Health

Promover espacios públicos para jugar, una inversión necesaria para un futuro mejor

En esta tribuna de opinión, Paula Barriga (Novo Nordisk) sostiene que las ciudades más saludables no son, necesariamente, las que tienen más hospitales. Y en este marco, defiende que pocas inversiones ofrecen un retorno tan positivo como garantizar que todos los niños tengan la oportunidad de jugar

Paula Barriga
Paula Barriga, directora general de Novo Nordisk España. Foto/ Marisa Cardoso para Forbes Portugal

Durante mucho tiempo, hemos considerado el juego como una actividad secundaria: un premio después de las obligaciones, una forma de entretenimiento infantil o simplemente una manera de pasar el tiempo. Sin embargo, cada vez hay más evidencia científica que reta esta visión y demuestra que jugar no es una actividad prescindible. Es una de las inversiones más rentables que una sociedad puede hacer para promover la salud, el bienestar y el desarrollo de las personas.

Y planteo esta cuestión porque nos enfrentamos a una realidad preocupante. El sedentarismo, la reducción de los espacios destinados al juego y la actividad física y determinados cambios en nuestros estilos de vida están contribuyendo a que niños y adolescentes sean cada vez menos activos. Estos cambios están favoreciendo la aparición precoz de enfermedades que hace apenas unas décadas se asociaban, casi exclusivamente, a la edad adulta. La obesidad infantil, la diabetes tipo 2 o los problemas de salud emocional son ya desafíos prioritarios para los sistemas sanitarios de todo el mundo.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que niños y adolescentes realicen al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada o intensa. ¿Estamos consiguiéndolo? No. Ocho de cada diez adolescentes no alcanzan ese mínimo. Esto no solo compromete la salud de las futuras generaciones; también condiciona la sostenibilidad de nuestros sistemas sanitarios, la productividad futura y la calidad de vida de la sociedad. El reto que tenemos en España es especialmente relevante, con cerca de tres de cada diez menores con exceso de peso.

Frente a esta realidad, convenzámonos de que invertir en infancia es invertir en el capital humano del futuro y, cuando, hablamos de juego activo, no estamos hablando únicamente de ocio. Estamos hablando de prevención. Correr, saltar, montar en bicicleta o simplemente jugar en un parque son hábitos que ayudan a regular el metabolismo y reducen el riesgo de obesidad y diabetes.

Pero el valor del juego va mucho más allá de la salud física. Mientras juegan, los niños desarrollan capacidades cognitivas, fortalecen su creatividad, aprenden a cooperar, a gestionar conflictos, a afrontar la frustración y a construir relaciones sociales saludables. En definitiva, el juego contribuye al bienestar emocional y al desarrollo integral desde las primeras etapas de la vida… y promover el juego activo es una decisión estratégica.

Existe, además, una dimensión que no podemos ignorar: el derecho a jugar. La Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas reconoce el juego como un derecho universal de todos los niños. Sin embargo, para millones de ellos ese derecho continúa condicionado por el lugar donde nacen, el nivel de renta de sus familias o las características del barrio en el que viven. El acceso a espacios seguros, inclusivos y de calidad para jugar sigue siendo profundamente desigual.

La equidad también comienza en un parque

La evidencia muestra que los barrios con menor nivel socioeconómico disponen de menos zonas verdes, menos espacios de juego y peores condiciones de seguridad y mantenimiento. Esta desigualdad termina traduciéndose en una peor salud.

Aquí es donde el concepto de «ciudades saludables» cobra una importancia decisiva. El diseño urbano ya no puede entenderse únicamente desde la movilidad o la planificación territorial; debe ser una herramienta de prevención y promoción de la salud. Las ciudades que facilitan la actividad física generan poblaciones más sanas, reducen costes sanitarios y mejoran la calidad de vida de sus ciudadanos.

Avanzar en la prevención y la promoción de la salud requieren una visión amplia y colaborativa. Así lo entendemos en Novo Nordisk y, por eso, trabajamos junto a administraciones, entidades sociales, profesionales y comunidades para abordar algunos de los grandes retos de salud de nuestro tiempo. A través de nuestra iniciativa Active Play Challenge, ponemos de manifiesto el valor de las alianzas entre el sector público, el privado y la sociedad civil para construir ciudades más saludables. Juntos, impulsamos proyectos comunitarios que amplían el acceso al juego activo y contribuyen a transformar los entornos urbanos en espacios más seguros, inclusivos y saludables para niños y adolescentes, especialmente en comunidades en situación de mayor vulnerabilidad.

Así, cabe afirmar que jugar también es prevenir. Y, tal vez, pocas inversiones ofrezcan un retorno tan positivo para una sociedad como garantizar que todos los niños tengan la oportunidad de salir, moverse y jugar. Porque las ciudades más saludables no son, necesariamente. las que tienen más hospitales. Son aquellas que crean las condiciones para que las personas puedan disfrutar de un mayor bienestar desde el primer día.

Por Paula Barriga, directora general de Novo Nordisk España

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