Este vídeo es mejor que salir a cenar. Lo pensé la noche del sábado y me quedé en casa. Una hora y veinte minutos con el juez Manuel Marchena. Don Manuel reflexiona sobre la acusación popular y sobre los jurados populares y luego contesta preguntas del público.
Yo no soy nadie para considerar la finura jurídica del magistrado, pero es uno de los pocos españoles capaz de hablar una hora y media sin papeles y sin tachones, desarrollando argumentos coherentes, bien trenzados y que ilustra con ejemplos y anécdotas jugosos. Un vocabulario amplio, bien elegido, una sintaxis ordenada. Y sin insultar a nadie.
Al final, lo que todos pudimos entender durante el juicio del proceso independentista fue este orden, esta simetría. Esta higiene en la que consiste, sobre todo, la democracia. El juez Marchena fue la desinfección de una herida y tras años de dudas y renuncias, España recuperó la confianza en sí misma, también en Cataluña.
En este vídeo de El Debate, el señor Marchena explica la necesidad de la acusación popular y los límites que ha de tener; lo mismo en el caso de los jurados populares. Su tono y su pedagogía simplifican lo complicado y lo vuelven comprensible, preciso, ciudadano. A la vez, la calidad de su discurso transmite una muy confortable sensación de lujo. Te hace crecer por debajo y te eleva por encima.
Arcadi Espada escribió de este juez que durante el juicio del procés fue el hombre más carismático de España, y no han sido pocos los que han considerado, en los últimos años, que ha sido el único dique de contención que ha tenido el sanchismo. Esto último no sé si le alegra en exceso, porque en esta conferencia advierte del peligro de que la Justicia se perciba como partidista, y de cómo algunas interpretaciones interesadas laminan la convivencia.
No creo que las notas del colegio o el instituto sean importantes. No he visto que ninguno de los estudiantes más aplicados de mi promoción hayan llegado demasiado lejos. Lo único que le exijo a mi hija es un sobresaliente en catalán y otro en castellano. Y no lo hago porque quiero que se dedique a escribir, sino porque hablar y escribir correctamente tus dos lenguas es lo mínimo exigible en una persona que quiera presentarse ante el mundo en condiciones aceptables.
No sé si los padres del juez le exigieron estos sobresalientes -me imagino que algunos más- pero desde luego se hizo con las habilidades y hoy los españoles tenemos algo en lo que creer gracias a hombres como él.

