En la jerga baloncestística se suele emplear la palabra unicornio para referirse a un jugador alto, pero desconcertantemente versátil; un gigante con la finura y el toque reservados a competidores de menor estatura. Capaz de adueñarse del aro como el titán que la naturaleza hizo de él, pero también de driblar, pasar el balón mirando a la grada o tirar de tres. Un pívot con las manos y el cerebro de un base. Esta acepción del término fue acuñada en 2016 por Kevin Durant para referirse a Kristaps Porzingis (aunque el propio Durant responde perfectamente a la descripción) y el baloncesto moderno está alumbrando cada vez más jugadores de este perfil. Nombres como Karl-Anthony Towns, Chet Holmgren o –la cara emergente de la NBA– Víctor Wembanyama están relegando al olvido el papel tan concreto que el siglo XX obligó a asumir a los rascacielos del parqué, encajonados en la pintura y obligados a vivir de mates y rebotes. La ola mutante no entiende de fronteras geográficas y Mallorca es también paritorio de estos nuevos especímenes. Baba Miller, 22 años, ha empezado a demostrarlo en el arranque de la mejor liga del mundo.
Y no hay mejor manera de hacerlo que en tu casa, en el pabellón de Los Angeles Clippers, en la primera jornada de la liga, con victoria y un debut que dejó un mate salvaje que ya se ha vuelto viral. Con los jugadores de los Sacramento Kings como testigos directos y el clamor del estadio ante el primer estallido de furia del número 36 del Draft. Baba fue una elección de segunda ronda, un caladero de aguas profundas en el que a veces se pescan algunas joyas. Nicola Jokic o Jalen Brunson, sin ir más lejos, son buen ejemplo de ello. Puestos a seguir los pasos de alguien, Baba puede fijarse en iconos con los que va a compartir pista esta misma temporada.
Papa Ababacar ‘Baba’ Bartolomé Miller llegó al mundo el 7 de abril de 2004 en Palma de Mallorca. Hijo de padre senegalés y madre británica, desde joven ya destacó por unas condiciones físicas y técnicas inusuales: altura, longitud de brazos, movilidad y capacidad para participar en diferentes facetas del juego. Alejado de los limitados roles del típico interior. Hoy mide 2,11 metros de altura y 2,18 de envergadura.
Son datos que rematan la ficha técnica de un jugador destacado normalmente como pívot o ala-pívot –realmente sus posiciones más naturales– pero que puede ampliar su rango posicional despistando a propios y ajenos. También en su propia franquicia. «Baba es un alero atlético y habilidoso, con gran envergadura y buen sentido del juego. Es un excelente pasador, finalizador y reboteador, además de un defensor versátil», afirmó Lawrence Frank, presidente de operaciones de baloncesto de los Clippers después de confirmarse su adquisición. La publicación de Sports Ilustrated también se refirió a él como alero durante su etapa en Florida State. En la NBA actual, la polivalencia es un valor de marca cada vez más presente, pero también más requerido.
Miller llegó a la cantera del Real Madrid con solo 12 años, después de meter sus primeras canastas en Mallorca. Sus entrenadores en la isla dicen de él que ya entonces mostraba un talento especial, el típico de los superdotados de este deporte. Durante su estancia en la capital pasó por los diferentes equipos de formación del club blanco antes de debutar en la Euroliga con 17 años. De ahí daría el salto en 2022 a la NCAA, la liga universitaria estadounidense. Pasó por Florida State, Florida Atlantic y, finalmente, Cincinnati, donde dio el estirón definitivo: líder de rebotes de la conferencia y el mejor jugador del equipo sin discusión como mayor anotador, reboteador y asistente. Una marca que nadie conseguía desde que lo hiciera un tal Oscar Robertson hace casi 70 años. Entre sus asignaturas pendientes queda el tiro exterior.



Su debut en la NBA ante los Kings el pasado jueves saldó con 4 puntos, 5 rebotes, 5 asistencias y un +14 para su equipo durante el tiempo que estuvo en la cancha. «Es una gran oportunidad y depende mucho de lo que hagamos con ella. Eso va a determinar lo bueno que vamos a ser en el futuro. Tenemos mucho que demostrar, pero es un gran paso hacia el futuro», comentó Miller tras el anuncio de su elección por los Clippers en un Draft en el que se colaron dos españoles más: Aday Mara (otro unicornio, a Oklahoma City Thunder) y Sergio Larrea (Dallas Mavericks).
Baba llega a un equipo que prácticamente empieza de cero esta temporada. La huida a Toronto de su estrella Kawhi Leonard deja mucha tierra en la que empezar a sembrar. Otro volver a intentarlo para una franquicia acostumbrada a vivir a la sombra de los Lakers en una ciudad que respira baloncesto. No tiene pinta de que vayan a jugar playoffs en 2027, pero eso lo convierte en un terreno idóneo para el desarrollo de los talentos emergentes. Sin la presión por competir al máximo nivel, el equipo puede concentrarse en dar minutos a promesas como Miller mientras espera tiempos mejores. Y todo el mundo sabe que los unicornios necesitan vivir en libertad.
Construir a través del Draft, crecer moldeando el futuro. El eterno retorno a una fase cíclica por la que pasan todos los equipos y en la que ahora se halla inmersa una franquicia que todavía alza el mentón para mirar al otro equipo de la ciudad, pero que sigue empeñada en empezar a escribir su propia historia. El nuevo pabellón, estrenado hace un par de años, es un principio. Solo hay un problema: los Clippers se han quedado sin elecciones de Draft para los próximos cinco años después de las sanciones –que incluyen multas millonarias y la suspensión del dueño del equipo, Steve Ballmer– por los pagos irregulares a Leonard. Ese es el complicado contexto en el que acaba de aterrizar Baba Miller. Mucho trabajo por hacer, en definitiva, pero a la vez mucho espacio para crecer. Y a día de hoy nadie tiene idea de cuál es el límite para un unicornio nacido en Mallorca.

