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Habitar el lujo silencioso

Cada proyecto de este estudio de arquitectura parte con el claro objetivo de respetar el entorno natural y mejorar la vida de quien vive allí. Para su cofundador ahí reside el verdadero lujo.

Manuel Ruiz Moriche fotografiado el 9 de marzo en las oficinas de ARK Architectos. Foto: Jesús Chacón.

La vocación por la arquitectura de Manuel Ruiz Moriche no nació entre rascacielos y cemento. Muy influenciado por el mar y la luz de Cádiz (nació en la Línea de la Concepción), descubrió la esencia de esta disciplina en el Patio de los Arrayanes, en la Alhambra de Granada. En ese jardín -concebido para disfrutar con la vista, el oído y hasta el olfato, gracias al aroma de los mirtos- “sentí lo que era que un espacio te estimulase a través de todos tus sentidos”. Algo que lleva persiguiendo desde hace 26 años con cada proyecto del estudio ARK Arquitectos, conocidos como “los artesanos de la arquitectura”, del que es cofundador y director creativo.

¿Qué busca cuando asume el proyecto de una nueva vivienda?

Con cada trabajo propongo provocar un cúmulo de sensaciones. La arquitectura está pensada por y para el ser humano que la habita, y logra ayudar a las personas a mejorar su vida cotidiana para que puedan alcanzar algo más sublime: felicidad.

En esa creación de sensaciones tiene mucha importancia la conexión con el entorno, con la naturaleza…

Sí, porque para mí la arquitectura y el entorno natural deben mantener un diálogo constante. Esa interacción es el punto de partida de cualquier proyecto. Como respondió en una ocasión el gran arquitecto Álvaro Siza, “por encima de todo, es la creación de un escenario para el ser humano”.

¿Es, por tanto, esa la filosofía de la bioarquitectura de la que usted habla?

Así es. La bioarquitectura se centra en la creación de edificios que armonicen con su entorno y lo respeten para minimizar su impacto ambiental y promover una calidad de vida saludable para los habitantes.

¿Cómo se traduce a la hora de planificar una vivienda?

Todo comienza desde la fase de diseño, donde tenemos en cuenta la orientación solar, topografía, vientos, entorno vegetal, vistas… A partir de ahí se complementa con el uso de materiales naturales y ecológicos y tecnología, con sistemas de recolección de agua de lluvia y de aislamiento térmico; energías renovables; domótica etc.

«La arquitectura y el entorno natural deben mantener un diálogo constante»

Imagino que la luz, seña de identidad del estudio, también entra en juego en esa ecuación.

Es el verdadero tema central de la arquitectura; no es un añadido más sino un elemento estructural, casi físico, que moldea y define los espacios. Esa luz es uno de los mejores vehículos para crear atmósferas y transmitir emociones.

Se habla mucho del lujo silencioso, tranquilo. ¿Cómo se traslada esa idea a la arquitectura?

Se manifiesta en la luz que entra suavemente por una ventana, en la elección de materiales, en la sensación de calma… Consiste en otra forma de entender el lujo: no se impone, no grita, no necesita ser admirado para existir. Es una propuesta que cede todo el protagonismo al lugar desde la discreción y la armonía y solo se descubre al habitar el espacio. Eso es lo que busco con mis proyectos, casi como si quisieran pasar desapercibidos para que el entorno brille por sí mismo.

Para terminar, ¿qué retos cree que afronta la arquitectura y cuáles son sus próximos proyectos?

Tras 26 años, entendemos que en arquitectura la innovación es constante y nos obliga a estar alerta a las exigencias de nuestros clientes y del mercado de alto nivel. En cuanto los proyectos, más allá de Nueva York, Miami, Emiratos Árabes o Australia, la demanda ha aumentado en Marbella, Zagaleta y Sotogrande, así como en Madrid. Seguir diseñando y construyendo estos proyectos es ya un sueño del que me siento agradecido a diario.

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