Forbes Summit

Las conclusiones de Forbes Economic Summit 2026: de la demografía a la productividad, de la vivienda a la crisis en Ceuta

Inés Olóndriz, Soledad Núñez, Luis Maroto, Demetrio Carceller, Marga Prohens y Juan Jesús Vivas, entre las voces que han puesto cifras y palabras a los grandes retos de España durante cuatro días de conversaciones en Forbes House.

Cuatro días de encuentro, cerca de 20 horas de conversación, alrededor de 50 ponentes y una decena de moderadores, en unas 20 conversaciones que sumaron más de 1.000 minutos de debate económico. Los números del Forbes Economic Summit 2026 impresionan por su dimensión, pero los nombres de sus protagonistas impactan por su relevancia.

Y entre ellos, Juan Jesús Vivas, presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, que fue el encargado de clausurar cuatro días de conversaciones sobre el presente y el futuro de España. Su intervención, una de las más esperadas del Summit, estuvo inevitablemente marcada por la situación que atraviesa Ceuta tras la entrada masiva de personas en julio. Vivas describió una ciudad que, en sus palabras, ha quedado profundamente alterada: “Ceuta es una ciudad herida”. Durante su conversación con Ignacio Quintana, CEO de Forbes España, reclamó un plan concreto para recuperar la normalidad y advirtió de la tensión que vive la ciudad: “Vivimos en estos momentos en una olla a presión que por cualquier circunstancia, en cualquier momento puede estallar”.

Pero el presidente ceutí quiso también trasladar un mensaje de resistencia. “Los ceutíes no se van a rendir, que Ceuta no se va a entregar”, afirmó, antes de reivindicar la dimensión nacional y europea del territorio: “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende, Ceuta es España”. Su última petición fue precisamente recuperar una normalidad que permita a la ciudad volver a mirar hacia adelante: “Queremos seguridad, estabilidad y progreso para poder dormir tranquilos y generar riqueza y bienestar”.

También en la última jornada, Marga Prohens, presidenta del Govern de Illes Balears, y Alfonso Rueda, presidente de la Xunta de Galicia, abordaron dos realidades territoriales diferentes pero unidas por algunos de los grandes retos del crecimiento. El debate pasó por el turismo, la vivienda, los servicios públicos, la población y la necesidad de encontrar un modelo de desarrollo que tenga en cuenta los límites de cada territorio. Prohens puso especialmente el foco en Baleares y en la necesidad de dejar atrás la lógica de medir el éxito únicamente por el número de visitantes: “No podemos seguir midiendo el éxito en superar el récord de turistas”. Rueda, por su parte, defendió el papel de Galicia como territorio capaz de atraer inversión y actividad industrial, en una conversación que volvió a poner sobre la mesa la importancia de equilibrar crecimiento económico y calidad de vida.

Un país que crecerá, pero que tendrá que aprender a envejecer

La primera gran advertencia llegó de la mano de Inés Olóndriz, presidenta de la AIReF, que puso cifras a una transformación que condicionará buena parte de las próximas décadas. España podría pasar de 49 millones de habitantes a casi 53 millones en 2050, principalmente por la inmigración, pero lo hará con una población mucho más envejecida. La esperanza de vida al nacer alcanzaría los 87 años y la tasa de dependencia aumentaría de alrededor del 30% al 40%.

El reto, por tanto, no será simplemente crecer. También será financiar ese crecimiento y mantener el Estado del bienestar. Olóndriz resumió la cuestión en una frase: “La sostenibilidad no consiste simplemente en gastar menos, como tampoco el bienestar significa cada vez gastar más”. Según sus estimaciones, aproximadamente un tercio del crecimiento futuro podría proceder de una mayor participación laboral, menor desempleo y aumento de población; los otros dos tercios tendrán que llegar de la productividad.

Y ahí apareció una de las palabras más repetidas durante el Summit: productividad.

Productividad, tamaño y una empresa que necesita crecer

Demetrio Carceller, presidente de Disa Corporación y presidente ejecutivo de Damm, puso el foco en una cuestión especialmente relevante para el tejido empresarial español: la escala. “O tienes tamaño o no te dan cartas en las mesas correctas”, afirmó durante su conversación con Ignacio Quintana.

Para Carceller, tamaño, productividad y visión de largo plazo forman una misma ecuación. Pero productividad no significa competir únicamente por costes. “No debemos obsesionarnos con los costes, sino con el valor añadido de nuestros productos”, defendió. Una idea que conecta con una de las conclusiones que recorrieron buena parte de las jornadas: España no necesita únicamente más empresas, sino empresas capaces de crecer, invertir, innovar y competir internacionalmente.

La inteligencia artificial apareció en ese escenario como una oportunidad, pero también como una incógnita. Carceller lo resumió con una frase que despertó una sonrisa en Forbes House: “La IA sabemos que es artificial, pero todavía no sabemos si es inteligencia”.

La vivienda: el otro gran cuello de botella

Si la productividad fue uno de los grandes conceptos del Summit, la vivienda fue uno de los problemas más concretos. Soledad Núñez, subgobernadora del Banco de España, advirtió de que desde 2021 se ha acumulado un déficit estimado de unas 750.000 viviendas, que podría aumentar en otras 300.000 entre 2026 y 2028, acercando el desfase al millón de viviendas.

Núñez situó esta presión en un contexto económico que, pese a mostrar fortalezas, mantiene algunos desequilibrios. “La economía española va mejor que Europa pero la inflación va peor”, señaló. Al mismo tiempo, descartó equiparar la situación actual con la crisis financiera de 2008: los estándares hipotecarios son más prudentes, el endeudamiento de los hogares está por debajo de la media de la eurozona y la banca mantiene elevados niveles de solvencia y liquidez.

La vivienda terminó así formando parte de una ecuación más amplia: si España gana población pero no aumenta suficientemente su capacidad para construir hogares, infraestructuras y servicios, parte de ese crecimiento puede traducirse en nuevas tensiones.

Tecnología para competir, pero también para hacer mejor las cosas

La tecnología atravesó las cuatro jornadas prácticamente de principio a fin. Y Luis Maroto, consejero delegado de Amadeus, puso sobre la mesa una idea especialmente útil para entender esa transformación: la tecnología puede ser decisiva aunque el usuario apenas la perciba.

“La tecnología es un medio. Nadie se acuerda cuando hace un viaje de la tecnología que ha utilizado. Lo que se acuerda es de la experiencia que ha tenido en el viaje”, explicó.

Amadeus destina 1.400 millones de euros anuales a I+D y cuenta con un 95% de empleados ingenieros, según los datos compartidos por Maroto. La inteligencia artificial, la biometría y el intercambio de información entre aerolíneas, aeropuertos, hoteles y administraciones forman parte de una transformación cuyo objetivo último, según defendió, es hacer el viaje más sencillo: “El gran reto es acelerar y facilitar”.

La misma lógica apareció en la industria, la energía, las telecomunicaciones y las finanzas: la tecnología puede multiplicar las capacidades de una economía, pero necesita talento, inversión, infraestructuras y un marco que permita ejecutarla.

Cuatro días después, una misma pregunta

Desde la primera jornada, dedicada al nuevo orden económico y geopolítico, hasta el cierre con Ceuta, el Summit ha ido cambiando de escenario pero no tanto de pregunta. China, industria, energía, inteligencia artificial, vivienda, turismo, salud, pensiones, financiación o demografía son problemas diferentes, pero todos terminan conectados por una misma cuestión: cómo conseguir que España convierta sus capacidades en prosperidad.

La respuesta que dejan cuatro días de conversaciones no cabe en una sola medida. Pasa por aumentar la productividad, facilitar que las empresas crezcan, movilizar inversión, formar talento, construir vivienda, reforzar infraestructuras, aprovechar la tecnología y gestionar el crecimiento de los territorios sin perder de vista las condiciones de vida de quienes los habitan.

Y, al final, por recuperar algo tan básico como la normalidad.

Juan Jesús Vivas quiso cerrar el Summit mirando precisamente hacia ese futuro. “A pesar de tener el alma en vilo y el corazón encogido… la próxima vez que venga, venga para decir: hemos vuelto a la normalidad, Ceuta inicia un camino de prosperidad como nunca antes había conocido Ceuta”, afirmó.

Después de cuatro días, quizá esa sea una de las ideas que mejor resume el propósito del encuentro: hablar del futuro no solo consiste en anticipar lo que viene, sino en decidir cómo convertir los retos actuales en oportunidades de crecimiento y bienestar.

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