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España necesita un verdadero modelo sociosanitario para responder al alto coste de la longevidad

En esta tribuna de opinión, Alberto Martín de la Mata (Fundación Hospitalarias) reflexiona sobre el valor de los cuidados intermedios para evitar que nuestro país pierda 3.500 millones de euros anuales en hospitalizaciones y consultas evitables

Alberto Martín de la Mata
Alberto Martín de la Mata, director general de Fundación Hospitalarias

El modelo asistencial del Sistema Nacional de Salud está concebido para resolver episodios agudos en una sociedad que avanza hacia la cronicidad. La consecuencia de esta cuestión es que, cada vez, más personas ingresan en hospitales generales cuando lo que realmente necesitan no es tratamiento médico especializado y tecnología de alta complejidad, sino cuidados continuados, rehabilitación, seguimiento clínico, apoyo social y recuperación funcional.

El resultado es doblemente costoso. Por un lado, se produce un uso ineficiente de los recursos y peor calidad de vida. Pero, además, recibe un impacto negativo sobre su bienestar emocional, que comporta el desarraigo del entorno familiar y/o comunitario en la vulnerabilidad. Y es aquí es donde emerge una de las asignaturas pendientes de nuestro sistema actual: el desarrollo de un modelo sociosanitario que integre necesidades e incorpore de forma efectiva los cuidados intermedios.

Los cuidados intermedios constituyen el puente entre el hospital general y el domicilio, atendiendo a personas que ya no precisan el tratamiento y la intensidad tecnológica de un gran hospital pero que tampoco están en condiciones de regresar a casa con seguridad. Son pacientes con pluripatología, personas mayores frágiles, enfermos neurológicos, pacientes con procesos de rehabilitación complejos o personas que necesitan cuidados paliativos.

Esta apuesta por los cuidados intermedios es necesaria. Tengamos en cuenta que, en la actualidad, España continúa utilizando, con frecuencia, el recurso más caro para resolver problemas que requieren otro tipo de respuesta. Así, un día de hospitalización cuesta entre 600 y 1.000 euros, según la complejidad y el tipo de hospital, mientras que una plaza residencial o de atención sociosanitaria tiene un coste considerablemente menor y menos aún la hospitalización a domicilio o la atención domiciliaria. En 2024, el sistema público destinó el 60,1% de su gasto sanitario a la atención hospitalaria. Sólo hay que hacer números.

Un informe de Daiichi Sankyo cifra en 3.500 millones de euros anuales lo que nuestro país pierde en hospitalizaciones y consultas evitables por no invertir en modelos como la atención intermedia. El problema no está en nuestros hospitales, sino en utilizarlos para aquello para lo que no fueron diseñados.

Por su parte, diversos estudios internacionales muestran una reducción de entre el 15 y 30% en ingresos evitables cuando existe una buena coordinación sanitaria y social. Junto a ello, experiencias desarrolladas en países como Dinamarca y Países Bajos o algunas comunidades autónomas de nuestro país, muestran que la integración entre sanidad y servicios sociales puede lograr menos ingresos evitables; menor utilización de urgencias; mayor satisfacción del paciente y mejor calidad de vida. La coordinación entre Sanidad y Servicios Sociales genera, por tanto, más valor que aumentar recursos por separado y, sin embargo, ambos sistemas siguen funcionando muchas veces de manera independiente.

Pero el debate no puede limitarse únicamente a una cuestión de eficiencia económica. Durante décadas, el éxito sanitario se ha medido en términos de supervivencia, mortalidad, complicaciones y datos de actividad. Sin embargo, hoy cobran cada vez más importancia indicadores como calidad de vida, funcionalidad, autonomía, capacidad para permanecer en el entorno habitual, bienestar, satisfacción del paciente y carga del cuidador.

En este escenario, más que un nuevo nivel asistencial, los cuidados intermedios representan un cambio de paradigma en el que el objetivo deja de ser solo curar para incorporar el reto de cuidar. Un cambio de paradigma en el que el centro del sistema deja de ser la enfermedad y pasa a ser la persona.

Sanidad y servicios sociales. Ambos son imprescindibles. El verdadero reto consiste en superar una organización fragmentada y avanzar hacia un modelo integrado de atención que responda a la realidad demográfica y epidemiológica del siglo XXI, una sociedad más longeva en la que la cronicidad, la fragilidad y la dependencia serán cada vez más frecuentes, y que valorará más la preservación de su autonomía y tener mejor calidad de vida.

Así, el sistema sanitario del futuro será, necesariamente, un sistema de salud y cuidados y su sostenibilidad no dependerá únicamente de disponer de más hospitales, camas o tecnología. Dependerá de nuestra capacidad para construir una atención verdaderamente integrada que conecte sanidad, servicios sociales y cuidados de larga duración. Porque, me reitero, el gran reto del siglo XXI no es solo atender enfermedades. Es acompañar personas con necesidades cada vez más complejas. Y, para ello, seguir respondiendo con las herramientas del modelo agudo del siglo pasado es la alternativa más costosa, menos eficiente y menos humana.

Por Alberto Martín de la Mata, director general de Fundación Hospitalarias

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