El acuerdo que firmarán Estados Unidos e Irán en Suiza el viernes se materializará con la reapertura del Estrecho de Ormuz. Antes de la escalada bélica pasaba por él una quinta parte del consumo mundial de petróleo y del gas natural, así como una parte aún más relevante de fertilizantes y otros insumos mundiales. El desbloqueo permitirá que el flujo comercial se recupere, pero los efectos sobre los precios no serán inmediatos.
«Va a ser necesario un cierto tiempo hasta que se normalicen los mercados por varias razones. En primer lugar, porque las reservas estratégicas de crudo están muy mermadas y va a haber que reconstituirlas. Y por otra parte, hay todo tipo de costes adicionales respecto a febrero», explica Raymond Torres, director de Coyuntura Económica de Funcas. Por ejemplo, los seguros o posibles peajes por el paso por el Estrecho de Ormuz.
José Ramón Díez, director de Economías y Mercados Internacionales de CaixaBank Research, celebra que la apertura de Ormuz disminuye la probabilidad de los escenarios económicos más adversos. «Con la recuperación de 2/3 de los flujos de Ormuz existentes antes de la guerra, el mercado volvería al equilibrio entre oferta y demanda«, señala, con un nuevo nivel de equilibrio en el petróleo que estiman en 80 dólares por barril.
Sin embargo, Díez coincide con Torres en que «la normalización completa de los mercados energéticos llevará tiempo, pues se tardará en reconstruir las infraestructuras dañadas y recuperar los niveles de inventarios». Además, el mercado va a seguir expuesto a «una elevada volatilidad» en los próximos meses, pues las negociaciones serán «largas y complicadas». Con todo, prevé «daños moderados» en crecimiento e inflación.
Raúl Viñas, analista de Analistas Financieros Internacionales (AFI), también habla de «una normalización paulatina, frágil e incompleta», con el flujo de productos ligados al crudo y gas «recuperándose por fases y posiblemente sin retornar próximamente a los niveles preconflicto». Advierte de que la demanda para recomponer reservas estratégicas «mantendrá cierta tensión en los precios del crudo».
«Más que dar un impulso fuerte al crecimiento, se evita un deterioro severo en inflación, confianza y costes energéticos si Ormuz hubiera permanecido cerrado varios meses más. El alivio financiero y energético ya se ha producido en gran medida, pero su traslado a inflación, márgenes empresariales y consumo tardará varios meses y dependerá de que la reapertura se consolide», concluye Viñas.
El efecto de las rebajas fiscales en España
En España también hay elementos locales que retrasarán la normalización. El más evidente es el fin de las medidas aprobadas por el Gobierno en marzo. Tras eliminar en junio las ayudas fiscales en electricidad y gas, a partir de julio se podrían normalizar el IVA y los impuestos especiales sobre los carburantes. Y eso, tal y como indica Torres, «entraña necesariamente un repunte del Índice de Precios de Consumo (IPC)«.
Funcas estima que la eliminación de estas ayudas implicará ocho décimas más de inflación en el mes en que se produzca. Y a esto se suma que las empresas han incurrido en costes adicionales que todavía no se han trasladado por completo a los precios finales. «Estamos hablando todavía de una cierta presión sobre el IPC durante los próximos meses, y por tanto estamos hablando de una cierta pérdida de poder adquisitivo en el corto plazo», comenta Torres.
Esto se relaciona directamente con el impacto económico. El director de Coyuntura de Funcas señala que dependerá de cómo reaccionen los consumidores: «Si tiran del ahorro para aguantar este choque transitorio, tendrá poco impacto en el Producto Interior Bruto (PIB). Si no disponen de ahorro, tendrá un impacto más importante».
Desde Funcas estiman que el impacto que habrá tenido el conflicto en Oriente Medio sobre la economía española, incluso bajo el supuesto de que este acuerdo finalmente se materializa, se estima en entre dos y tres décimas en el caso de España. Con todo, el servicio de estudios prevé que el crecimiento del PIB se modere del 2,8% en 2025 y al 2,2% este año, mientras que la inflación media habrá subido del 2,7% al 3,4%.
Marina García, analista de AFI, añade que para España el principal beneficio probablemente no provenga tanto de una reducción directa de la factura energética como de la mejora del entorno económico europeo. «Una menor presión energética sobre Alemania, Francia o Italia reduce los riesgos sobre las exportaciones españolas, la inversión empresarial y algunos flujos turísticos vinculados a la renta disponible de los hogares europeos», explica.
BBVA Research también actualizó sus perspectivas hace unos días, recordando que el precio del petróleo y del gas se ha mantenido contenido en términos reales gracias al desarrollo de rutas alternativas para garantizar el abastecimiento, al incremento de la oferta de combustibles producida fuera del Golfo, a la utilización de reservas, y a la sustitución hacia otras fuentes de energía.
Pero desde el think tank del banco recuerdan que el reto para la economía mundial no ha provenido solo del coste del petróleo, sino de una combinación de insumos clave más caros -petroquímicos, fertilizantes, aluminio o metanol-, la reaparición de cuellos de botella logísticos y el deterioro de la confianza. Todo ello debe recuperarse ahora, y llevará su tiempo.

