Banda sonora para la lectura: La conquista del paraíso. Vangelis. De la película 1492.
Llegó el día y se culminó la salida a bolsa de una de las empresas de cohetes más mediática del mundo. Y el mercado habló. Como diría un broker, hubo una demanda masiva, un libro sobresuscrito varias veces. Y cuando el viernes las acciones comenzaron a cotizar en el epicentro del capitalismo, su fundador se convirtió en la persona más rica del mundo acumulando un patrimonio de 13 dígitos. Como los fenómenos climatológicos, han nacido los ricos extremos. Cada vez más frecuentes, y más potentes.
El acontecimiento tuvo su propio escenario, el “National Association of Securities Dealers Automated Quotation”, el NASDAQ para los amigos, sede social de mega compañías especializadas en las nuevas narrativas tecnológicas como el espacio, la conectividad, la inteligencia artificial, claro, o la biotecnología. Como la compañía de Elon.
Para algunos, habrá sido un hito financiero de primer orden y un gran paso para la humanidad, para otros, en especial para los europeos aún creyentes de la sostenibilidad, imagino que un espejo incómodo.
El capitalismo tecnológico contemporáneo, de ambición sin complejos, y una capacidad innegable (si se acepta) de redefinir sectores enteros, puede que no tenga cabida en el marco legal ESG europeo, especialmente de los inversores institucionales, por su carácter prescriptivo, centrado en la responsabilidad, transparencia y supervisión de los órganos de dirección de las compañías objeto de inversión. Los minoristas, por gracias de la Ley del Mercado de Valores, tienen libertad de credo.
Y la incomodidad no debería basarse en motivos financieras, sino en la gobernanza imperante. Aquí es donde el debate ESG revela su verdadera naturaleza. Como me enseñó Juan Carlos Delrieu, economista y referente en finanzas sostenibles, el orden de las letras importa. La “G” es el cimiento. Sin estructuras de gobierno sólidas, sin contrapesos reales, sin cultura ética y rendición de cuentas, los objetivos medioambientales y sociales quedan reducidos a narrativa. A storytelling.
Las reglas ESG, y en particular el marco SFDR europeo, obliga a las entidades financieras que apuestan por el estado de Derecho a ser transparentes sobre cómo integran la sostenibilidad en sus inversiones. Invertir en equis compañía del mercado tecnológico norteamericano situaría en posición de incumplimiento a una parte significativa del capital europeo. No por su tecnología, ni por su impacto industrial, sino por la concentración de poder, la estructura accionarial y la debilidad de los contrapesos institucionales.
Todo este contraste regulatorio revela dos formas distintas de entender el capitalismo del siglo XXI. Por un lado, un modelo que sitúa al fundador como un semidios, prioriza la innovación como justificación suficiente, y el mercado como único árbitro. Por otro, unas ideas, realmente unos valores, que insisten en proclamar que el progreso necesita estructura, que el poder sin gobernanza acaba pasando factura, y que la tecnología, por transformadora que sea, no es neutra en términos sociales.
El innegable éxito financiero para esta compañía, y el previsible de otras que anuncian repetir el ejercicio, expone con nitidez una de las grandes contradicciones del ESG contemporáneo. La extraordinaria actual innovación, puede que se esté construyendo sobre una gobernanza frágil. Con dificultad podrían apuntarse algunos avances desde un punto de vista ambiental y social, pero esta nueva oligarquía de poder altamente concentrado, de contrapesos débiles y una rendición de cuentas subordinada a la figura del fundador, tensionan directamente los principios básicos de la sostenibilidad a largo plazo y, en definitiva, del desarrollo de la humanidad.
En un momento en el que el capital, la innovación y el poder se concentran a una velocidad inédita, la pregunta relevante ya no es cuánto crecemos, sino cómo se gobierna ese crecimiento. Ojalá lleguemos a tiempo a la próxima conjunción de Venus y Júpiter para que nos inunden de armonía.
Sobre OPV,s de sociedades profesionales, habrá que escribir pronto.
Película recomendada MARGIN CALL dirigida y escrita por J. C. Chandor. El guion trata, sobre todo, de decisiones. De quién las toma, desde dónde y con qué consecuencias. A través de una narrativa tensa y visualmente poderosa, invita a reflexionar sobre los límites del progreso cuando la velocidad supera a la responsabilidad y la innovación avanza más rápido que la gobernanza.
*Jesús Mardomingo es abogado de largo recorrido. Defensor de la economía naranja, como modelo de desarrollo en el que la diversidad cultural y la creatividad son punto clave para abordar con éxito la actual transformación social y económica que el planeta demanda.

