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El mar inspira la renovación de este clásico de la gastronomía portuguesa

El estudio Ding Dong renueva Marinheiro, un restaurante familiar de Póvoa de Varzim, con más de cuatro décadas de historia, entre maderas, latón y yeserías originales, sin renunciar a su mesa de pescado.

Marinheiro, un clásico renovado. FOTO: Ding Dong Studio / Helder Bento

Durante más de cuatro décadas, Marinheiro ha formado parte de la vida de Póvoa de Varzim, en la costa norte de Portugal, justo al norte de Oporto. Fundado en los años ochenta y siempre en manos de la misma familia, el restaurante es de esas direcciones que existen al margen de las modas y que generaciones de vecinos conocen de memoria. Ahora, tras una renovación firmada por el estudio portugués Ding Dong, estrena interiores sin romper con su pasado. Y lo hace en una casa donde el pescado y el marisco siguen mandando.

Panelado de madera con ojos de buey de latón y celosías, que envuelve una de las mesas del comedor. FOTO: Helder Bento

La familia propietaria encargó a Ding Dong repensar el espacio, pero con una premisa clara: no hacer tabla rasa. «No queríamos borrar lo que la gente recordaba como Marinheiro. El restaurante ya tenía una identidad muy fuerte (desde su carácter ochentero hasta su relación con el mar). Nuestro objetivo era tomar esos elementos y darles una nueva vida, en lugar de sustituirlos», explica Michael Miranda, director creativo del estudio.

El reto consistía en dotar al local de una energía nueva y hacerlo atractivo para un público más joven y cosmopolita, sin perder los rasgos que lo han hecho reconocible durante tanto tiempo. El carácter ochentero del restaurante se convirtió así en un punto de partida inesperado, reinterpretado con una paleta de materiales más rica, un color más atrevido y una composición más contemporánea.

Madera, latón y color

La madera es la protagonista de todo el comedor: aporta calidez y conecta de inmediato con el carácter marítimo del lugar. El latón añade un toque sutil de nostalgia y artesanía, mientras que los colores saturados y una combinación ecléctica de estampados dan al interior una personalidad lúdica y actual. El resultado se sitúa, de forma deliberada, entre lo familiar y lo sorprendente.

Entre los detalles más significativos hay elementos que no son nuevos. Ding Dong decidió conservar y reutilizar varias piezas de yeso de la decoración original, que lejos de tratarse como vestigios anticuados se han integrado en el nuevo interior para que queden a la vista huellas de la vida anterior del restaurante.

Marinheiro, un clásico renovado. FOTO: Ding Dong Studio / Helder Bento

El barco, sentido más que explicado

La identidad náutica es igual de importante, pero Ding Dong evita la imaginería marinera literal. En su lugar, ha trasladado la idea de embarcación a la propia arquitectura: la estructura del restaurante se inspira en un navío y emplea madera, curvas y elementos espaciales para evocar la sensación de ir a bordo. Es, según el estudio, una referencia al mar que se siente más de lo que se explica, especialmente significativa en una localidad donde la pesca sigue siendo parte esencial de su identidad cultural.

Una carta fiel al producto

Esa vocación marinera ya se anuncia a la entrada, donde un expositor de pescados y mariscos recibe al comensal, según recoge la Guía Michelin, Porque si el diseño mira al mar, la cocina lo hace todavía más. Marinheiro mantiene una propuesta en la que la calidad y la frescura del producto son la prioridad, acompañadas de un servicio que la guía califica de excelente. En la carta figuran platos como la açorda de marisco, diversos arroces, pescados a la parrilla y el bacalao a la marinera. Tampoco faltan las opciones de carne, como el cabrito a nuestra manera o la picanha.

Información práctic

Marinheiro está en Rua Gomes de Amorim 1842, en Póvoa de Varzim (4490-091).

Abre todos los días, de 12:00 a 15:00 y de 19:00 a 23:00.

El establecimiento gestiona sus propias reservas, por lo que hay que contactar directamente con el restaurante.

La Guía Michelin resume su atractivo en que «realmente merece la pena visitar». El estudio Ding Dong, por su parte, define el proyecto como «menos una reinvención que una evolución».

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