comercial en destino, todo ello minimizando costes en transportes mediante acuerdos con armadores de las principales compañías navieras de la época. Bajo los conocimientos de la tierra de Miguel Torres, la visión comercial de su hermano Jaime y la continua aportación del joven Juan Torres Casals (hijo de Miguel), la empresa empezaba a brotar. Las exportaciones de vino con destino al continente americano eran de tal magnitud que diariamente en Vilafranca se veía circular el “tren Torres”, cargado de botas de vino con destino al puerto de Barcelona.

Segunda generación

Infatigable luchador, Juan Torres Casals (1865-1932) inició la destilación de vinos para elaborar brandis. Hijo de tiempos convulsos, impulsó con ánimos renovadores y nuevas ideas a un sector por el que, a su familia, ya se le debía mucho. Si su tío había conseguido su fortuna con diferentes negocios, Juan puso toda su energía y atención en un solo foco, la bodega familiar. Tuvo que afrontar graves problemas empresariales como la crisis económica y social en Cuba (año 1920) consecuencia de la guerra de independencia, que casi acaba con la capacidad crediticia de la bodega. Su legado es de enorme valor: en 1907 registra la marca Coronas, superviviente hoy día y en plena forma.

En 1928 realiza con éxito las primeras destilaciones; los brandis de la bodega han visto la luz. Es el inicio de un nuevo camino, de una nueva vida para la Familia Torres; pero los diferentes retos y dificultades que pendían en el horizonte pondrían en serias dificultades la supervivencia de la bodega en los años venideros.

Tercera generación

Miguel Torres Carbó (1909-1991) tuvo que reconstruir la bodega (bombardeada durante la guerra civil) y empezó a embotellar vinos. La agitación convulsa surgida de un nuevo contexto socio-político sometía a la Familia Torres a un desafío que obligaba a la bodega a reinventarse. Tras la muerte de Juan Torres, el joven heredero se veía obligado a tomar las riendas y asumir el papel directivo que se le encomendaba. Sin experiencia comercial, las dudas en torno a su gestión parecían razonables. Pero la figura de Josefa Carbó trascendió el papel de matriarca para erigirse como piedra angular y establecer los cimientos sobre el que mantenerse a flote. Una mujer culta y determinada, que supondría un apoyo vital para su hijo. Éste suple su falta de experiencia con un minucioso estudio de todo lo relacionado con la elaboración y crianza del vino, lo que denotaba su absoluta determinación por a revertir el devenir de la bodega.

La llegada de la guerra civil da otro vuelco a la situación ya de por sí complicada. Una bombardeo y de repente… la historia, el legado y los esfuerzos de tres generaciones quedan sepultados entre escombros. Al cabo de dos años, tras viajar por diversos países latinoamericanos para conocer los diferentes mercados y sus peculiaridades, Miguel se decide por fin a terminar la reconstrucción de la bodega. Con esta determinación, Miguel Torres Carbó consolidó primero y expandió después, con la ayuda de aliados y colaboradores, la etapa de mayor crecimiento de la bodega de la Familia Torres. Vinos tranquilos, generosos, licores, vermuts y brandis salían a diario desde el puerto de Barcelona con la novedad de ir embotellados. Una revolución que determinó una nueva manera de entender la elaboración del vino. Los clásicos atemporales que hoy conoce el mundo entero son el inestimable legado de Torres Carbó. El hombre que abrió al mundo la puerta del buen nombre de los vinos de nuestra tierra.

Cuarta generación

Miguel A. Torres Riera (1941) se atrevió a introducir el cultivo de variedades francesas (como la cabernet sauvignon) y fijó el rumbo en la elaboración de vinos de prestigio y reconocimiento internacional. Empezó a recuperar variedades ancestrales e intensificó las actuaciones medioambientales con la puesta en marcha del programa Torres & Earth en 2008.

Miguel Torres Riera.

El fantástico desarrollo de la bodega llevado a cabo por Miguel Torres Carbó allanaría el camino a su hijo y actual presidente, para, desde una posición innovadora y atrevida, hacer de los vinos de la Familia Torres lo que son hoy: paradigma de calidad, respeto por la tierra y vanguardia enológica. Hace cinco décadas, Miguel A. Torres proyectaba la génesis de un vino diferente, arriesgado, y que suponía un paso adelante en la tradición enológica del país: Mas La Plana. Cabernet sauvignon vestido de negro y contenido en botella borgoñesa, que acabaría por convertirse en el perfecto embajador de los valores e ideales de la familia.

Hoy, Miguel A. Torres es la cara visible, no sólo de la bodega, sino de todo un sector que lo ha reconocido con multitud de premios y reconocimientos durante toda su trayectoria  profesional.

Toda una vida al lado de su esposa Waltraud Maczassek, su mejor apoyo. En el año 2007, a raíz del documental de Al Gore, Una verdad incómoda, en el que se describe con claridad los estragos del cambio climático, Miguel A. Torres tomó consciencia real de la delicada situación de nuestro planeta. Fue entonces cuando tomó la decisión de iniciar un proyecto que persiguiera la mitigación de los efectos del calentamiento global de la Tierra y su consecuencia directa en la vid. Nace así el programas Torres & Earth, entre cuyos principales objetivos está el de priorizar la reducción de las emisiones
de CO2 por botella, la reducción del consumo energético, la garantía de la biodiversidad de nuestro entorno y el uso responsable del agua, entre otros, apostando de manera decidida por la innovación, en busca de un modelo de elaboración sostenible.

Quinta generación

Sinónimo de vanguardia, identidad y conciencia ecológica, Miguel Torres Maczassek (1974) y Mireia Torres Maczassek (1969) siguen la estela de sus predecesores como garantes de su legado y de los valores de la bodega. Ellos son quienes hoy recogen el testimonio de cuatro generaciones de una familia entregada a la calidad de sus vinos y brandis presentes en más de ciento cincuenta países.

Miguel y Mireia Torres Maczassek.

Su objetivo principal: elaboraciones muy cuidadas y limitadas, que buscan la verdadera expresión de las vides y su entorno, con el fin último de converger en la creación de una identidad definida. Así, se están focalizando en la elaboración de vinos de pequeñas producciones de viñedos singulares y fincas históricas que sean una expresión honesta del lugar donde nacen. También están impulsando con fuerza la búsqueda de nuevos escenarios donde plantar viña (terrenos a mayor altitud o latitud) y la recuperación de variedades ancestrales (más resistentes) para crear vinos singulares capaces de hacer frente al cambio climático.

Por su parte, Mireia Torres dirige la bodega Jean Leon y lidera proyectos como Esplendor de Vardon Kennett, el nombre propio que da forma al único espumoso que Familia Torres elabora en Cataluña con el método tradicional. Asimismo, Mireia lidera también una lista de proyectos de I+D+i, que tienen como objetivo la continuación del estudio de medidas no invasivas para con la viña y su adaptación a los efectos del cambio climático (tratamientos naturales ante nuevas plagas y potenciales peligros para la vid). Su idea es seguir contribuyendo a mitigar sus efectos con la reducción de la huella de carbono: su objetivo, reducir en un 30% las emisiones de CO2 del 2008 al 2020 en todo el alcance; y un 55% del 2008 al 2030.

Ermitas, castillos, márgenes, caminos y fuentes; asentamientos íberos, fenicios griegos y romanos salpican nuestro territorio a modo de huellas imperecederas que la familia se ocupa de salvaguardar y hacerlas accesibles al público que busca un enoturismo inclusivo, natural y diverso. Familia Torres se ha significado como un paradigma del desarrollo del vino español y su expansión en el mundo. Hoy, la quinta generación mira al futuro consciente de los retos venideros, pero sabedora que los pasos andados por sus antecesores afianzan el sendero.