Clarence Jay Bandiala Tamula, pescador e influencer de contenido de pesca, vivió varios segundos de pánico frente a su propia cámara cuando un pulpo, recién extraído del agua, se prendió con sus ocho tentáculos a su cara y cuello. El vídeo ha dado la vuelta al mundo.
El episodio ocurrió a principios de agosto en aguas de Puerto Princesa City, Palawan, en el sur de Filipinas, durante una jornada habitual de pesca de pulpos. Según el relato del propio Tamula, la intención era acercar al animal a su rostro para morderlo en la zona de los ojos (un método que, según él, resulta más rápido para matarlo), pero el pulpo reaccionó aferrándose con fuerza a su piel.
El forcejeo, registrado en video y replicado en redes sociales y medios de todo el mundo, se extendió durante casi un minuto. «Cuando los ocho tentáculos del pulpo se aferraron a mi cara, me costó mucho quitármelo y entré en pánico, no sabía qué hacer. Cada tirón que le daba al pulpo, más se apretaba contra mí», relató Tamula tras el incidente. En las imágenes se le ve tirando de la cabeza del animal e incluso recurriendo a un objeto similar a un palo para despegar los tentáculos.
El video, difundido inicialmente por el programa filipino YouScoop, generó miles de reacciones por lo inusual de la escena y la resistencia con la que el pulpo permaneció adherido al pescador.
La tenacidad con la que el animal se aferra al rostro del pescador y, por tanto, a la vida reabre un debate de plena actualidad. España ha iniciado un proceso legislativo para prohibir la cría y comercialización de pulpos en granjas de acuicultura, al considerarlos seres sintientes con un sistema nervioso complejo capaz de resolver problemas, usar herramientas y mostrar personalidades diferenciadas. La iniciativa se apoya en estudios científicos que documentan el sufrimiento de estos animales en cautiverio: su naturaleza solitaria y territorial provoca comportamientos erráticos como el canibalismo y la automutilación cuando se los confina en espacios reducidos.
El detonante político fue el proyecto de instalar en las Islas Canarias la primera granja comercial de pulpos del mundo. Frente a la industria, que defiende la acuicultura como única vía sostenible para frenar la sobrepesca, el movimiento legislativo sostiene que el coste ético es demasiado alto, y España podría sumarse así a territorios como California o Reino Unido, donde esta práctica ya está vetada.
La ley también pone el foco en la falta de métodos de sacrificio que garanticen una muerte sin agonía (los procedimientos con agua helada, propuestos inicialmente, han sido señalados por expertos como lentos y dolorosos). La norma no se limitaría a la cría en territorio español: también buscaría impedir la comercialización de productos derivados de granjas de pulpos en otros países.

