Cuando el termómetro supera los 40 grados, casi todo el mundo piensa primero en la salud, y con razón: solo en Madrid, entre el 16 de mayo y el 9 de julio de este verano, el sistema de vigilancia MoMo ha estimado 152 muertes atribuibles al calor en la región, con 54 de ellas concentradas en una sola semana, la del 4 al 10 de julio, cuando las temperaturas rozaron los 42 grados en localidades como Aranjuez o Alcalá de Henares.
A nivel nacional, junio de 2026 ha dejado 1.031 muertes atribuibles al calor, un 153% más que el mismo mes del año anterior. Son cifras que golpean primero por lo humano. Pero detrás de cada una de ellas hay también una historia económica que España está empezando a pagar, y que según los principales estudios internacionales solo va a empeorar.
El agujero de 105.000 millones de euros
Según un informe de la aseguradora Allianz, el calor extremo podría costarle a la economía española hasta 120.000 millones de dólares, unos 105.000 millones de euros de aquí a 2030. Es una cifra que equivale al 7% del PIB español, y que sitúa a España como una de las economías europeas más expuestas al fenómeno, por delante de Francia e Italia.
Un segundo estudio, elaborado por investigadores de la Universidad de Mannheim junto al Banco Central Europeo, llega a conclusiones parecidas: solo en 2029, el sobrecoste anual del calor extremo para la economía española podría alcanzar los 34.000 millones de euros, un solo ejercicio.
La cadena de consecuencias que describen estos estudios es, en el fondo, bastante intuitiva: más calor significa menos horas trabajadas, y menos horas trabajadas significa menos actividad económica en cadena. Según las proyecciones de Allianz, esa cadena se traduciría en una caída de la recaudación fiscal del 1,3%, una reducción de los salarios de entre el 0,7% y el 1,3%, una subida acumulada de los precios al consumo del 1,9%, y un incremento del desempleo de 2,45 puntos porcentuales para 2030. Más calor, menos actividad, menos ingresos, más gasto ese es, en cuatro palabras, el resumen de lo que le está pasando a la economía española cada vez que sube el mercurio.
Lo que el calor le hace a un trabajador, en números
La causa concreta de esas pérdidas tiene nombre y apellido: productividad laboral. Un informe conjunto de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Meteorológica Mundial calcula que la productividad de un trabajador cae entre un 2% y un 3% por cada grado que se supera los 20 grados centígrados.
Por cada jornada con máximas por encima de los 32 grados, según otro cálculo citado en estos estudios, se pierde el equivalente a media jornada laboral completa.
La Organización Internacional del Trabajo añade una dimensión adicional al problema: desde 2020, el número de trabajadores expuestos a calor extremo en todo el mundo ha aumentado cerca de un 35%, y la previsión es que para 2030 se pierda a nivel global un 2,2% del total de horas de trabajo por esta causa.
En España, el Ministerio de Trabajo recuerda con cada episodio de calor extremo que las empresas están obligadas a paralizar la actividad si existe riesgo inminente para la salud de sus trabajadores, especialmente en sectores como la construcción y la hostelería, dos de los más señalados por los estudios como los más golpeados por la reducción de horas trabajables.
Lo que ya se está viendo sobre el terreno en Madrid
Más allá de las proyecciones a 2030, el impacto económico del calor ya es visible en el día a día de la región. Renfe ha tenido que reducir la velocidad de circulación en líneas de alta velocidad entre Madrid y Zaragoza ante el riesgo de deformación de las vías por las altas temperaturas. Movistar ha registrado un 22% más de fallos en sus antenas de telefonía 4G y 5G por el sobrecalentamiento de los equipos. Y el consumo eléctrico per cápita, disparado por el uso masivo del aire acondicionado, ha crecido entre un 4% y un 5% durante los episodios de calor más intensos, según datos citados en los mismos informes de impacto económico, situando a España entre los países donde más se dispara ese consumo en toda Europa.
La Agencia Estatal de Meteorología, por su parte, ha emitido ya 17 avisos rojos por calor en lo que va de 2026, el doble que en 2023.
Una factura que ya no se puede aplazar
Durante años, el calor extremo se trató en España casi exclusivamente como un problema sanitario y, como mucho, como una incomodidad estival. Los datos de este verano tanto los 152 fallecimientos en Madrid como los 105.000 millones de euros que Allianz calcula para el conjunto del país de aquí a 2030, dejan cada vez menos margen para seguir pensándolo así.
El calor ya no es solo una cuestión de salud pública. Es, con cifras encima de la mesa, uno de los mayores frenos económicos a los que se va a enfrentar España en los próximos años, y la diferencia entre gestionarlo a tiempo o no hacerlo se empieza a medir, literalmente, en miles de millones de euros.

