Baleares

La caja que deja el Mundial en los bares y restaurantes de Mallorca

Una camarera llenando un vaso en un tirador de cerveza. Foto: Pexels

El Mundial dijo adiós el pasado domingo y la restauración mallorquina no supo si respirar satisfecha o aliviada. Sensaciones contradictorias y balances dispares tras un evento cuyo impacto es difícil de precisar. «Son años raros», comentan desde el sector al referirse a los efectos que tienen sobre sus negocios estos veranos de Mundial o Eurocopa. Cafeterías y bares de barrio, sobre todo, o locales especializados en retransmisiones deportivas son la cara de la moneda frente a los restaurantes, particularmente, o los negocios en general en los que las pantallas de televisión tienen una presencia secundaria o directamente nula.

Juanmi Ferrer, presidente de la asociación Mallorca Restauración, integrada en la Confederación de Asociaciones Empresariales de Baleares (CAEB), es tajante al respecto. «Estamos doblemente contentos: por la victoria de España y porque por fin ha terminado el Mundial». Ferrer argumenta sus sentimientos. Contrariamente a lo que se pudiera pensar, ha sido un torneo un poco problemático en lo tocante a la parte empresarial, ya que «rompe con toda la operativa tradicional, sobre todo por los horarios y el desorden que genera: hay muchos restaurantes, por ejemplo, que se han encontrado sin gente a la hora de cenar». Al final, «todo eso hace que sean años atípicos».

Como de costumbre, la alegría y la decepción van siempre por barrios y por tipo de oferta. Ferrer lo tiene claro. «Los restaurantes han salido perdiendo, el Mundial ha beneficiado más a otro tipo de negocios, bares de barrio, etcétera». Y todo ello, a pesar de que los partidos de la selección española podían disfrutarse cómodamente desde casa y en un verano marcado de nuevo por la sucesión interminable de olas de calor. Un desafío climático hasta para las terrazas que a priori les resta atractivo y poder de atracción. Sin embargo, «al final mucha gente prefiere disfrutar de estos partidos donde hay más ambiente, le gusta estar en compañía para celebrar».

Curiosamente, la clausura de la competición ha coincidido con una bajada general en las ventas que los empresarios no saben bien a qué achacar, aunque esperan que se empiece a remontar este mismo fin de semana. «Está siendo un mes de julio con menos facturación que el del año pasado y todo apunta a que agosto se moverá en la misma línea». Por otro lado, que España haya acabado alzándose con la victoria final termina sumando y no restando. «Siempre es positivo para todo el sector turístico porque supone una publicidad extra». Una chincheta más en el mapa.

Similares conclusiones extrae César Amable, presidente de la patronal de restauración integrada en la Federación de la Pequeña y Mediana Empresa (PIMEM). «Los establecimientos más dados a las retransmisiones deportivas, con el bar mejor acondicionado para esas cosas y demás, lo han pasado, lógicamente, mucho mejor». Con todo, subraya que hay que añadir a la ecuación otro condicionante que no ha jugado en favor del sector y ese es la habilitación de pantallas gigantes en numerosos puntos de la isla para seguir los partidos de la Roja. Desde Son Fusteret a Son Moix pasando por plazas y polideportivos de la Part Forana, miles de aficionados decidieron disfrutar de los encuentros en medio de multitudes, especialmente en el caso de la final con Argentina.

La facturación, teniendo en consideración todos los factores, no ha experimentado grandes vaivenes en los negocios de la isla. Y ello a pesar de que la patronal estatal de restauración ha calculado un incremento de hasta el 30% en las ventas en citas especiales como la final. Sin ir más lejos, el restaurante del propio Amable, Los platos de Soto, cerró sus puertas ese día. Fue la mejor decisión -ríe, pero no bromea- ante las perspectivas de una plantilla que hubiera estado más pendiente de las pantallas de televisión que de las mesas. Y más teniendo en cuenta «la poca clientela que probablemente íbamos a tener esa noche».

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