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Tres pilares para avanzar hacia un modelo sanitario competitivo en el que los pacientes sean colíderes

En esta tribuna de opinión, Pedro Soriano asegura que los países que logren sistemas más ágiles, coordinados y centrados en pacientes atraerán inversión en investigación, retendrán talento clínico y posicionarán sus ecosistemas sanitarios como referentes

Pedro Soriano
Pedro Soriano, enfermero y director del Máster en Digital Health en la Universidad Europea de Madrid

«Ese día fue inolvidable. Recuerdo cada detalle. Me sentí liberado.» Así describe uno de los 17 pacientes entrevistados en nuestro estudio fenomenológico el momento en que, tras años de errancias diagnósticas, finalmente, recibió su diagnóstico de enfermedad rara. Esa experiencia, multiplicada por miles, revela algo más importante que la emoción individual. Evidencia un cambio profundo en cómo el sistema sanitario debe replantearse su respuesta ante un problema de salud pública que afecta a entre 400 y 500 millones de personas globalmente.

Las enfermedades raras son un desafío mundial, no solo clínico. El 95% carece de tratamientos específicamente aprobados. El tiempo medio desde el síntoma hasta diagnóstico alcanza casi 8 años. En España, aproximadamente, 920.000 personas conviven con alguna de las 6.000 a 8.000 enfermedades raras identificadas. Pero, los números, aunque importantes, no capturan la verdadera crisis: la fragmentación del sistema sanitario frente a esta realidad.

Nuestro estudio documentó algo que debería reorientar las políticas sanitarias: los pacientes no son pasivos en la ecuación. Son actores indispensables en la transformación. Cuando un paciente con glucogenosis propone alternativas terapéuticas a su equipo médico, o cuando otro diagnosticado con síndrome de Wolfram coordina su propio cuidado a través de redes de profesionales especializados, no está solo buscando soluciones. Está liderando un cambio organizacional que el sistema sanitario todavía no ha integrado plenamente en sus estructuras. Así, debemos avanzar hacia un modelo donde los pacientes son colíderes, no sujetos pasivos, en el diseño de su propio cuidado.

La investigación que hemos llevado a cabo identifica tres pilares para esa transformación: coordinación efectiva entre niveles de atención, gestión del conocimiento distribuido, y empoderamiento de pacientes como fuentes de información clínica valiosa. No son conceptos nuevos. Lo que es urgente es su implementación dentro del sistema sanitario.

Algunos sistemas sanitarios ya lo están demostrando. Las telemedicina facilita seguimiento sin cargas logísticas. Los registros de pacientes documentados colaborativamente generan datos esenciales para investigación. Los grupos de pares coordinados por profesionales especializados reducen aislamiento y mejoran adherencia terapéutica. Estas no son innovaciones de laboratorio. Están sucediendo en Madrid, Valencia, Almería. El reto es escalarlas, financiarlas predeciblemente, e integrarlas en protocolos nacionales.

Esto importa también desde la perspectiva de competitividad. Los países que logren sistemas más ágiles, coordinados y centrados en pacientes atraerán inversión en investigación, retendrán talento clínico, y posicionarán sus ecosistemas sanitarios como referentes. No es solo humanitario. Es estratégico.

¿Qué se requiere ahora? Que las administraciones sanitarias prioricen formación especializada en atención primaria para captar casos más temprano. Que los profesionales entiendan que las enfermedades raras son un problema de salud pública que requiere coordinación, no fragmentación. Que la inversión en telemedicina y en registros de pacientes no sean considerados gastos opcionales, sino infraestructura urgente. Y que, sobre todo, sigamos escuchando activamente a quienes lideran desde su propia experiencia.

El futuro de la atención a enfermedades raras no descansa en una solución única o en una institución. Descansa en un ecosistema donde investigadores, clínicos, asociaciones de pacientes y empresas biotecnológicas trabajan alineados bajo el norte compartido de reducir el tiempo diagnóstico, mejorar el acceso a tratamientos, y posicionar a los pacientes como colíderes en sus propios cuidados.

Hoy, esa transformación ya está sucediendo. Pero mientras construimos esos ecosistemas, emerge una pregunta que debería ocupar a cualquier líder en salud: ¿Cómo afectará la inteligencia artificial a todo esto? ¿Aceleraría diagnósticos en enfermedades raras con precisión sin precedentes? ¿O profundizaría aún más la brecha entre quienes tengan acceso a tecnología de punta y quienes sigan navegando en silencio? ¿Podría IA analizar registros de pacientes distribuidos para descubrir patrones que los expertos humanos nunca verían?

No tengo la respuesta. Pero sé que, si seguimos ignorando estas preguntas, perderemos la oportunidad de construir un ecosistema de enfermedades raras que sea realmente transformador. Uno donde la tecnología amplíe el liderazgo de pacientes, no lo reemplace.

Por Pedro Soriano, enfermero y Director del Máster en Digital Health en la Universidad Europea de Madrid (UEM)

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