La salud ha dejado de ser únicamente una cuestión asistencial para convertirse en un factor estratégico de competitividad económica. Esa es una de las principales conclusiones de la mesa de salud del Forbes Economic Summit, en la que participaron Juan López-Belmonte, presidente de ROVI; Fernando Granell, director general de BMS España y Portugal; y Goretti Hidalgo, Head of Corporate Communications, Shared Value & Sustainability de Chiesi España y Portugal.
La pandemia marcó un punto de inflexión en la percepción del sector. El COVID-19 demostró hasta qué punto la salud está vinculada al funcionamiento de la economía, la productividad y la estabilidad de una sociedad. Para Juan López-Belmonte, la conclusión es clara:
“Sin salud no hay economía”.
A su juicio, los países más desarrollados y competitivos son también aquellos que cuentan con sistemas sanitarios sólidos. La salud funciona además como un elemento de cohesión social y como una herramienta capaz de generar productividad y empleo, en un momento en el que la geopolítica ha situado también la autonomía sanitaria y la capacidad industrial entre las prioridades estratégicas.
España, además, parte de una posición industrial que el presidente de ROVI considera especialmente relevante. López-Belmonte defendió la necesidad de poner en valor el tejido existente en el país, desde la industria farmacéutica hasta la red de farmacia comunitaria, y de aprovecharlo para reforzar la capacidad nacional de investigación y producción.
Ensayos clínicos y talento: la otra cara de la innovación
En este contexto, la investigación clínica aparece como uno de los principales activos de España. Fernando Granell destacó que la innovación farmacéutica no solo permite desarrollar nuevas soluciones terapéuticas para necesidades médicas no cubiertas, sino que también genera empleo altamente cualificado, investigación y atracción de talento.
BMS cuenta actualmente con más de 135 ensayos clínicos activos en España, una cifra que representa el 57% del total de ensayos clínicos activos de la compañía a nivel mundial, según los datos aportados por Granell durante la mesa.
España se ha convertido, además, en uno de los principales mercados europeos para el desarrollo de ensayos clínicos gracias a la combinación de un sistema sanitario desarrollado, profesionales sanitarios cualificados y el compromiso de la industria farmacéutica.
Para Granell, la inversión en investigación y desarrollo debe contemplarse con una perspectiva de largo plazo. La propia actividad investigadora permite, además, formar y especializar a profesionales, contribuyendo a retener talento en el país.
“La inversión en I+D tiene que ser a largo plazo”
señaló el director general de BMS España y Portugal. La apuesta por la innovación, añadió, no debe medirse únicamente por el número de tratamientos que llegan al mercado, sino también por su capacidad para generar conocimiento, empleo y desarrollo económico.
Una industria que genera 270.000 empleos
La dimensión económica del sector también fue uno de los argumentos centrales de Goretti Hidalgo. La responsable de Chiesi destacó que la industria farmacéutica se ha convertido en un motor de actividad económica y de generación de empleo cualificado en España.
Según los datos compartidos durante la mesa, el sector farmacéutico es actualmente el segundo más productivo de España y genera aproximadamente el doble de valor que la media de la industria. En términos de empleo, la industria genera cerca de 270.000 puestos de trabajo directos e indirectos en el país.
Pero Hidalgo situó el impacto del sector más allá de sus cifras económicas. En los últimos 50 años, España ha incrementado en más de 10 años su esperanza de vida y, según los datos aportados durante la mesa, los medicamentos innovadores explicarían alrededor del 73% de la mejora de la esperanza de vida en las sociedades desarrolladas.
La consecuencia es una visión de la industria en la que rentabilidad y retorno social deben avanzar conjuntamente. Hidalgo explicó que Chiesi trabaja desde hace más de una década bajo el concepto de valor compartido, incorporando al negocio dimensiones sociales y ambientales además de las estrictamente económicas.
Del tratamiento al “viaje del paciente”
Esta perspectiva también modifica la forma de entender la innovación sanitaria. Hidalgo defendió que las compañías no deben concentrarse exclusivamente en el medicamento o tratamiento, sino analizar todo el recorrido del paciente: desde la prevención y la aparición de los primeros síntomas hasta el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento posterior.
El reto es especialmente importante en las enfermedades raras, donde el diagnóstico puede prolongarse durante años. Hidalgo señaló que en determinados casos puede tardar entre siete y ocho años, lo que convierte la reducción de esos tiempos en uno de los grandes desafíos del sistema.
La cuestión adquiere todavía más importancia ante una sociedad cada vez más longeva, en la que aumentará también el peso de las enfermedades crónicas y la necesidad de acompañar a los pacientes durante periodos más prolongados.
La mesa dejó así una idea común: la salud no debe contemplarse únicamente como una partida de gasto, sino como una infraestructura estratégica capaz de generar crecimiento, empleo, innovación y resiliencia económica. Para España, el reto pasa por aprovechar el tejido industrial y sanitario que ya existe, reforzar la investigación y conseguir que esa capacidad se traduzca también en más producción, talento y competitividad.

